Valencina de la Concepción es una de las poblaciones más antiguas de occidente. Su cercanía al río y su elevación propiciaron que en la Edad del Cobre se establecieran aquí numerosos asentamientos. Situada a 8 km de la capital y al norte de la comarca del Aljarafe, cuenta con un entorno natural reconocido como paraje sobresaliente en el Plan Especial de Protección del Medio Físico. Este pueblo, que ronda los 8 mil habitantes, se ha consolidado como el epicentro de una de las historias gastronómicas más notables de la región: el Restaurante Savoro. Lo que en su día fue la transformación de un antiguo mesón en un espacio de tapas creativas, hoy es una referencia culinaria que mantiene intacto su pulso y su frescura. Lejos de las previsibles carnes a la brasa, montaditos de pringá o gambas al ajillo, Sergio y Carlos Toscano siguen apostando por una propuesta original y cuidada que ha convertido aquel bar de pueblo en un restaurante capaz de atraer comensales de dentro y fuera de la localidad, trascendiendo con creces su entorno. El nombre “Savoro” surge de la unión de “sabor” con el sufijo “-voro”, que significa “que se alimenta de”.
El chef Sergio Toscano se formó en la Fundación Cruzcampo y amplió su preparación en el Basque Culinary Center, con experiencia en cocinas de renombre como las de Martín Berasategui y el Celler de Can Roca. Su trayectoria incluye pasos por establecimientos emblemáticos como Casa Gerardo (Asturias) y Es Fun (Mallorca). En Sevilla, fue jefe de cocina en Casa Alta. A su lado está su primo Carlos, hostelero con amplia experiencia en destacados locales de la comarca y actual responsable de la Bodeguita La Iguala, en Valencina. Juntos han transformado un antiguo mesón en un punto de referencia gastronómico que celebra la riqueza culinaria de la tierra. Savoro apuesta por una estética cálida y contemporánea, con un gran salón diáfano donde predominan los tonos tierra, el mobiliario negro de líneas minimalistas y una iluminación envolvente creada por lámparas de fibras naturales. La decoración combina un aire moderno y elegante con detalles orgánicos y vegetación integrada en el espacio, generando una atmósfera tranquila y acogedora. Las mesas, amplias y cuidadosamente vestidas, conviven con estanterías decorativas que dividen el comedor sin romper la sensación de amplitud. Todo el conjunto transmite una imagen sobria, actual y muy pensada, alineada con la nueva identidad del restaurante. La cocina, visible desde el salón, aporta cercanía y transparencia, permitiendo al cliente ver el ritmo y el trabajo del equipo en cada servicio. En el exterior, la amplia terraza se convierte en uno de los grandes atractivos del espacio, con más de quince veladores, es ideal para disfrutar durante las noches de verano.
“Verea es un camino pequeño en el campo. Nuestro restaurante sigue ese camino por Andalucía: producto, memoria y cocina contemporánea.” Con esa idea como punto de partida, Savoro ha dado un paso adelante y ha cambiado el enfoque de gastrobar a restaurante, apostando por una propuesta más madura, cuidada y centrada en una cocina andaluza contemporánea con identidad propia. La carta arranca con entrantes que mezclan tradición y creatividad, como la gilda XL de boquerones con gel de vermouth Lustau (3,5 €), la sardina marinada con dados de tomate al ajillo (12 €/4 unidades), el ajoblanco de almendra frita, apio y manzana verde (12 €), o la ensaladilla de mojama con cebolla caramelizada y piparras (13 €). También destacan los airbags con tartar de salchichón ibérico y emulsión de miel-mostaza (10,2 €), la terrina de foie con compota de manzana y canela (18 €), las croquetas de jamón ibérico y leche de oveja (8 €/4 unidades), el taco gaditano con tortillita de camarón, pipirrana y chicharrón de Cádiz (10 €/2 unidades), y la alcachofa confitada con velouté de puchero y jamón salteado (14 €). En pescados, la propuesta gana nivel con platos como el bacalao frito con emulsión de escabeche cítrico (14 €), el calamar de potera asado en salsa verde de manzanilla de Sanlúcar (18,5 €), los langostinos al horno con salsa americana de manteca colorá (16,5 €) o la corvina con crema de coliflor esparragá (14 €). La sección de carnes mantiene la línea de cocina elaborada y con producto, con opciones como el canelón de pollo con croutons al romero y salsa de pepitoria (12,5 €), la presa ibérica al horno con parmentier especiada (21 €), el royal de carrillada con salsa de foie y puré de apionabo (15 €) y el arroz seco campero de ibéricos y setas (28 €). Para terminar, los postres siguen la misma filosofía, con elaboraciones como la manzana confitada con helado de limón y torta Inés Rosales (6,5 €), el chocolate con crema de galletas al ron y aceite de oliva (6,5 €), el arroz con leche cremoso con naranja y azahar (6,5 €) o la torrija caramelizada con crema de poleá (6,5 €).
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| Cocina | Bodega | Servicio | Ambiente | Precio |
| 5 | 4 | 5 | 4 | 5 |





