Los bajos fondos de la Sevilla del siglo XVI estaban poblados por pícaros, buscavidas y personajes al margen que encontraban en el bullicio del puerto una forma de subsistir. Ese espíritu, libre y mestizo, sirve hoy de inspiración a Malandro, uno de los proyectos gastronómicos más singulares de la ciudad, que tras más de un año de trayectoria se ha consolidado como una de las direcciones imprescindibles del nuevo mapa sevillano. Ubicado frente a la Real Maestranza de Caballería, en pleno Arenal, Malandro no es solo un restaurante, sino un espacio concebido como una experiencia global. Un mismo origen, una misma filosofía y un mismo equipo dan forma a un concepto que se despliega en distintos niveles, permitiendo al comensal elegir cómo y cuándo disfrutarlo. En sus más de 800 metros cuadrados conviven tres propuestas diferenciadas: un bar de nueva generación con acento andaluz en la planta baja, un asador contemporáneo en la primera planta y un mirador en la azotea que invita a alargar la experiencia entre cócteles y vistas privilegiadas.
Tras este tiempo de rodaje, el proyecto ha evolucionado con una actualización de su propuesta gastronómica que refuerza su identidad. En la planta baja, la barra sigue siendo el corazón del espacio: dinámica, cercana y pensada para el tapeo. Aquí conviven clásicos de la casa con nuevas incorporaciones como las ostras al natural, junto a una selección cuidada de ibéricos de bellota, molletes y brioches tostados en parrilla o platos que reinterpretan el recetario popular desde una mirada actual. El protagonismo absoluto recae en la primera planta, donde el asador marca el ritmo. La brasa se convierte en lenguaje y técnica, con una propuesta centrada en el producto y su tratamiento al fuego. A la ya sólida selección de carnes nacionales e internacionales, con cortes procedentes de Argentina que llegan semanalmente, se suma ahora la incorporación de las piezas de José Gordón, de El Capricho, consideradas entre las mejores del mundo. La oferta se completa con cortes de cerdo ibérico de bellota con DOP Jabugo, pescados salvajes de mercado y verduras de temporada, todos ellos trabajados con precisión sobre las brasas. El recorrido gastronómico encuentra su cierre en una renovada propuesta dulce, liderada por la pastelera Ana Blecua. Su cocina, de base contemporánea pero con guiños a la tradición, introduce elaboraciones que aportan frescura y personalidad al conjunto, consolidando así una experiencia más completa y coherente. La bodega, con más de 200 referencias, acompaña con solvencia este planteamiento, combinando grandes nombres nacionales e internacionales con especial atención a los vinos generosos, en sintonía con el carácter del proyecto.
Malandro encuentra uno de sus grandes valores en el cuidado y ambicioso planteamiento estético del espacio. El interiorismo, firmado por Pablo Roig, se despliega como un ejercicio de coherencia donde cada elemento construye una atmósfera envolvente que evoluciona según la planta y el momento del día. Lejos de ser uniforme, el espacio propone un recorrido sensorial con identidades diferenciadas: una planta baja dinámica y social en torno a la barra, donde destacan las maderas, los metales y una iluminación que acompaña el ritmo del servicio. A medida que se asciende, el ambiente se vuelve más pausado y sofisticado. En la primera planta, tonos cálidos, sillones de cuero, tapices y azulejos cobrizos configuran un entorno elegante, reforzado por elementos como la chimenea y las vasijas de barro, en un equilibrio entre tradición y contemporaneidad. El nivel de detalle es constante, con piezas cuidadosamente seleccionadas que dialogan entre lo artesanal y lo actual, mientras que la intervención artística de Jaime Abaurre aporta personalidad con un lenguaje minimalista. La experiencia culmina en la azotea, donde el espacio se abre al exterior y adopta un carácter más ligero y social, ideal para disfrutar de copas y cócteles con vistas privilegiadas a la Maestranza.
En conjunto, Malandro demuestra una clara intención de ir más allá de lo gastronómico, construyendo un espacio donde diseño, arquitectura y experiencia conviven en equilibrio. Un lugar que se adapta al comensal, que cambia con las horas y que consigue algo cada vez más difícil: ofrecer distintas sensaciones dentro de un mismo escenario sin perder identidad. En un contexto en el que proliferan conceptos repetidos y fórmulas previsibles, Malandro se posiciona como una alternativa con personalidad propia: un espacio versátil, dinámico y bien ejecutado que entiende la gastronomía como un todo, cocina, entorno y experiencia, y que invita a volver, porque siempre ofrece una forma distinta de disfrutarlo.
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| Cocina | Bodega | Servicio | Ambiente | Precio |
| 4 | 5 | 4 | 5 | 4 |
| Nota: Puntuación sobre 5 como valor máximo | ||||





