Casa Mikva

Calle Santa María la Blanca, Casco Antiguo, 41004 Sevilla
Teléfono: 669 17 80 33

En pleno centro de Sevilla, frente a la iglesia de Santa María la Blanca, Casa Mikva se presenta como uno de esos proyectos gastronómicos que solo pueden entenderse desde el lugar que los acoge. El restaurante ocupa un edificio histórico rehabilitado con paciencia y respeto, un espacio donde la cocina no se impone al continente, sino que dialoga con él. Bajo sus cimientos se conservan los restos de unas antiguas mikvas judías, levantadas a su vez sobre baños árabes, y ese pasado estratificado se convierte en el verdadero punto de partida del proyecto. No como reclamo escénico, sino como hilo conductor de una propuesta que entiende la gastronomía como una forma de narrar la ciudad. Al frente de Casa Mikva están Alfonso Benigno y Emilio Romero, con experiencia previa en la escena gastronómica sevillana, junto a Hani Ouatfeh Ramírez, socio y gerente del proyecto, impulsor de una iniciativa nacida desde una implicación personal y emocional con el barrio y su patrimonio. Esa mirada se traduce en una carta construida tras más de un año de pruebas, pensada para encajar con el espacio y con la historia que lo envuelve. La propuesta articula su identidad en torno a las tres culturas que dieron forma a Sevilla, andalusí, sefardí y cristiana, sin caer en el discurso grandilocuente ni en el efectismo. En cocina, el equipo interpreta ese legado desde el producto y el recetario, con una propuesta reconocible, pensada para compartir y con especial atención a los guisos, los arroces y las elaboraciones de fondo tradicional. Casa Mikva no pretende reinventar Sevilla ni convertir la memoria en espectáculo, sino cocinarla con respeto y coherencia, demostrando que la gastronomía puede ser también una forma honesta de preservar la historia viva de la ciudad.

La decoración de Casa Mikva convierte el propio edificio en parte esencial de la experiencia, haciendo que el espacio dialogue constantemente con la propuesta gastronómica. El restaurante ocupa el inmueble completo y se despliega en varias plantas que invitan a descubrirlo sin prisas, casi como si se tratara de un recorrido narrativo. En la planta inferior, el patio central cubierto por una montera de cristal, actúa como un corazón luminoso que baña de luz natural los muros claros, la piedra y las maderas, creando una atmósfera serena y acogedora, acompañada por un salón adicional donde la barra introduce un punto más informal. Desde ahí, el descenso al sótano revela uno de los espacios más singulares: las antiguas mikvas, conservadas con respeto, con bóvedas, piedra vista y lucernarios que generan un ambiente íntimo y profundamente evocador, cargado de memoria histórica. En contraste, la planta superior acoge el comedor principal, donde la elegancia se construye a partir de materiales nobles: mesas de mármol negro, vajilla clásica de La Cartuja, techos artesonados de madera y paredes de ladrillo visto con mortero, todo ello equilibrado por una iluminación cálida. Presidiendo este nivel, un gran mural con un árbol mediterráneo y tres pájaros simboliza la convivencia de culturas que inspira el proyecto y vertebra visualmente el conjunto. Por encima, un salón privado aún por abrir ofrece vistas privilegiadas a Santa María la Blanca y al palacio de Altamira, mientras que la terraza que rodea la cúpula culmina el edificio como un mirador tranquilo. En conjunto, Casa Mikva se presenta como un lugar donde arquitectura, historia y decoración avanzan al unísono, reforzando la sensación de estar en una casa con alma más que en un simple restaurante.

Durante más de un año de pruebas y ajustes, Casa Mikva ha dado forma a una carta amplia y coherente, pensada no solo como un conjunto de platos, sino como una prolongación natural del edificio que la acoge. Un mismo lenguaje hecho de herencia, mestizaje y respeto por la memoria gastronómica de Sevilla. La experiencia comienza de manera sencilla, con pequeños caprichos para abrir boca, aceitunas, almendras o verduras marinadas, en torno a 2–3 €, que preparan el paladar para una propuesta que gana complejidad. Los entrantes combinan clásicos reconocibles, como la ensaladilla o las croquetas (entre 4,50 y 9 €), con platos donde se reconoce con más claridad la influencia sefardí y árabe, como el tabulé, el hummus o las ensaladas de legumbres y verduras asadas, que se mueven en una franja de 10 a 15 €. Los arroces y guisos, pensados para compartir y ocupar el centro de la mesa, refuerzan la idea de cocina reposada, con precios por persona que rondan los 21–23 €, mientras que los guisos tradicionales y platos de cuchara se sitúan entre los 4,50 y los 14 €. En el apartado de pescados y carnes, la carta ofrece desde elaboraciones más ligeras hasta platos principales de mayor entidad, con precios que oscilan aproximadamente entre los 18 y los 29 €, manteniendo siempre un equilibrio entre producto, técnica y tradición. La sección vegetal, con propuestas como puerros gratinados, shakshuka o coliflor crujiente, se mueve en torno a los 6–12 €, subrayando el protagonismo del producto de temporada. El recorrido se cierra con una selección de postres artesanales, reinterpretaciones de clásicos andaluces y dulces más contemporáneos, con precios en torno a los 7–8 €. Por las mañanas, la propuesta de desayunos y brunch mantiene la coherencia del proyecto, con bollería y bizcochos desde 2,50 €, tostadas elaboradas entre 5 y 11 €, platos de huevos en torno a los 8–11 € y bowls dulces que rondan los 5–8 €. Una carta pensada para acompañar al espacio y adaptarse a distintos momentos del día sin perder identidad.

Tras la visita, la sensación es clara: Casa Mikva es uno de esos proyectos que marcan el pulso gastronómico del año en Sevilla. Hay coherencia entre el continente y el contenido, entre el relato histórico y lo que llega al plato, algo poco habitual y difícil de lograr. Se percibe trabajo, tiempo y una idea bien pensada detrás de cada decisión, desde el espacio hasta la carta. Casa Mikva acierta al huir del ruido y del efectismo para construir una propuesta sólida, reconocible y con personalidad propia, capaz de emocionar sin artificios. Es un restaurante al que se va a comer bien, pero también a entender mejor la ciudad y su memoria culinaria. Por todo ello, se sitúa entre las aperturas más interesantes del año y en uno de esos lugares destinados a consolidarse. Si os interesa la gastronomía con sentido, el producto bien tratado y los proyectos que respetan lo que pisan, Casa Mikva os va a encantar.

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