Calle Zaragoza, 18, Casco Antiguo, 41001 Sevilla
Teléfono 633583365
El nuevo Eterno abre etapa en pleno casco antiguo, en la calle Zaragoza. Un movimiento que se siente natural tras su paso por San José de la Rinconada y el barrio de Santa Cruz. No es una apertura pensada para el escaparate, sino una decisión meditada, casi vital, que sitúa al proyecto en el lugar donde mejor puede expresar lo que es y lo que quiere ser. Instalarse en el corazón de la ciudad probablemente sea lo mejor que le podía pasar tanto al restaurante como a su chef. Aquí, en la calle Zaragoza, el entorno marca otra cadencia: el ritmo invita a detenerse y quien llega lo hace con una actitud más reposada y curiosa. A diferencia de Santa Cruz, donde predomina el visitante de paso, en esta ubicación el público es mayoritariamente sevillano, más habitual que turista, y eso transforma la experiencia. Eterno se presenta así como un restaurante pequeño, contenido, apenas 22 plazas, que huye de la grandilocuencia para centrarse en lo esencial: cocina, producto y experiencia. No hay exceso ni ruido, sino una escala humana que favorece la concentración en el plato y en los detalles. Este formato íntimo refuerza su identidad, permite un mayor control del servicio y estrecha la relación entre sala y cocina. No es una limitación, sino una virtud.
Natural de Brenes, José Luis Pastrana pertenece a una generación de cocineros andaluces que miran atrás para avanzar. Formado en la Escuela de Hostelería de Sevilla, su trayectoria incluye etapas exigentes como chef ejecutivo del Grupo Orca y pasos por casas como La Botica (Jarandilla de la Vera), Cortijo Torrepavas en la Hospedería Finca La Estacada, Salvador Rojo, Rocala (Grupo La Raza) o Balbuena y Huertas. La experiencia se traslada a un espacio de líneas limpias y materiales naturales, donde la madera es protagonista y aporta calidez desde el primer momento. Mesas robustas, bancos corridos y sillas de fibras naturales dialogan con paredes blancas, algunas de ladrillo visto, que refuerzan la sensación de sencillez cuidada. La iluminación, suave y envolvente, nace de lámparas colgantes de fibras trenzadas que tamizan la luz y proyectan una atmósfera íntima. El local se organiza en dos pequeños comedores conectados visualmente; uno de ellos se abre a la cocina vista, ordenada e impecable, donde el acero y la cerámica blanca contrastan con la madera y aportan un aire contemporáneo. Los detalles, estanterías con cristal limpio y alineado, vajilla sobria, una pizarra discreta en la pared, refuerzan esa estética honesta y serena. El resultado es un entorno acogedor, equilibrado y luminoso, pensado para que la atención se centre en la mesa y en el producto, sin distracciones innecesarias.
La cocina de Pastrana es técnica y emocional a partes iguales. Bases clásicas, fondos, guisos, jugos y salsas cocinadas a fuego lento, reinterpretadas desde una mirada contemporánea sin perder el sabor reconocible ni el vínculo con el producto andaluz, “Sabores tatuados en la memoria”. Su propuesta es introspectiva, conectada con la infancia, el territorio y los productores locales. La carta, particularmente reducida, es rotatoria y estacional, abierta a evolucionar y mantener viva esa conversación entre tradición y modernidad. Comienza con ostra y salicornia (5,50€/ud), fresca y elegante; ensaladilla de atún mechado (9,50€); salpicón de langostinos y mejillones (8,50€) y foie macerado en casa con guiso de higos (9,50€). Continúa con su guiso de tomate, gamba y bollo preñao de yema (11,50€, extra 2,00€); ravioli de pringá y su caldito del puchero (7,50€) y langostinos en manteca colorá (15,50€). Entre los principales destacan el arroz de pato y foie a la piedra (19,00€); lomo de venado macerado en hierbas (21,00€); lingote de cerdo a baja temperatura con migas (19,50€); lomo de corvina con crema castellana (21,00€) y bacalao con guiso de espinacas y su majao (21,00€). Para terminar, cremoso de tocino de cielo (6,50€) o galleta y Nutella (6,50€).
Nos gusta, y mucho, el nuevo formato elegido por Eterno. Un local pequeño, manejable, pensado con inteligencia para convertirse en un restaurante de cocina de nivel en pleno centro. Aquí no hay artificio ni improvisación: cada gesto cuenta y cada plato llega con intención. Tras explorar la provincia y otros barrios, la llegada a la calle Zaragoza sitúa a Eterno en el lugar donde mejor puede brillar: un entorno que dialoga de forma natural con una cocina que mira al pasado para construir futuro. El resultado es un restaurante con alma andaluza, técnica de autor y una claridad de ideas poco frecuente. Una apertura sólida, coherente y necesaria para el centro de Sevilla. Les deseamos toda la suerte del mundo en esta nueva etapa.
















