Pirriake Abacería

Calle Alhondiga, 19 41003 Sevilla

Las abacerías forman parte esencial de la identidad gastronómica de Sevilla. Más que restaurantes al uso, son espacios donde la tradición se mantiene viva a través de una forma muy particular de entender el tapeo: productos sencillos, buenas conservas, chacinas, quesos y algunos guisos caseros que se disfrutan casi siempre de pie o alrededor de una mesa alta. Aunque no suelen ofrecer una cocina elaborada ni una carta gastronómica de gran complejidad, siguen siendo uno de los formatos más queridos por los sevillanos. Su éxito radica en algo mucho más importante que la sofisticación culinaria: el ambiente, la cercanía, la cultura del vino y la cerveza bien tirada, y esa sensación de barrio que convierte cada visita en un momento social. Por eso, a pesar de su propuesta aparentemente sencilla, las abacerías siguen llenándose día tras día y continúan siendo una parada imprescindible para entender cómo se vive y se come realmente en Sevilla. Abierta en octubre del pasado año, Pirriake es una de las últimas incorporaciones al mundo abacería de la capital.

La decoración de Pirriake Abacería combina la estética de las tabernas sevillanas tradicionales con un diseño actual y luminoso. El espacio se organiza alrededor de una barra larga de madera sobre ladrillo visto, acompañada de taburetes de metal negro y madera que invitan al tapeo informal. Detrás de la barra, una gran estantería de madera llena de botellas de vino funciona como elemento protagonista del local. La iluminación cálida de lámparas industriales colgantes y el uso de ladrillo colocado en espiga aportan un ambiente acogedor, mientras que detalles de cerámica y azulejos recuerdan a la tradición andaluza. Todo ello crea un espacio sencillo pero con personalidad, donde la estética acompaña a la experiencia de abacería sin restarle protagonismo al ambiente de barra. Una escenografía que consigue algo muy sevillano: un espacio sencillo, luminoso y con personalidad, donde la estética acompaña a la experiencia de tapeo sin robarle protagonismo.

La carta es la clásica de una abacería, donde conviven conservas, salazones, chacinas ibéricas, quesos, guisos tradicionales y pequeños montaditos pensados para acompañar vino, cerveza o vermut en un ambiente informal de barra. Opciones como las Aceitunas (2,50€), gildas (3€), almendras (2,50€), tomate aliñado (6,50€), papas aliñadas (3,50€ la tapa / 7€ ración), chicharrón de Cádiz (5,50€), tortilla (3,50€), ensaladilla de gambas (3,80€ la tapa / 7,50€ ración), huevos de maruca (3,50€), mojama (4,50€), boquerones en vinagre (3€), anchoas (7€), mejillones XL en conserva (5€), gambones al ajillo (8€), croquetas variadas (4€ la tapa / 8€ ración), jamón 100% ibérico de bellota (desde unos 18€ la ración), salchichón ibérico (3,50€), caña de lomo (4€), tabla de ibéricos (alrededor de 16€), quesos como Don Apolonio (3,50€), Olavidia (5€), queso azul (3,50€), queso payoyo (5€) o la tabla de quesos (unos 15€). Guisos caseros como la carrillada (4€ la tapa / 8€ ración) o las espinacas con garbanzos (3,50€ la tapa / 7€ ración). Montaditos como melva y pimiento morrón (4€), gambilla (4€), solomillo con queso viejo y jamón (4,50€), chicharrón con queso azul (4€), además de carnes como solomillo (alrededor de 12€). Todo ello acompañado de bebidas típicas de barra: caña (1,80€), cortada (2,30€), sin alcohol (2,50€), radler (3€), vinos andaluces como blanco de Barbadillo o frizzante (desde unos 3,50€), manzanilla (3€), tintos de Rioja o Ribera del Duero (3,50€) o vermut (4–5€).

En definitiva, Pirriake no pretende deslumbrar con una cocina espectacular ni con elaboraciones complejas. Su valor está en otra parte: en esa sensación de estar como en casa, rodeado de parroquianos, de conversaciones que suben un poco más de volumen de lo habitual y de ese bullicio tan reconocible que, casi sin darte cuenta, te recuerda que estás en Sevilla. Aquí la comida acompaña, pero lo verdaderamente importante es el ambiente: la barra, el vino, el tapeo sencillo y la cercanía. Es el tipo de lugar que conserva el sello de nuestros bares más auténticos, esos que forman parte del día a día de la ciudad y donde lo esencial no es sorprender, sino hacer que quieras volver.

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