Avenida de la Filosofía, 32, Local 2, 41927 Mairena del Aljarafe
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En el nuevo bulevar de Mairena del Aljarafe, entre edificios recientes y el ir y venir de los vecinos, hay un pequeño local que en apenas cinco meses ya ha vivido su propia transformación. Se llama La Costeña, aunque no siempre fue como es hoy. Cuando abrió sus puertas lo hizo como Cafetería Churrería La Costeña. La idea era sencilla y muy sevillana: madrugar, encender el aceite y llenar las mañanas del barrio con el olor de los churros recién hechos. Al frente estaba José Antonio, un churrero onubense que lleva 25 años viviendo en Sevilla y que conoce bien ese ritual de cafés, desayunos rápidos y papelones de churros. Pero los barrios también tienen su propio ritmo. Con el paso de las semanas vieron que los churros no tenían la acogida esperada y decidieron hacer algo más difícil que insistir: escuchar al barrio y adaptarse. Hace apenas dos meses tomaron una decisión que cambiaría el rumbo del local. Donde antes solo había desayunos, se encendieron los fogones y la cafetería comenzó a transformarse en bar restaurante. Ahí entra en escena Ada, colombiana de Santa Marta, una ciudad del Caribe donde la cocina forma parte de la vida cotidiana y de cuyas raíces nace el nombre de La Costeña. Tras cuatro años trabajando en cocinas de Sevilla, ahora tiene por primera vez su propio espacio. Mientras José Antonio esta al frente de la sala, Ada dirige los fogones y empieza a construir la identidad gastronómica del local. Así, entre la experiencia de uno y la ilusión de la otra, La Costeña se ha reinventado en muy poco tiempo.
El local es alargado y luminoso, con una decoración sencilla pero pensada para que resulte agradable. Predominan los tonos cálidos de la madera en las mesas y la barra, combinados con paredes claras y detalles vegetales. Hay varias plantas decorativas, y aunque son artificiales, ayudan a darle un aire más acogedor, junto a lámparas de fibras naturales que aportan una luz cálida y un ambiente bastante tranquilo. La barra, revestida con piezas cerámicas en tonos tierra, se convierte en uno de los puntos centrales del espacio. Detrás, las estanterías con botellas y copas le dan ese aspecto clásico de bar, mientras que las mesas, repartidas a lo largo del local, invitan tanto a desayunar como a sentarse con calma a comer. Uno de los puntos fuertes del sitio son los ventanales que da directamente al exterior. Desde dentro se ve un pequeño parque infantil justo enfrente, algo que hace que el lugar tenga bastante vida. De hecho, eso también se nota en la terraza: es un espacio agradable donde muchas familias disfrutan mientras los niños juegan en el parque. En conjunto, La Costeña busca un ambiente cómodo y cercano, de esos sitios donde uno se siente a gusto para tomar algo sin prisas.
La cocina de La Costeña se puede definir como una cocina mestiza, de bar de barrio, donde se encuentran Andalucía y el Caribe colombiano. No es una propuesta gastronómica complicada ni de alta cocina, sino una carta pensada para comer bien, compartir y disfrutar de sabores reconocibles, pero con algunos giros interesantes. Desayunos variados y combinables al gusto del cliente, con una amplia carta de tostadas donde elegir base e ingredientes, aceite, tomate, jamón, pavo, mechá, quesos, aguacate o salmón, que suelen moverse entre 2 y 4,5 euros con café incluido. A partir de ahí la carta navega entre tapas clásicas andaluzas como choco, chipirones, un serranito a tener en cuenta, montaditos, huevos rotos, pavía de merluza o langostinos, lagrimitas de pollo, churrasco de cerdo o pollo, carne con tomate, crujiente de carrillada, croquetas de gambas o flamenquín de pollo con queso cabrales, con tapas que rondan normalmente entre los 3,5 y 7 euros según el plato. Junto a ellas aparece una parte muy marcada de cocina colombiana, con platos como bandeja del campo (10-12 €), mini bandeja paisa (7-9 €), salchipapa costeña (6-7 €), chicharrón con arepa (5-6 €), patacón con carne picá (6-8 €), empanadas de pollo o ternera (2-3 € unidad), sancocho de costilla de res o el arroz de coco con dorada. Todo ello acompañado de zumos tropicales de mora, guayaba, maracuyá, guanábana o mango en leche, que suelen rondar los 3-4 euros, y con algunas fusiones propias de la casa, como la arepa de pringá con aguacate y huevo de codorniz, que resume bastante bien el espíritu del local.
Hoy, La Costeña es el resultado de esa mezcla: la experiencia de José Antonio tras la barra y la cocina de Ada al frente de los fogones. Dos caminos distintos que se cruzan en un mismo proyecto y que han terminado dando forma a algo nuevo en el barrio. Porque a veces los proyectos no salen exactamente como se pensaron al principio. Pero si hay paciencia, oído para escuchar y ganas de trabajar, pueden terminar encontrando un rumbo incluso más interesante del que se había imaginado. En este caso, ese rumbo tiene sabor a fusión: la cocina colombiana que Ada trae desde Santa Marta y la tradición andaluza que forma parte del día a día de José Antonio y del propio barrio. Una mezcla natural entre dos culturas gastronómicas que comparten algo esencial: el gusto por los platos sabrosos, las mesas largas y los bares con vida. Y en esa unión entre Colombia y Andalucía, La Costeña empieza a construir su identidad. Una combinación que, sobre el papel, parece difícil que falle. Para más infomacion podéis entrar en su web https://lacosteña.com/


















