Restaurante Casa Ribera

Los restaurantes de hotel han dejado de ser, desde hace tiempo, espacios pensados únicamente para quienes se alojan en ellos. En ciudades como Sevilla, algunos juegan además con una ventaja difícil de igualar: ocupar las plantas más altas de edificios abiertos hacia el Guadalquivir y convertir las vistas en parte de la experiencia gastronómica. Comer frente al río, contemplar cómo cambia la ciudad a medida que cae la tarde o sentarse a cenar con su perfil monumental iluminado aporta un atractivo que va mucho más allá de lo que sucede en el plato. Es precisamente esa combinación de cocina, arquitectura, altura y paisaje la que explota Casa Ribera, el restaurante situado en la quinta planta del Hotel Ribera de Triana. Su posición permite observar Sevilla desde una perspectiva diferente, con el Guadalquivir en primer plano y una panorámica que recorre algunos de los perfiles más reconocibles de la ciudad. La luz natural tiene aquí un papel fundamental durante el día, mientras que el atardecer transforma progresivamente el espacio y prepara el escenario para las cenas. La propuesta no está reservada a los huéspedes del hotel: Casa Ribera está abierto también al público general, reforzando esa tendencia que convierte los restaurantes hoteleros en destinos gastronómicos con identidad propia. A ello se suma Level 5th, el espacio de copas situado en esta misma zona elevada del hotel, donde cócteles y otras bebidas permiten prolongar la visita después de la mesa. El conjunto se completa con terraza, solárium y diferentes áreas que pueden acoger celebraciones y eventos privados. Casa Ribera aprovecha así uno de los grandes privilegios de los hoteles situados junto al río: mirar Sevilla desde arriba mientras el Guadalquivir y la ciudad se convierten en parte del restaurante.

Estamos en una de las localizaciones más privilegiadas de Sevilla. El espacio aprovecha su altura y sus grandes ventanales para convertir las vistas sobre el Guadalquivir y el perfil monumental de la ciudad en parte esencial de la experiencia. Desde la terraza, la panorámica se abre hacia el río, el puente de Triana y algunos de los perfiles más reconocibles del casco histórico, ofreciendo una perspectiva especialmente atractiva al atardecer. El interior combina maderas, tonos cálidos, celosías de inspiración geométrica y grandes lámparas negras con un mobiliario contemporáneo y elegante. Un gran olivo articula buena parte de la sala y aporta un marcado carácter mediterráneo, reforzado por una iluminación indirecta que crea diferentes ambientes a lo largo del día. Los grandes ventanales permiten que la luz natural domine durante las horas diurnas, mientras que al caer la noche el espacio adquiere un tono mucho más íntimo y sofisticado. La decoración busca precisamente ese equilibrio entre elegancia y comodidad, sin restar protagonismo a unas vistas que funcionan como el gran elemento escenográfico del restaurante. Mesas bien espaciadas, vegetación, materiales naturales y una cuidada iluminación completan un conjunto pensado tanto para disfrutar de una comida tranquila como para alargar la sobremesa. La terraza termina de redondear la propuesta: un auténtico mirador sobre Sevilla en el que el paisaje cambia con las horas y se convierte, inevitablemente, en parte de la experiencia.

Al frente de la cocina se encuentra Sergio Gaitán, responsable de una carta de inspiración andaluza y mediterránea que apuesta por sabores reconocibles, producto de temporada, raciones generosas y algunos planteamientos más contemporáneos. La experiencia puede adoptar además distintos formatos, desde un almuerzo hasta una cena más pausada o una copa contemplando la ciudad. Entre los entrantes encontramos el Jamón Ibérico de Bellota con pan de cristal y tomate rallado, 100 g por 24 €; el surtido de quesos con nueces garrapiñadas, 20 €; el surtido de croquetas, 17 €; la ensaladilla de chicharrones, 17 €; la ensalada de tomate azul y atún, 16 €; el pulpo con crema de boletus, 20 €; la ensalada de pastrami con vinagreta de dátiles, 19 €; y unos huevos rotos con carabinero y patata trufada, 23 €. Los arroces, servidos para dos personas, permiten elegir entre el arroz de marisco, 45 €, y el arroz de ibéricos con lomo bajo, 47 €. En el apartado de pescados y carnes aparecen la suprema de lubina con puré de remolacha y alcachofas al ajillo, 24 €; el salmón bourbon con fideos marinera, 22 €; la presa al estilo moruno sobre patatas arrugás y mojo picón, 25 €; el lomo bajo de ternera con patatas Ruffles de jamón, a 10 € los 100 g; y el cachopo de ternera, 26 €. Para terminar, la parte dulce incluye el tiramisú estilo Casa Ribera con helado de vainilla Brownie, 9 €; el surtido de helados, 7 €; la tarta de queso al horno con crema de Lotus acompañada de helado de pistacho, 7,50 €; la tarta Muerte por Chocolate, 8,50 €; y la ensalada de frutas de temporada, 7 €. Servicio de pan y cubierto 2’00€.

Casa Ribera es uno de esos restaurantes en los que la experiencia va bastante más allá de la cocina. La propuesta gastronómica resulta correcta, reconocible y pensada para agradar a un público amplio, aunque probablemente no sea por sí sola el principal motivo para elegirlo entre la extensa oferta de Sevilla. Aquí el verdadero elemento diferencial está al otro lado de los ventanales y, especialmente, en la terraza: las vistas valen prácticamente la mitad de la cena. Su ubicación regala una panorámica magnífica del Guadalquivir y del perfil monumental de Sevilla, especialmente bonita cuando comienza a caer el sol y la ciudad cambia de luz. Es entonces cuando el restaurante muestra su mejor versión y adquiere un ambiente tranquilo, elegante y decididamente romántico. Por eso, más que buscar únicamente una gran experiencia gastronómica, Casa Ribera merece la pena por el conjunto. Es un lugar especialmente recomendable para una cena en pareja, una celebración o simplemente para quienes quieran contemplar Sevilla desde una perspectiva diferente mientras cenan sin prisas. Si se puede elegir, conviene reservar coincidiendo con el atardecer: empezar con el río todavía iluminado, ver cómo se enciende poco a poco la ciudad y terminar la noche con una copa frente a Sevilla es, probablemente, la mejor manera de entender el atractivo de Casa Ribera.

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