Calle Virgen de Valle 4, 41011 Sevilla
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En un entorno donde el bar de barrio forma parte del día a día, con cervecerías de mesas altas y ese tapeo informal que tanto gusta a los sevillanos, Cholo Group ha logrado asentarse entendiendo a la perfección el ritmo y las costumbres de Los Remedios. Sus locales responden a esa lógica: ritmo ágil, producto reconocible y una forma de consumir muy ligada al aperitivo. Pero con Morrocotudo hay un cambio de enfoque, una evolución natural. La idea es ir un paso más allá: no solo comer bien, sino generar un espacio donde también tenga sentido sentarse, alargar la sobremesa y compartir con más calma. Un planteamiento que conecta con modelos muy presentes en otras ciudades, pero todavía poco habituales en Sevilla. Aquí, la experiencia no termina en el plato, sino que continúa en ese tiempo posterior, con un ambiente cuidado y una interesante barra de coctelería. Ese salto se apoya, además, en una intención clara: trabajar con cocina de mercado y producto de temporada como eje de la propuesta. Morrocotudo funciona como un espacio híbrido: mantiene una parte más desenfadada, fiel al espíritu de bar del grupo, pero incorpora una dimensión más gastronómica, donde el producto marca el discurso y la temporalidad define la carta. En el fondo, lo que hace Cholo Group es reinterpretar Los Remedios desde dentro. Entender cómo se vive el barrio, rápido, social, muy de calle, y sumarle una nueva capa: más flexible, más completa y con un punto de ambición que no es muy habitual en la zona.
Quien conociera Botavino reconoce de inmediato la estructura. La barra longitudinal sigue siendo el eje vertebrador del espacio, con la misma distribución abierta hacia sala y cocina, y esa primera línea de fuego donde ocurre casi todo. Pero Morrocotudo ha sabido reinterpretarla con bastante inteligencia, llevándola a un terreno más actual y cálido. La barra gana protagonismo visual con ese frente de listones de madera iluminados en cálido, que aporta profundidad y un punto escenográfico muy medido. Encima, la encimera de aspecto pétreo contrasta con lo orgánico de la madera, mientras que las copas suspendidas refuerzan esa sensación de orden, ritmo y oficio. No es solo estética: es lenguaje de bar bien entendido. En sala, el cambio es más sutil pero igual de importante. Se mantiene la distribución, pero se aligera el ambiente: mesas de madera clara, vajilla en tonos terrosos y una paleta de sillas tapizadas que mezcla beige, verde apagado y algún acento más vivo. Todo respira más. Hay una intención clara de hacer el espacio más amable, menos rígido, sin perder ese aire contemporáneo. La luz natural sigue siendo clave. Los grandes ventanales, herencia directa del anterior local, conectan el interior con la calle y aportan ese equilibrio entre lo urbano y lo acogedor. Aquí Morrocotudo no inventa nada nuevo, pero sí afina: más claridad, menos contraste duro, una iluminación más controlada. En conjunto, la sensación es de continuidad bien evolucionada. Morrocotudo no rompe con Botavino en lo estructural, pero sí en el tono: más pulido, más contemporáneo y, sobre todo, más coherente con una propuesta gastronómica que busca ser accesible sin renunciar a cierta ambición estética.
Una carta escueta pero bien afinada, donde cada propuesta tiene sentido, cocina de producto con base contemporánea, pensada para compartir y con elaboraciones que combinan técnica y sabor. Para empezar: Croquetas de coliflor con sashimi de atún y mayonesa de miso (8,50 €), Anchoa de Santoña 00 sobre tosta (3 €/ud), Hummus de remolacha con zanahoria al jerez (15,50 €), Lomito presa ibérica 100% bellota (media ración 16 €, ración 24 €), Queso Denominación de Origen (media ración 10 €, ración 15 €), Ostras Gillardeau XL (4,50 €/ud), Coquinas Morrocotudo (21 €). Del mar y la huerta: Gamba blanca de Huelva (25 €), Ceviche de temporada con helado de lima (17,50 €), Ventresca de atún con melocotón y remolacha (19,50 €) y Corvina al coco y lima (19 €). Para el fondo: Picaña sobre brasa de carbón de yuca (22 €) y Chuletón de vaca Dehesa Ibérica con vegetales y pesto verde (56 €). Y para terminar: Postre del día, Selección de quesos del día para 2.
Puede que, en un primer vistazo, Morrocotudo se sitúe en un rango de precio algo más elevado de lo habitual en la zona, pero también juega en otra liga. Aquí no solo se viene a tapear: se viene a quedarse. Es un espacio con recorrido, con distintas formas de disfrutarlo y con una propuesta que abre muchas posibilidades, desde una comida más informal hasta una sobremesa larga con coctelería. Un proyecto que apunta alto y que, precisamente por eso, aporta algo nuevo a Los Remedios. Un sitio interesante si estáis por la zona. Mucha suerte a todo el equipo.














