La Cucamona Bar – Terraza

Es indiscutible que «La Gioconda» es la obra más universal de Leonardo da Vinci, pero poca gente sabe que fue el historiador, pintor y escritor Giorgio Vasari quien, en el siglo XVI, aseguró que la identidad de la modelo de este célebre retrato era Lisa Gherardini, esposa de un mercader de sedas llamado Francesco del Giocondo. De ahí proceden los dos nombres con los que la pintura ha pasado a la historia. Por un lado, «La Gioconda», en referencia al apellido de su marido y también a ese carácter jubiloso, feliz o alegre que tradicionalmente se ha relacionado con su enigmática sonrisa. Por otro, «Mona Lisa», que vendría a significar simplemente «Señora Lisa», al proceder «mona» de la contracción italiana de «madonna». Esta emblemática imagen fue precisamente el punto de partida de Cucamona, un divertido juego de palabras con el que Gonzalo Soto y José Luis Acuña dieron forma hace tres años y medio a un concepto hostelero que comenzó en Los Bermejales y que ahora abre un nuevo capítulo en Sevilla. Cucamona cambia de barrio, de carta, pero no de filosofía. Tras estos años en Los Bermejales, el establecimiento se traslada a El Porvenir para instalarse en la calle Felipe II, ocupando el local que anteriormente albergó el restaurante Estragón. Una nueva ubicación para un proyecto ya consolidado que afronta esta mudanza como una evolución natural de su trayectoria, manteniendo la personalidad que lo ha acompañado desde sus comienzos y estrenando un espacio con el que inicia una nueva etapa.

El traslado se ha realizado prácticamente sin solución de continuidad, por lo que no ha habido tiempo para acometer una reforma interior. Cucamona ha heredado buena parte de la decoración del anterior Estragón y, al menos en esta primera etapa, ha optado por aprovechar el espacio tal y como se encontraba, incorporando algunos elementos propios que permiten reconocer rápidamente la identidad del establecimiento. El resultado es un local amplio y luminoso, con grandes ventanales y diferentes ambientes. La madera tiene un notable protagonismo en la barra, los pilares y algunos revestimientos, combinándose con techos negros de instalaciones vistas, grandes lámparas esféricas y un mobiliario en el que se alternan mesas de madera, sillas y sillones tapizados. En otra de las zonas aparecen paredes blancas con molduras, iluminación indirecta y sofás, elementos todos ellos procedentes de la anterior etapa del establecimiento. Sobre esta base, Cucamona ha comenzado a dejar su propia huella. Y para ello no podía faltar La Gioconda, cuya reproducción vuelve a ocupar un lugar destacado junto a la barra y sirve de inmediato nexo de unión con el restaurante de Los Bermejales. Uno de los grandes atractivos de la nueva ubicación está en el exterior. Su situación en la esquina de Felipe II con la calle Progreso permite a Cucamona disponer de una terraza con doce veladores, que amplía notablemente su capacidad interior y se convierte en uno de los principales alicientes de esta nueva etapa en El Porvenir.

La idea con la que nació Cucamona hace tres años y medio permanece intacta en esta nueva etapa: conseguir un restaurante donde reine la tapa. Una propuesta basada en una cocina reconocible y muy sevillana, con producto de aquí y algunos guiños más creativos y viajeros. Al frente de los fogones continúa Magda, jefa de cocina y socia del proyecto. El traslado a El Porvenir ha servido para renovar la carta sin perder algunos de los platos que ya forman parte de la identidad de Cucamona. Para empezar, los Preliminares reúnen clásicos como la ensaladilla cremosa de langostinos (4,50 €), las papas bravas con salsa asiática (4,50 €) o el tomate azul con gambas de cristal (12 €). Tampoco faltan unas buenas Chacinas, desde los torreznos de Soria (8 €) hasta la morcilla de Burgos con pan de cristal y pimientos del piquillo (3,80 € la tapa). Entre los platos con más personalidad siguen los fideos tostados thai con langostinos al ajillo y alioli (5 €). A ellos se suman propuestas como la empanadilla casera argentina de carne de ternera y verduras (4,50 €), los langostinos al ajillo con tomate frito casero (10 €), los tacos de merluza gratinados (6,80 €) o los mejillones en salsa marinera (11,80 €). Y para quienes buscan sabores más contundentes, permanecen el risotto de ibéricos con setas (5,20 €), los huevos rotos trufados con daditos de patata (13,80 €) o el canelón de carrillada ibérica con aroma de trufa (8,40 €). Las brasas tienen también un peso importante, con presa ibérica con crujiente de mostaza antigua y miel (6,80 €), solomillo al brandy (4,90 €) y lagartito ibérico con patatas fritas y mojo (6,50 €). La parte marinera mira directamente al Atlántico, con taco de atún mayokimchi (4,80 €), tartar de atún con kimchi y huevo frito (12 €) o carpaccio de pulpo a la gallega (20 €). La carta se completa con clásicos como la tortilla de camarones (2,80 €), el pechugá de pollo Villaroy (4,80 €), distintas croquetas caseras y opciones para los más pequeños. Y para terminar, postres como la mousse de limón (5,80 €), la tarta casera de chocolate (6,50 €), la tarta de queso (6,50 €) o la torrija de pan brioche con miel y helado de vainilla (6,50 €).

Más que empezar de cero, Cucamona traslada a El Porvenir todo lo aprendido durante sus tres años y medio en Los Bermejales. Pero el cambio de ubicación supone también enfrentarse a un escenario diferente. Los Bermejales tiene un marcado carácter de barrio, con una clientela en buena medida vecinal y una relación muy cercana con los establecimientos de la zona. En El Porvenir, más próximo al centro y con un ambiente mucho más urbano, el público se mueve de otra manera. Aquí el cliente no tiene por qué ser vecino, llega desde distintos puntos de la ciudad y, además, encuentra a pocos pasos una amplia oferta hostelera entre la que elegir. Eso eleva también el nivel de exigencia. Ya no basta únicamente con fidelizar al cliente del barrio: hay que convencer a un público con muchas alternativas alrededor. Cambia el entorno, cambia el local y se actualiza la carta, pero permanece aquello que ha definido a Cucamona desde sus comienzos: una casa en la que la tapa es protagonista y donde la tradición sevillana convive con pequeños guiños viajeros. Ese será probablemente el principal reto de esta nueva etapa: comprobar cómo responde un concepto nacido y consolidado en un barrio como Los Bermejales al ritmo más competitivo y urbano de El Porvenir. Los socios, eso sí, afrontan el cambio con muchos años de experiencia y con algo que no se consigue simplemente estrenando local: una identidad propia.

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