No todas las revoluciones miran hacia delante. Algunas consisten en volver exactamente al lugar del que nunca debimos alejarnos. En un momento en el que la restauración parece competir por sorprender constantemente, La Reme propone recordar cómo cocinaban nuestras abuelas, cómo sabían los platos de siempre y por qué la cocina tradicional sigue siendo capaz de emocionar. Es precisamente desde esa idea desde donde nace La Reme, el nuevo proyecto del Grupo Perro Viejo, que reinventa el antiguo local de Caníbal Burger, en Los Remedios, para reivindicar la cocina casera a través de un relato que se respira en cada detalle del restaurante. El nombre no es casual. La Reme es un guiño al barrio, pero también evoca inevitablemente a esa mujer que todos hemos conocido: una abuela, una madre o una tía que cocinaba sin recetas, con paciencia y con el conocimiento que solo da una vida entre fogones. Esa doble lectura convierte el nombre en el punto de partida de toda la identidad del restaurante. La Reme construye un universo propio que reivindica una forma de cocinar que parecía haber quedado relegada por las tendencias. En una época dominada por las modas gastronómicas y los conceptos efímeros, La Reme propone mirar hacia la tradición y la cocina hecha sin atajos. Donde hasta hace poco había una hamburguesería, símbolo de una de las tendencias más fuertes de los últimos años, ahora abre La Reme, un bar de tapeo clásico. El cambio resulta casi simbólico: después de años buscando nuevos conceptos, la novedad parece estar en volver a lo de siempre. Definitivamente, algo está cambiando.
El interiorismo de La Reme articula una estética contemporánea a partir de referencias reconocibles de la cultura doméstica y gastronómica andaluza. La propuesta se construye sobre una paleta cálida y contenida, con predominio de maderas oscuras, revestimientos cerámicos en tonos granates y una iluminación ambiental de temperatura cálida. El resultado actualiza el lenguaje del bar tradicional sin recurrir a una reproducción literal o excesivamente costumbrista. La distribución combina mesas convencionales con zonas de asiento alto y una barra concebida como uno de los principales focos visuales del establecimiento. La iluminación, mediante líneas verticales, proyectores y puntos de luz indirecta, se utiliza para jerarquizar paredes, barra y elementos gráficos, al tiempo que genera una atmósfera homogénea y favorece la profundidad visual del espacio. El proyecto incorpora además fotografías familiares, cartelería de inspiración popular y referencias a la iconografía andaluza se integran en las paredes como parte del propio sistema decorativo. Hacia el exterior, la terraza prolonga el carácter social del restaurante y funciona como un auténtico punto de encuentro. Más que un espacio complementario, actúa como antesala del local y contribuye a trasladar su identidad al espacio público, reforzando la relación entre el restaurante, el barrio y sus clientes. La decoración funciona así como una actualización del imaginario del bar andaluz: materiales tradicionales y memoria familiar conviven con soluciones de iluminación y mobiliario propias de un establecimiento de lenguaje actual.
La propuesta gastronómica de La Reme reivindica la cocina popular andaluza desde el espíritu de un bar de barrio pensado para compartir. El aperitivo arranca con vermú, limonada casera, sangría o spritz, junto a aceitunas, almendras fritas, patatas chips, lomo al Jerez o chicharrones de la casa, con precios desde 2 €. Las gildas se acompañan de patatas chips y cuestan entre 3 y 3,5 €. Los montaditos mantienen el recetario más reconocible del bar, con propuestas de chorizo picante y queso azul, Piripi, lomo, tomate en rodaja, bacón, queso y alioli, solomillo al whisky “El Mantecaíto” o pringá, entre 3,5 y 4 €. Entre los platos de la casa aparecen la ensaladilla clásica de langostinos, el salmorejo cordobés, las papas bravas al carbón con alioli, el tomate de la huerta con melva canutera, las zamburiñas, la flor de alcachofa confitada, la carrillada de cerdo ibérico, los muslitos y pinchitos de pollo, el solomillo de cerdo ibérico al whisky, el bacalao con tomate y la merluza en salsa verde con espinacas a la llama, con platos y raciones que llegan hasta los 18 €. La vertiente más casera se concentra en el “Cuchareo de La Reme”, con espinacas con garbanzos, guiso de garbanzos con langostinos, berza tradicional con menudo y sus avíos o pisto casero de verduras de temporada con huevo frito, con formatos desde 4 hasta 12,5 €. Del campo llegan la tortilla de patatas tradicional hecha al momento por 8 €, la versión al whisky por 9,5 € y los huevos fritos camperos con patatas y jamón ibérico de bellota por 14 €. Los fritos completan la propuesta con flamenquín de chicharrón de Cádiz, pimientos de Padrón, croquetas de jamón ibérico, tortillita de camarones, soldaditos de pavía de bacalao, lagrimitas de pollo BBQ y twister de langostinos, con opciones desde 3,5 €. Para terminar, la carta propone torrija de pan brioche al tiramisú con helado de panacota, torrija al estilo tarta de galleta con helado de vainilla y tarta de queso casera al horno, entre 6 y 7 €. La Reme también ofrece desayunos, con una amplia selección de tostadas y combinaciones clásicas, desde 3 € aproximadamente.
La bodega completa la propuesta con una cuidada selección de generosos andaluces desde 2,80 € la copa, junto a tintos, blancos, rosados y cava. La carta recorre denominaciones como Rioja, Ribera del Duero, Bierzo, Rueda, Rías Baixas y Málaga, con botellas entre 17 y 29 €, pensadas para acompañar una cocina de raíces tradicionales y sabores reconocibles. La Reme representa un cambio de ciclo. Después de años en los que la restauración ha competido por ofrecer el producto más llamativo o la propuesta más novedosa, este nuevo proyecto apuesta por reivindicar aquello que nunca pasó de moda: la cocina tradicional hecha con tiempo, el valor de las recetas heredadas y la emoción de sentarse a una mesa que sabe a casa. Más que un restaurante, La Reme es una declaración de principios. Un lugar donde la memoria se convierte en parte de la decoración, donde un personaje da sentido a toda la experiencia y donde cada fotografía, cada detalle y cada receta recuerdan que la mejor innovación, a veces, consiste simplemente en volver al origen. Suerte al equipo de Perro Viejo en esta nueva aventura. Gracias a Rafa de Gastromentor por ser un enorme profesional y un gran amigo.
