Cervecería Catalina

Avenida Eduardo Dato, 53, 41018 Sevilla
Teléfono: 955 14 15 58

Hablar hoy de Grupo Catalina es hacerlo de uno de los fenómenos gastronómicos más sólidos de Sevilla. Lo que comenzó como un proyecto impulsado por la pasión por la hostelería se ha convertido en un grupo que no deja de crecer, sumando establecimientos con personalidad propia, pero unidos por una misma filosofía: ofrecer una cocina reconocible, un servicio cuidado y espacios donde el cliente quiera quedarse. Detrás de esta evolución se encuentran Gonzalo Villalba y Albert Granados, dos profesionales que han sabido interpretar qué busca el público sevillano sin renunciar a una identidad propia. Cada nueva apertura mantiene esa esencia, adaptándose al entorno y al tipo de establecimiento, ya sea un restaurante, una cervecería o un bar gastronómico. Su crecimiento durante los últimos años ha sido constante, expandiéndose por algunos de los enclaves más representativos de la ciudad, demostrando una capacidad poco habitual para convertir cada nueva apertura en un acontecimiento gastronómico. Y lo mejor está todavía por llegar. Mientras escribo estas líneas, Grupo Catalina ultima uno de los proyectos más ambiciosos de su historia: el restaurante que ocupará la espectacular azotea del Proyecto Vera Sevilla, junto al Guadalquivir. Un espacio de grandes dimensiones, con una terraza panorámica con algunas de las mejores vistas de la ciudad. Todo apunta a que se convertirá en uno de los grandes referentes de la restauración sevillana antes incluso de abrir sus puertas. Ese crecimiento imparable no sería posible sin una fórmula que ha demostrado funcionar: buena materia prima, una cocina pensada para todos los públicos, una atención muy cuidada y locales diseñados para disfrutar de la experiencia. Precisamente esa filosofía es la que encontramos en La Cervecería Catalina, el establecimiento que hoy visitamos.

Ubicada en pleno corazón de Nervión, La Cervecería Catalina recupera el espíritu del bar de toda la vida, pero lo viste con una imagen contemporánea y muy cuidada. El establecimiento, inaugurado en febrero de 2024 en el antiguo emplazamiento de la cervecería Mr. Tritón, refleja a la perfección la filosofía de Grupo Catalina: espacios luminosos, cómodos y diseñados para disfrutar desde el primer café de la mañana hasta la última cerveza de la noche. Lo primero que llama la atención es su amplia terraza, una de las más agradables de la zona. Protegida por grandes toldos y rodeada del arbolado característico de la avenida, se convierte en un lugar perfecto para desayunar, tomar el aperitivo o disfrutar de una cena al aire libre. Es uno de esos espacios donde el barrio hace vida y donde resulta fácil entender por qué siempre hay ambiente. En el interior, el protagonismo recae sobre una gran barra central, auténtico corazón del establecimiento. Mármol, madera y cerámica se combinan en una decoración de líneas limpias y elegantes que recuerda a las grandes cervecerías clásicas, pero con un lenguaje completamente actual. Otro de los elementos más característicos es su inevitable vitrina de tapas, toda una declaración de intenciones. En ella se exhiben muchas de las propuestas que forman parte de la oferta diaria, recuperando esa costumbre tan sevillana de elegir con la vista antes incluso de sentarse a la mesa. Es un guiño al bar tradicional que encaja perfectamente con el concepto de la casa. La Cervecería Catalina no pretende reinventar el bar sevillano, sino ponerlo al día. El resultado es un espacio funcional, elegante y muy agradable, pensado para cualquier momento del día: desayunos, cañas, tapeo informal, comidas familiares o cenas entre amigos.

Si algo define su propuesta gastronómica es su apuesta por el recetario tradicional sevillano, enriquecido con pequeños guiños actuales y una materia prima de calidad. Una carta muy amplia, con más de setenta referencias, pensada para compartir, donde conviven los grandes clásicos del tapeo con elaboraciones algo más sofisticadas, pero siempre fáciles de disfrutar. Nada más entrar, la vitrina invita a empezar por algunos de esos imprescindibles que nunca fallan. La Ensaladilla Rusa (4,50 €), la Ensaladilla de Gambas (4,50 €), las Papas aliñás con ventresca de atún (4,50 €) o los boquerones en vinagre (6,50 €) son una excelente carta de presentación. También destacan las Gildas de la casa (3,75 €), la Tosta de sardina ahumada con queso Arzúa (4,75 €), los Huevos rellenos con gambas (4,50 €) o la Ostra Guillerdeau nº2, a un precio muy competitivo de 5,50 €. Los amantes del ibérico tienen además una sección dedicada a chacinas y quesos, con completas tablas para compartir. Para un tapeo más informal, la carta incorpora una interesante selección de montaditos y brioches. Uno de los grandes protagonistas es, sin duda, la freiduría, donde la tradición andaluza sigue muy presente. Croquetas de jamón de bellota, de pollo rustido o de cola de toro y trufa (6 €), choco frito (16 €), chipirones de playa, calamar de anzuelo, boquerones fritos o salmonetes forman una oferta que hará las delicias de quienes disfrutan del pescado bien frito. La cocina también ofrece platos elaborados al momento desde los fogones. Resultan especialmente apetecibles los mejillones a la marinera (14 €), las coquinas al fino Quinta (20 €), las almejas en salsa verde (18 €), las navajas a la plancha (20 €) o la gamba blanca a la plancha (18 €). Entre las especialidades de cocina destacan propuestas con más personalidad como la Alcachofa de Tudela con yema y jamón ibérico (20 €), el Bacalao confitado con tomate y espinacas (16 €), la Carrillera guisada al Pedro Ximénez (14 €), la Cola de toro con patatas fritas (16 €), la Presa ibérica de bellota al chimichurri (20 €), la Pluma ibérica al Cabrales (18 €), el Lomo bajo de vaca madurada (24 €) o el Solomillo de vaca al foie (20 €). Para terminar, la oferta de postres, con elaboraciones clásicas como la Tarta de queso, la Tarta de chocolate, la Tarta merengada de lima y dulce de leche o el Helado de mango y fruta de la pasión, todos ellos por 8 €.

La Cervecería Catalina es un espacio pensado para disfrutar a cualquier hora del día, donde el desayuno, el aperitivo, el almuerzo o la cena tienen cabida bajo una misma filosofía: buen producto, cocina reconocible y un servicio ágil que acompaña el ritmo de una auténtica cervecería. Su carta, amplia y variada, permite tanto improvisar un tapeo con unas cañas como sentarse a compartir platos más elaborados. Esa versatilidad, unida a la calidad de la cocina y al ambiente que se respira tanto en la barra como en la terraza, explica por qué se ha convertido en tan poco tiempo en uno de los locales de referencia de Nervión. Hay un detalle importante que conviene saber antes de ir: no admiten reservas. Funciona por orden de llegada y, especialmente los fines de semana o a la hora del aperitivo, es habitual encontrar el local completamente lleno. Mi consejo es claro: si quieres asegurarte una mesa, ve temprano, porque la rotación es constante y la demanda también. En una ciudad donde la oferta gastronómica no deja de crecer, La Cervecería Catalina ha conseguido hacerse un hueco por méritos propios. Para mí, es uno de los mejores sitios de Nervión para tapear, un lugar al que siempre apetece volver y que demuestra que Grupo Catalina sigue acertando con cada nuevo proyecto que pone en marcha.

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