La boca del fraile

Calle Sinai, 22, 41007 Sevilla
Teléfono: 689 62 78 39

Hay un refrán que dice que cuando alguien pide lo mejor, es porque «Le ha hecho la boca un fraile». Cuenta la leyenda que, hace siglos, por los caminos que unían la antigua Puerta de Santa Teresa con la calle Sinaí, paseaba un fraile tan singular como sibarita. No era conocido precisamente por sus madrugones ni por la severidad de la vida conventual. Lo suyo eran las escapadas en busca de la cerveza más fría, la chacina más noble y ese bocado capaz de detener cualquier conversación. Decían que tenía el paladar tan fino que nunca fallaba en sus recomendaciones. Con esa historia como inspiración, acaba de abrir sus puertas en la calle Sinaí un establecimiento que pretende recuperar ese espíritu disfrutón y exigente. La Boca del Fraile nace como un homenaje a quienes entienden que la buena gastronomía empieza por un excelente producto y continúa alrededor de una barra donde la conversación fluye con la misma naturalidad que el vino o una cerveza bien tirada. Detrás de este nuevo proyecto se encuentran Javier Cordón, empresario valenciano, y su esposa Mercedes Olivencia, dueños del afamado Restaurante Amorio; y Pepe Gallardo, bartender sevillano con una dilatada trayectoria internacional. Los tres comparten una misma filosofía: crear un espacio donde la calidad no necesite artificios, donde el producto sea el auténtico protagonista y donde cada visita invite a repetir.

Nada más cruzar la puerta queda claro que La Boca del Fraile ha querido recuperar el protagonismo de la barra, auténtico corazón del establecimiento. Un largo mostrador de madera recorre prácticamente todo el local, convirtiéndose en el eje sobre el que gira la experiencia gastronómica y reivindicando esa forma tan sevillana de disfrutar del aperitivo entre tapas, vinos y conversación. El interior apuesta por un diseño contemporáneo de líneas limpias, donde predominan los tonos neutros, los revestimientos cerámicos de inspiración artesanal y una iluminación cálida que aporta confort sin renunciar a la funcionalidad. La combinación del pavimento hidráulico con la madera natural y los bancos corridos tapizados en tonos cuero crea un ambiente acogedor, mientras que los grandes ventanales inundan el espacio de luz natural y conectan el interior con la vida de la calle. Las instalaciones vistas del techo, la iluminación sobre carriles y la ausencia de elementos decorativos superfluos aportan un discreto aire industrial, equilibrado por materiales cálidos y detalles cerámicos que recuerdan la tradición. El resultado es un local actual, elegante sin excesos y pensado para que el protagonismo recaiga siempre en el producto y en la barra. A ello se suma una amplia terraza, protegida por grandes toldos, que amplía considerablemente la capacidad del establecimiento y lo convierte en una opción especialmente atractiva durante buena parte del año. En conjunto, la reforma integral dirigida por el estudio Idem by Shops, capitaneado por Julio Reyes, huye tanto de la taberna castiza como del diseño impostado para ofrecer un espacio luminoso, cómodo y funcional, donde el ambiente invita a quedarse. Un lugar concebido para disfrutar sin prisas de una buena cerveza, una copa de vino y una cocina basada en el mejor producto, en perfecta sintonía con el espíritu de aquel fraile de «boca fina» que inspira su nombre.

La carta de La Boca del Fraile deja muy clara desde la primera página cuál es la filosofía del proyecto: producto andaluz bien seleccionado, recetas reconocibles y precios contenidos. El recorrido comienza por una excelente selección de ibéricos y curados, donde destaca el jamón de bellota 100 % ibérico (24 € los 100 gramos), acompañado de caña de lomo, presa ibérica, cecina de León reserva o mojama de almadraba con almendra frita. Uno de los apartados más originales es el de las gildas, auténticas protagonistas de la barra. Junto a la versión clásica de anchoa (2 €), aparecen interpretaciones con queso curado, pulpo, cecina o incluso un triple boquerón. Son bocados que se mueven entre los 2 y los 3 euros, ideales para empezar el aperitivo sin complicaciones. La barra sevillana recupera algunos de los imprescindibles de cualquier buen bar: ensaladilla de langostinos, papas aliñás con ventresca, salpicón de mariscos, tomate de Los Palacios aliñado, ajoblanco o un salmorejo tradicional que convive con una original versión de tinta de calamar con langostinos y gulas. La mayoría de estas tapas oscilan entre 3 y 4,50 euros, con posibilidad de media o ración en algunos casos. Especial atención merecen los panes de la casa, elaborados con pan artesano del Aljarafe. Aquí aparecen combinaciones muy apetecibles como la carrillada ibérica con queso ahumado, el bacalao confitado con mayonesa de ajo asado, la ventresca de almadraba con pimientos asados, la pringá sevillana o una carne mechá con cebolla frita y mayonesa de chorizo. Todos ellos se sitúan en una horquilla muy competitiva, entre 4,50 y 5 euros. La sección de tradición a fuego lento reúne platos de cuchara y recetas de toda la vida con un pequeño giro personal: albóndigas con toque de queso azul, solomillo al whisky, carrillada ibérica, huevo a la flamenca o queso asado con mojo verde y miel. Todos mantienen un precio único de 6 euros. El broche final llega con una carta de postres breve, pero suficiente, donde no faltan la tarta de quesos, el brownie con helado de caramelo salado, el coulant de chocolate o una apetecible carrot cake con crema de mascarpone y helado de avellana. Los precios se mueven entre 4,50 y 5 euros.

La carta de vinos apuesta por la calidad antes que por la cantidad, con una selección muy bien pensada para acompañar el tapeo. Junto a referencias de Rioja y Ribera del Duero, encontramos blancos de Godello, Albariño o Palomino, además de tintos de Bierzo, Toro o la Sierra Norte de Sevilla. Destaca especialmente la presencia de vinos generosos de Jerez y Sanlúcar, con finos, manzanillas y amontillados servidos por copas. Los precios, entre 3 y 5 euros la copa y 20 a 36 euros la botella, hacen que sea una propuesta atractiva tanto para descubrir nuevos vinos como para disfrutar de un buen maridaje. En conjunto, la carta transmite equilibrio y sentido común. Hay una apuesta decidida por el producto, el recetario tradicional y una política de precios que invita a pedir varios platos para compartir. Es una oferta pensada para disfrutar de una barra sin prisas, donde un aperitivo puede resolverse por poco más de 10 euros por persona, mientras que una comida completa, compartiendo varios platos, ronda fácilmente los 25-35 euros por comensal, dependiendo de la bebida y de si se añaden algunos de sus excelentes ibéricos. Después de pasar por La Boca del Fraile, la sensación es que no estamos ante una apertura más, sino ante uno de esos proyectos que llegan para quedarse. En un barrio con una arraigada cultura de tapeo tradicional, este proyecto consigue aportar aire fresco sin renunciar a la esencia de los bares de siempre. Su apuesta por el producto, una cocina reconocible, una bodega bien seleccionada y un local pensado para disfrutar sin prisas conforman una propuesta sólida y coherente. Todo invita a pensar que no tardará en hacerse un hueco entre las direcciones imprescindibles para quienes disfrutan de la buena tapa sevillana. Porque, al fin y al cabo, como reza en una de sus frases, todo lo bueno pasa en un bar.

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