Taberna La Liebre

En un pequeño tabanco de Los Palacios, donde el vino corría con la misma naturalidad que las conversaciones, entre aperos de labranza e historias compartidas, nació en 1988 La Liebre, el sueño de José Caballero Falcón. Aquel humilde establecimiento se convirtió pronto en punto de encuentro para vecinos y trabajadores del campo, que encontraban entre sus paredes mucho más que una copa de vino: un lugar donde detener el tiempo, intercambiar experiencias y fortalecer los lazos de una comunidad profundamente unida a sus raíces. Con el paso de los años, el testigo pasó a manos de Antonio Caballero y Patricia Ponce. Bajo su dirección, La Liebre inició una nueva etapa, evolucionando de aquel tradicional tabanco de vinos hacia una taberna donde las primeras tapas comenzaron a acompañar las tertulias de siempre. Sin renunciar a su esencia, el local fue creciendo y adaptándose a los nuevos tiempos. Hoy, la historia continúa escrita por la tercera generación de la familia: Antonio, Patricia y Adrián. Varias reformas han modernizado el espacio, dotándolo de mayor comodidad y funcionalidad, pero conservando intacto el carácter que décadas de vivencias han impregnado en cada rincón. La Liebre es, en la actualidad, mucho más que una taberna. Es un lugar donde tradición y gastronomía se dan la mano, ofreciendo desde los guisos que recuerdan a la cocina de siempre hasta elaboraciones más innovadoras y tapas gourmet que enriquecen una carta capaz de satisfacer tanto a quienes buscan los sabores de la memoria como a quienes desean descubrir nuevas propuestas.

Entrar en La Liebre es recorrer una historia contada a través de los espacios. Lejos de responder a una decoración uniforme, cada estancia posee una personalidad propia, concebida para transmitir sensaciones diferentes y adaptarse a las distintas formas de celebrar y compartir. La taberna conserva el alma de sus orígenes mediante una cuidada escenografía que rinde homenaje a la memoria colectiva de Los Palacios. Las paredes, cubiertas por fotografías antiguas, funcionan como un auténtico archivo visual donde se entrelazan escenas del trabajo agrícola, retratos familiares y momentos de la vida cotidiana del municipio. Cada imagen actúa como una ventana al pasado, recordando las raíces de una casa nacida al abrigo de las labores del campo. En marzo de 2003 se inauguró el Salón Caballero Ponce, fruto de la iniciativa de Patricia y José Antonio Caballero. Concebido para acoger grandes celebraciones y eventos multitudinarios, este espacio destaca por su amplitud y versatilidad, con capacidad para más de doscientos comensales. La reforma realizada en diciembre de 2018 permitió ampliar la zona destinada al público y actualizar su imagen, incorporando recursos decorativos contemporáneos sin perder el carácter acogedor y familiar que define a La Liebre. Ese mismo espíritu de renovación dio lugar, también en 2018, al Salón Vanguardia. Frente a la amplitud ceremonial del Caballero Ponce, este nuevo espacio apuesta por una atmósfera más íntima y reservada. Su diseño contemporáneo, marcado por líneas limpias, obras artísticas y ambientes diferenciados, crea un escenario pensado para encuentros privados, reuniones empresariales y celebraciones de menor formato. La distribución en espacios independientes favorece la privacidad de los asistentes y convierte cada evento en una experiencia personalizada. Así, la memoria de los antiguos tabancos, el legado familiar y las necesidades de la hostelería actual, conviven en una propuesta espacial que convierte cada visita en algo más que una inmersión en la historia viva de una familia y de todo un pueblo.

La oferta gastronómica de La Liebre es un fiel reflejo de la evolución que ha experimentado el establecimiento a lo largo de los años. Su carta mantiene una sólida base de cocina tradicional andaluza, con especial protagonismo para las carnes ibéricas, los guisos caseros, los arroces y las tapas que han acompañado a varias generaciones de clientes. Entre las propuestas más demandadas destacan el solomillo al whisky, al roquefort o con queso de cabra y cebolla caramelizada (desde 4,90 € la tapa), los lagartitos ibéricos (14,50 €), las croquetas caseras (desde 4,90 €), la ensaladilla rusa (5,95 €) o la carrillera ibérica en salsa (8 €). También sobresalen los arroces, una de las especialidades de la casa, con variedades que van desde el arroz cortijero (12 €) hasta el arroz seco de carabineros (26 €). Junto a estas recetas tradicionales, La Liebre ha sabido incorporar propuestas más innovadoras dentro de su sección gourmet, donde conviven platos como el pan bao de solomillo al whisky gratinado (4,95 €), el secreto con salsa yakiniku (9,50 €) o el risotto de ibéricos (7,95 €). Sin embargo, una de las mayores singularidades de la carta es su apuesta por la cocina oriental. Lo que comenzó como una propuesta diferente se ha consolidado como una de las señas de identidad más sorprendentes del establecimiento. La selección de uramakis y rolls japoneses incorpora ingredientes como salmón flameado, atún rojo, langostinos tempurizados o salsas asiáticas, con precios que oscilan entre los 12,50 y los 15 euros. A ello se suma una variada oferta de wok elaborados con fideos soba y diferentes acompañamientos, desde carnes ibéricas hasta langostinos, con precios comprendidos entre los 10 y los 14 euros. El resultado es una carta amplia y equilibrada que permite disfrutar tanto de los sabores más tradicionales de la cocina andaluza como de propuestas de inspiración internacional, ofreciendo una experiencia gastronómica capaz de satisfacer a públicos muy diversos.

Lo que nació como un modesto tabanco ligado al mundo agrícola, se ha convertido en un establecimiento amplio y versátil, manteniendo intacto el carácter cercano y familiar de sus orígenes. Esa autenticidad se refleja tanto en el ambiente como en una propuesta gastronómica basada en la cocina tradicional andaluza, donde destacan los guisos caseros, las carnes ibéricas, los arroces y las tapas clásicas elaboradas con productos de proximidad. La gran sorpresa de la carta es su apuesta por la cocina oriental, con una cuidada selección de sushi, uramakis y woks que convive con naturalidad junto a las recetas más tradicionales. Esta combinación aporta personalidad y distingue a La Liebre de otros establecimientos de su entorno, demostrando una interesante capacidad para incorporar nuevas tendencias sin perder su identidad. Aunque algunos comensales podrían preferir una propuesta más especializada, la amplitud de la oferta responde a la voluntad de satisfacer gustos muy diversos. En conjunto, La Liebre ofrece una cocina accesible, fiel a sus raíces pero abierta a la innovación, una fórmula que explica por qué continúa siendo uno de los referentes gastronómicos de Los Palacios.

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