La calle Marqués de Paradas suma una nueva propuesta gastronómica con la apertura de Casa Atienza, el proyecto con el que Juan López Luque y Raquel Olivera, responsables de La Gallega, amplían su presencia hostelera en esta zona del centro de Sevilla. El establecimiento nace con la intención de mantener la esencia que ha definido a La Gallega desde su apertura, aunque con más espacio y margen para desarrollar nuevas propuestas. El nombre de Casa Atienza conecta directamente el establecimiento con la historia de la propia calle. Hace referencia a Gaspar de Atienza y Ramírez-Tello de Valladares, marqués de Paradas y alcalde de Sevilla entre 1897 y 1898. Durante su mandato impulsó distintas actuaciones ligadas a la modernización de la ciudad, entre ellas mejoras en las comunicaciones entre Santa Cruz y el paseo de Catalina de Ribera, intervenciones en la calle O’Donnell y el desarrollo de infraestructuras vinculadas a la estación de Plaza de Armas. Esa referencia histórica sirve ahora como identidad para un proyecto que busca unir tradición sevillana, cocina y memoria del entorno. La apertura de Casa Atienza no supone, por el momento, el cierre de La Gallega. Ambos establecimientos continuarán funcionando de manera paralela, a pocos metros de distancia, consolidando así la presencia en Marqués de Paradas. La Gallega abrió en septiembre de 2019 y fue el punto de partida de una trayectoria que ahora crece con un segundo local de mayor capacidad y con posibilidades para ampliar tanto la oferta como el formato de servicio.
En lo estético, Casa Atienza apuesta por una imagen contemporánea, luminosa y cálida, con una decoración que mezcla guiños clásicos con elementos de inspiración más actual. La madera tiene un papel protagonista, tanto en las mesas como en los revestimientos del techo y en distintos detalles del mobiliario, y se combina con tonos neutros, paredes claras y una iluminación cálida que suaviza el conjunto. El salón principal se organiza con mesas de distintos tamaños y una larga zona de asiento corrido, mientras que las lámparas de fibras naturales y la presencia de plantas aportan un punto más informal y acogedor. En algunas paredes aparecen composiciones vegetales y, en otros rincones, cartelería de estética antigua vinculada a Sevilla, que introduce un matiz más tradicional sin recargar el espacio. La barra concentra buena parte de la personalidad visual del local. De líneas limpias y con iluminación integrada, se acompaña de una estantería abierta en la que se exhiben vinos y destilados, además de una zona de jamones y producto a la vista. Frente a ella, los taburetes permiten mantener ese formato de tapeo de barra tan reconocible, mientras que otros detalles, como una mesa alta elaborada a partir de una barrica de vino, refuerzan el carácter de bodega que también recoge el propio nombre del establecimiento.
En la cocina mantienen una propuesta muy reconocible, apoyada en el recetario tradicional, el tapeo y los guisos caseros, pero dejando espacio para platos algo más actuales y para una sección específica dedicada al atún rojo de almadraba. La carta se mueve en precios contenidos en buena parte de las tapas: las gildas de doble anchoa cuestan 2,80 euros, las croquetas caseras 3,50, el solomillo al whisky 4,80 y el mini brioche de cola de toro 4 euros. Entre las tapas selectas aparecen, por ejemplo, el huevo poché con parmentier trufado y crujiente de jamón, a 6,80 euros, o los raviolis crujientes rellenos de cola de toro, a 6 euros. El atún rojo de almadraba tiene un peso propio dentro de la oferta, con propuestas como la tosta de atún sobre hojaldre invertido y mayonesa de trufa, por 8 euros, el pincho moruno, a 5,50, o la ventresca de atún sobre salmorejo asado y ajo frito, por 22 euros. A esto se suman platos más clásicos y reconocibles, desde la pavía de bacalao frita, a 7,50 euros, hasta los chocos fritos, a 14,50, las carrilleras, a 12,50, o las costillas deshuesadas al oloroso, a 18 euros. La carta se completa con quesos, chacinas, ensaladas, pescados, carnes y postres caseros, manteniendo una estructura amplia que permite tanto ir de tapas como sentarse a comer de forma más completa. Entre los dulces aparecen la tarta de queso al horno y la tarta de naranja con almendras, ambas a 5,50 euros, el flan casero, a 4,50, y una torrija de brioche caramelizada al Baileys, por 7,50 euros.
Casa Atienza llega a Marqués de Paradas con una propuesta que mezcla memoria, cocina y vocación de barrio. Juan López y Raquel Olivera dan un paso más en su trayectoria con un espacio de mayor capacidad, una carta reconocible y una identidad muy ligada a Sevilla, tanto por el nombre como por los guiños históricos y estéticos que recorren el local. La apertura amplía además el radio de acción de La Gallega sin renunciar a la fórmula que les ha funcionado hasta ahora: producto, tapas, guisos y una cocina cercana, pensada tanto para una parada informal como para una comida más larga. Con Casa Atienza, se consolida su presencia en una calle que ya forma parte de su historia hostelera y suma una nueva dirección a tener en cuenta en el centro de Sevilla. Más que un segundo local, Casa Atienza se presenta como una evolución natural del proyecto: más posibilidades y la misma intención de cocinar con sabor reconocible. Una apertura que arranca con raíces en la tradición, pero con margen para crecer, probar y construir su propia personalidad desde el primer servicio.
