La hostelería sevillana vuelve a prestar atención a formatos que nunca terminaron de desaparecer: la cervecería, el bar de barrio y la barra como lugar de encuentro. Frente a propuestas más estructuradas, ganan terreno establecimientos en los que prima la espontaneidad, con cartas fáciles de recorrer, buen producto y platos pensados para acompañar una caña o compartir en la mesa. La creatividad sigue presente, pero expresada desde códigos más cotidianos y reconocibles. En esa dirección apunta el nuevo proyecto de José Manuel «Jota» Leirós. Tras consolidar Lola por Dios en la Alameda de Hércules, el hostelero traslada ahora parte de ese universo hasta la Puerta Real con Lola por Dios Cervecería de la Frontera, instalada en el espacio que durante años ocupó La Chalá. El cambio de escenario viene acompañado de una evolución del concepto. La nueva Lola reivindica el espíritu de las cervecerías tradicionales, la caña bien tirada, el tapeo, el producto y la conversación alrededor de la barra, y lo combina con la personalidad que caracteriza los proyectos de Leirós. No busca reproducir el bar de siempre, sino recuperar aquello que lo hacía funcionar y llevarlo a un lenguaje actual. El resultado supone también una nueva etapa para un local con historia en la ciudad. Donde estuvo La Chalá nace ahora una cervecería con identidad propia que mira hacia una forma de hostelería más informal y cercana.
Lola por Dios Cervecería mantiene una estética reinterpretada desde una imagen sencilla, fresca y muy reconocible. El azul intenso es el gran protagonista y funciona como hilo conductor entre fachada, interior y terraza, combinado con blanco, madera natural y pequeños detalles de aire tradicional. En el interior, la barra larga revestida de azulejo blanco con remates azules marca el carácter del espacio, acompañada de taburetes altos, mesas ligeras y un mobiliario funcional pensado para favorecer el movimiento y el tapeo informal. Aunque faltan detalles, la intención no es construir un local excesivamente decorado, sino conservar esa sensación directa y auténtica de cervecería: barra, cerveza fría, tapas y calle. La luminosidad es otro elemento fundamental. Los grandes huecos abiertos hacia la plaza permiten que interior y exterior estén visualmente conectados, reforzando una atmósfera abierta y desenfadada. Sobre esa base se incorpora la identidad de Lola por Dios, con una gráfica de inspiración popular y marinera que aporte personalidad sin perder la sencillez propia de este tipo de establecimientos. Uno de los grandes atractivos es su amplia terraza en la plaza de la Puerta Real, concebida casi como una prolongación natural del local. Bajo los árboles y los grandes parasoles, Lola por Dios quiere recuperar ese ritual tan sevillano de sentarse al aire libre, pedir una cerveza y alargar el tapeo sin prisas. El resultado busca ser una cervecería popular, luminosa y sin artificios, integrada en la vida cotidiana de la plaza y reconocible desde el primer vistazo por su combinación de azul y blanco.
La carta parte del lenguaje reconocible de una cervecería marinera, pero juega con él para construir una propuesta personal, desenfadada y contemporánea. La idea es sencilla: producto del mar, formatos populares y platos pensados para compartir, con precios que permiten pedir varias cosas y alargar el tapeo. Los imprescindibles de barra sirven como punto de partida. Hay gildas clásicas de anchoa (3 €), gilda de boquerón y codorniz (3 €), pepito de pringá y queso ahumado (6,50 €), croquetas de gambas (4,60 €), gambas en gabardina (5/10 €), pavía de bacalao (6/12 €) o tortillita de camarones (3,50 €). También aparecen ensaladillas con un punto menos convencional, como la de atún crudo (5,50 €), además de bocados como las empanadillas de pulpo o de cerdo al oloroso. El pescado se lleva deliberadamente a terrenos asociados a una cocina más callejera: Tallarines de choco asado (8,50 €) o el mantecao de atún (6,50 €). Para compartir algo más contundente aparecen platos como los huevos rotos con patatas y tartar de atún (15 €), tortilla en salsa jerezana de ajos confitados (8,50 €), ensalada de tomate aliñado (8,50 €) o tabla de quesos (12 €). El resultado es una cocina fácil de entender, divertida y muy de barra, concebida para pedir al centro y acompañar con cerveza fría.
La inspiración de Jota está en esos bares de pescado del litoral de Cádiz y Huelva, territorios fronterizos por naturaleza, donde el Atlántico se mezcla con la cultura de tierra adentro y donde la cocina ha aprendido históricamente a moverse entre orillas, pueblos y tradiciones. Son barras sin demasiados protocolos, de cerveza fría, fritura, guisos marineros y producto reconocible, en las que conviven con naturalidad el pescado y el recetario popular andaluz. No se trata tanto de reinventar la cocina marinera como de mirarla con la libertad, el desparpajo y la mezcla que caracterizan a muchas de esas barras gaditanas y onubenses. La propuesta se hace desde Sevilla, con vocación de barrio y espíritu viajero. Desde aquí solo queda desear mucha suerte a Jota Leirós y a todo su equipo en esta nueva aventura. Que esta nueva Lola, nacida bajo la misma invocación que su hermana de la Alameda, eche ahora el ancla en la Puerta Real y encuentre allí su sitio natural, para que pronto se llene de cañas, tapas, conversaciones y buenos momentos.
