Apenas una hora y media separa Sevilla capital de Cazalla de la Sierra. Sobre el papel parece un trayecto corto, pero en gastronomía esa distancia ha sido suficiente para que buena parte de los sevillanos conozcan mucho mejor restaurantes de la costa de Huelva o de Cádiz que las cocinas que trabajan en pleno corazón de la Sierra Norte. Y, sin embargo, esta comarca conserva una de las despensas más interesantes de la provincia. Carnes de caza y de cordero, embutidos artesanos, quesos de cabra, huertas de temporada, mieles, setas cuando llega el otoño, vinos y aguardientes forman parte de una identidad culinaria que ha sabido mantenerse ligada al territorio. Aquí los platos no buscan artificios, sino que parten de un producto excelente tratado con respeto. La hostelería serrana también ha tenido que adaptarse a unas circunstancias muy distintas a las de la capital. La estacionalidad del turismo, una población más reducida y la necesidad de fidelizar al cliente local obligan a trabajar con una cocina honesta, donde el producto fresco y la elaboración al momento son casi una obligación más que una tendencia. En ese contexto nace Lo de Patri, el proyecto personal de Patricia Portero. Cocinera de profesión, llevaba años soñando con tener un restaurante con cocina propia donde desarrollar una propuesta basada en los sabores de la Sierra Norte, incorporando pequeñas pinceladas de creatividad sin perder nunca de vista la tradición. El resultado es una carta construida alrededor de los productos de cercanía, elaboraciones saludables y una filosofía muy clara: cocinar cada plato en el momento, sin preparaciones recalentadas ni atajos. Más que reinterpretar la cocina serrana, Lo de Patri la reivindica desde una mirada actual, demostrando que la tradición también puede evolucionar sin perder su esencia.
Desde la misma Plaza Mayor de Cazalla de la Sierra, Lo de Patri transmite una sensación de calma que acompaña toda la experiencia. El local apuesta por una decoración minimalista, donde predominan las paredes blancas, la luz natural y los materiales nobles. El salón interior resulta acogedor sin caer en excesos decorativos. Los bancos corridos con cojines en tonos tierra y burdeos invitan a disfrutar de una comida pausada, mientras las grandes ventanas permiten que la luz bañe todo el espacio durante buena parte del día. Las mesas, vestidas con fibras naturales y una presentación sencilla, refuerzan esa filosofía de naturalidad que también se aprecia en la cocina. Los pilares de madera recuerdan el carácter rural de la comarca, mientras que algunos elementos decorativos y restos de ladrillo visto evocan discretamente las antiguas fábricas de aguardiente que forman parte de la historia de Cazalla. La barra, revestida con azulejos de inspiración tradicional andaluza y presidida por una cuidada selección de vinos y destilados, conecta el presente del restaurante con el patrimonio gastronómico del municipio.
Pero si el interior invita a quedarse, la terraza termina de completar la experiencia. Situada en plena Plaza Mayor, a los pies de la monumental Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, ofrece uno de esos rincones privilegiados donde el entorno forma parte de la comida. Bajo la sombra de los árboles y con la imponente silueta del templo dominando el paisaje, las mesas permiten disfrutar de la cocina de Patri en un ambiente tranquilo, contemplando el ritmo pausado de la vida serrana. En conjunto, el espacio evita el exceso de decoración para centrar la atención en lo verdaderamente importante: la conversación, el producto y la cocina. Una propuesta sencilla, luminosa y coherente con la filosofía del restaurante, donde el protagonismo siempre recae en la gastronomía y en el entorno que la rodea.
Patricia Portero apuesta por una carta donde conviven recetas tradicionales de la Sierra Norte con guiños a otras cocinas, siempre manteniendo el protagonismo de ingredientes de calidad y de temporada. Entre los entrantes destacan el surtido de quesos de la zona (16 euros), el paté casero (7,50 euros), el hummus de pimiento rojo con nachos (9 euros), la parrillada de verduras con mozzarella y gremolata (14 euros) o varias versiones de sus croquetas, de jamón, salmón con brie o carrillada, entre los 9 y los 10 euros. También hay espacio para ensaladas frescas como la de rúcula, tomate cherry, almendras y vinagreta de miel y mostaza (9,50 euros) o la de berenjenas asadas con queso de cabra y anchoas (10,50 euros). Las carnes son el auténtico eje de la carta, en consonancia con la tradición gastronómica serrana. Sobresale el Cordero Felipe V (16 euros), una receta creada por la propia Patricia Portero que obtuvo el primer premio en la Feria de la Tapa de Cazalla y que hoy se ha convertido en uno de los platos imprescindibles de la casa. Junto a él aparecen propuestas como el solomillo ibérico (17 euros), las chuletitas de cordero (18 euros), el codillo de cordero (18 euros), la presa ibérica (19 euros) o un entrecot de añojo (22 euros). Para quienes prefieren el pescado, la oferta incluye un lomo de salmón con verduras a la parrilla y salsa gremolata (14 euros), bacalao confitado con verduras de temporada (16 euros) y un pulpo braseado con puré de patatas, tomates cherry asados y aceite ahumado (18 euros). Además de la carta, Lo de Patri ofrece un menú diario por 15 euros, elaborado con platos que cambian según el mercado y la temporada. Durante nuestra visita incluía opciones como gazpacho con su guarnición, pisto con huevo frito, tallarines al pesto, solomillo al ajillo con patatas fritas, croquetas, pastel salado de verduras o ensalada de tomate, mozzarella y semillas, una fórmula que permite disfrutar de una cocina casera, recién elaborada y con una excelente relación calidad-precio.
La propuesta se completa con una interesante selección de vinos donde el protagonismo vuelve a recaer en el territorio. La carta incluye referencias de Bodegas Colonias de Galeón y Tierra Savia, dos proyectos vitivinícolas ubicados en el término municipal de Cazalla de la Sierra que contribuyen a reforzar esa apuesta por el producto local. Una elección coherente con la filosofía del restaurante, que busca que cada comida sea también un recorrido por los sabores de la Sierra Norte de Sevilla. En definitiva, la propuesta combina con acierto la tradición de la Sierra Norte con pequeños toques actuales, siempre sin perder de vista el protagonismo de las carnes, las verduras de temporada y los productos de cercanía. A ello se suma un servicio cercano y amable, de esos que hacen sentir al comensal como en casa, y un entorno privilegiado, con una de las terrazas más agradables del municipio. En nuestra visita, la cuenta ascendió a 38 euros para dos personas, una cifra que deja una excelente relación entre calidad, cantidad y precio. Un restaurante que merece la pena descubrir tanto si se visita Cazalla de la Sierra como si se está recorriendo la Sierra Norte de Sevilla. Porque, en ocasiones, basta con alejarse unos kilómetros de la capital para encontrar mesas que justifican por sí solas el viaje.
