La Bacalona

La relación entre Extremadura y Sevilla va mucho más allá de la proximidad geográfica. Desde hace décadas, miles de extremeños se establecieron en la capital andaluza buscando nuevas oportunidades, y muchos de ellos encontraron en la hostelería la mejor forma de emprender. Bares, tabernas, restaurantes y abacerías abiertos por familias procedentes de Badajoz y Cáceres han contribuido de manera decisiva a la identidad gastronómica de Sevilla, aportando una forma de entender la cocina basada en el producto, el trato cercano y el trabajo constante. Hoy esa tradición continúa con una nueva generación de emprendedores que combina el respeto por las raíces con una visión más actual de la restauración. Entre ellos destaca Enrique Gajardo Leal, natural de Fuente del Maestre (Badajoz), que ha convertido un proyecto personal en uno de los espacios gastronómicos más interesantes de la ciudad. Con apenas 30 años, y después de formarse en Relaciones Laborales y Recursos Humanos mientras trabajaba en distintos establecimientos hosteleros de Sevilla y de su localidad natal, decidió dar el paso y abrir el negocio que llevaba años imaginando. Así nació La Bacalona, un establecimiento que rinde homenaje tanto a la cultura de los bares como a sus orígenes extremeños. El nombre no es casual. En Fuente del Maestre se conoce como bacalón al primer higo de la temporada, un término muy arraigado en el habla popular que, además, identifica cariñosamente a los habitantes del municipio. Con ese doble significado, Enrique bautizó un proyecto que une tradición, identidad y gastronomía bajo un mismo concepto.

La Bacalona sorprende desde el primer momento por una imagen que rompe con el concepto tradicional de bar de tapas. Su amplia terraza, abierta a una de las avenidas más transitadas de la ciudad, invita a hacer una pausa a cualquier hora del día, mientras que el interior ofrece un ambiente cálido, moderno y muy cuidado, donde cada detalle responde a una idea muy clara: hacer que el cliente se sienta cómodo desde que cruza la puerta. El local combina líneas contemporáneas con materiales naturales, predominando la madera, el hierro y una iluminación cálida que aporta personalidad a cada rincón. Los espacios se distribuyen con amplitud, alternando mesas altas y bajas para adaptarse tanto a una comida informal como a una reunión entre amigos o una celebración familiar. La decoración incorpora guiños a Extremadura y a Andalucía mediante elementos artesanales, frases con humor, plantas y detalles que convierten el establecimiento en un espacio acogedor y fácilmente reconocible. Uno de los elementos más llamativos es la cuidada puesta en escena de la sala. Desde los originales expositores de vinos sobre madera natural hasta los rincones decorativos pensados para ser compartidos en redes sociales, todo transmite una imagen actual sin perder el carácter de bar de barrio que Enrique quiso conservar desde el principio. «Un bar es mucho más que un sitio donde comer o beber; es un lugar donde compartir la vida», resume el joven empresario, una filosofía que se percibe en la distribución del espacio y en la atmósfera que ha conseguido crear. La amplitud del establecimiento permite atender tanto al cliente habitual como a grupos y reuniones, mientras que la terraza se ha convertido en uno de sus principales atractivos durante buena parte del año.

La propuesta gastronómica refleja la personalidad de Enrique Gajardo: una cocina reconocible, elaborada con buenos productos y con un marcado protagonismo de los sabores extremeños, pero abierta también a recetas actuales y presentaciones más creativas. La carta reúne tapas clásicas, chacinas ibéricas de la dehesa, platos para compartir y una selección de sugerencias propias que aportan identidad al establecimiento. Entre los entrantes destacan la ensaladilla de langostinos (4,50 € la tapa y 10,50 € la ración), la ensaladilla de ahumados (11 €), el salmorejo casero (5 €), el tartar de atún (12,50 €) o las croquetas cremosas del chef (11 €). La sección de panes incluye propuestas tan atractivas como la tosta de lomo mechado con queso viejo y guacamole (11,50 €) o la de jamón ibérico con queso viejo y salmorejo (12 €). Uno de los grandes protagonistas son los productos extremeños, con una cuidada selección de chacinas de bellota y quesos de la región. El cliente puede degustar caña de lomo, chorizo, salchichón o panceta ibérica, además de quesos curados, ahumados, al pimentón o en manteca. Completan la oferta tablas como Sabores de Bellota (17 €), la Selección de Ibéricos y Quesos (17 €) o una excelente Torta del Casar D.O.P. (13 €), convirtiendo la abacería en un escaparate de algunos de los mejores productos de Extremadura. Las especialidades de la casa muestran el lado más creativo de la cocina. Platos como el taco de chicharrón deshilachado (5 €), el mini brioche de pulled pork (5,50 €), las Bacalona Fries (8 €), los huevos rotos con tartar de atún (16,90 €), el carpaccio de panceta de bellota (12,50 €) o el Flamenquín Bacalona (18,90 €) conviven con una atractiva selección de carnes de la dehesa, entre las que sobresalen la pluma ibérica de bellota (19,50 €), el lagarto ibérico al limón con mayonesa de fino (16,50 €) o el Cachopazo Bacalona, una contundente propuesta de unos 600 gramos pensada para compartir (24 €). Para terminar, la carta ofrece postres caseros como la tarta de queso, el coulant de chocolate o la tarta Lotus (6 €), además de una torrija brioche con helado de vainilla (6,50 €).

La Bacalona no está concebido únicamente como un negocio dedicado a servir comidas y bebidas, sino como un espacio integrado en la vida cotidiana de sus clientes, un lugar donde la gastronomía es el punto de partida para la conversación, el encuentro y la convivencia. Esa visión se traduce en una gestión muy personal del establecimiento. Enrique permanece atento a la evolución de la carta, incorpora nuevas propuestas sin perder la esencia de la cocina que identifica al local y mantiene una apuesta firme por el producto de calidad. Su objetivo no pasa por acumular reconocimientos, sino por consolidar un negocio capaz de fidelizar a la clientela a través del trabajo diario. «No busco premios; lo que quiero es seguir trabajando para ofrecer lo mejor a nuestros clientes, fidelizar a quienes nos visitan y conseguir que todo el mundo se sienta aquí como en casa», resume. Con apenas unos años de trayectoria, La Bacalona representa el empuje de una nueva generación de hosteleros extremeños que han encontrado en Sevilla un lugar donde desarrollar sus proyectos empresariales sin renunciar a sus raíces. Un establecimiento que demuestra cómo la ilusión, el esfuerzo y una idea clara, pueden convertir un proyecto personal en una referencia dentro de la oferta gastronómica de la ciudad.

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