Iki Restaurante

Calle Luis de Morales, 2, 41018 Sevilla
Teléfono: 954 44 74 95

Hablar de Iki es hablar de una evolución natural dentro de la gastronomía japonesa en Sevilla. El restaurante abrió sus puertas en noviembre de 2017 de la mano del hostelero Javier Fernández Sánchez, quien ya había dejado huella en la ciudad con Matsuri, inaugurado en 2008. Con Iki, no se trataba de repetir fórmula, sino de dar un paso más allá, afinando el concepto y elevando la propuesta tanto en producto como en experiencia. El nombre no es casual. “Iki” es un concepto profundamente arraigado en la cultura japonesa que representa la elegancia natural, el refinamiento sin ostentación y la sofisticación contenida. Una cualidad que, según la tradición, toda aspirante a geisha debía poseer. Este espíritu se traslada al restaurante, no solo en lo estético, sino también en lo culinario y en el trato al cliente. La propuesta de Iki bebe de la tradición japonesa, pero no renuncia a dialogar con el entorno, incorporando ingredientes locales y matices mediterráneos. Iki llegó para consolidar la apuesta gastronómica de la zona y posicionarse rápidamente como uno de los referentes japoneses en Sevilla. No es solo heredero de Matsuri, sino una reinterpretación más madura, más cuidada y más ambiciosa. Y, de algún modo, el círculo se cierra. Años después, Javier ha reabierto el local original de Matsuri transformándolo en Yokoso Izakaya Ramen Bar, una propuesta más informal y desenfadada que recupera el espíritu de taberna japonesa. Así, conviven dos conceptos complementarios: la elegancia serena de Iki y la cercanía vibrante de una izakaya, completando una visión gastronómica que sigue evolucionando sin perder sus raíces.

Iki se encuentra en una ubicación estratégica, en Luis de Morales, dentro del hotel Meliá Lebreros, lo que le aporta visibilidad y un flujo constante de clientes tanto locales como visitantes. Sin embargo, una vez cruzas la puerta, la sensación es la de abandonar la ciudad para entrar en un espacio sereno y cuidadosamente diseñado. El local tiene una distribución longitudinal, casi como un tubo, que guía la experiencia del comensal desde la entrada hasta el fondo del restaurante. Nada más acceder, llama la atención un poema japonés en la pared, acompañado por la presencia simbólica de un cerezo, elementos que anticipan la filosofía del lugar. La decoración sigue los cánones orientales, pero con una interpretación contemporánea y elegante. Predominan los tonos cálidos, las texturas naturales y una iluminación tenue que crea una atmósfera íntima. La barra de sushi, amplia y protagonista, permite observar el trabajo de los cocineros, convirtiendo la elaboración en parte del espectáculo. Las mesas, aunque algo cercanas entre sí, están vestidas con sobriedad y buen gusto. El mobiliario mezcla comodidad y estética, con sillones tapizados y detalles que aportan calidez. El techo, con entramados decorativos, y las paredes con relieves geométricos refuerzan la sensación de cuidado por el detalle. Es un espacio sin terraza, pensado para una experiencia interior completa, donde cada elemento contribuye a esa idea de “iki”: elegancia sutil, sin excesos.

La carta de Iki no es especialmente extensa, algo que se agradece y que suele reflejar una cocina centrada en la calidad más que en la cantidad. Su propuesta es claramente japonesa, con un gran protagonismo del sushi, el sashimi y las elaboraciones en crudo, pero enriquecida con sutiles guiños al entorno. En ella conviven las técnicas ancestrales de la cocina nipona con el mejor producto local, destacando pescados procedentes de lonjas como Barbate o Isla Cristina, que aportan frescura y carácter propio a cada plato. Entrantes como la Sopa de miso 5,00 €, Ensalada Iki (bogavante, meloso y brotes verdes) 27,00 €, Gyoza (raviolis japoneses) 9,50 €, Tataki de bonito con suave escabeche japonés 21,00 €, Tataki de buey con salsa especial Iki oroshi 21,00 €, Barbacoa japonesa de cangrejo real (unidad) 18,00 €, Tempura de ostra francesa 5,50 €, Tempura de cococha de merluza y alcaparras alavesas 22,00 €, Tempura de salmonete o rascacio del Estrecho 25,00 €, Hosomaki de pescado blanco en ceviche peruano 16,00 €, Uramaki de cigala atlántica y mango 24,00 €, Uramaki de pez de roca y tempura de langostino tigre 24,00 €, Uramaki Dragon roll (anguila ahumada y marisco) 24,00 €, Uramaki de bogavante con cobertura de atún rojo 24,00 €, Trilogía de atún rojo 11,00 €, una sublime vieira braseada con foie y soja dulce 4,75 €, Pez mantequilla con tapenade de trufa negra 4,75 €, Pato asado con salsa de mandarina 4,75 €, Atún rojo (Akami) 4,75 €, Otoro (ventresca de atún) 4,75 €, Buey de Kobe con huevo de codorniz y salsa yakiniku 4,75 € o Gunkan de tartar de buey y huevo poché 5,25 €. Y para cerrar, Piña asada con banana y cacao 7,50 €, Galleta de mantequilla con chocolate y mango 7,50 €, Tierras de frambuesas con helado de violetas 7,50 €, Helado de té matcha 7,50 €.

La experiencia en Iki es, sencillamente, sobresaliente: cada plato está concebido como una pequeña obra de arte y cada bocado se traduce en una explosión de sabor. Es de esos restaurantes en los que sientes que cada euro está más que justificado, porque juega en otra liga dentro de la oferta japonesa de Sevilla. Llevaba tiempo con ganas de conocerlo, de esos sitios que siempre se van quedando pendientes hasta que aparece la ocasión adecuada. En mi caso, el cumpleaños de mi mujer fue la excusa perfecta para descubrir uno de los mejores japoneses de la ciudad. Desde el primer momento, la experiencia se construye sobre un servicio impecable: cercano, atento y muy profesional, con detalles como una degustación inicial de edamame o explicaciones precisas de cada elaboración. El ritmo es ágil, sin prisas, y la presentación de los platos refleja bien la filosofía del restaurante: elegancia, equilibrio y ausencia de artificios innecesarios. Pero más allá del entorno o del trato, lo que realmente define a Iki es su cocina. Hay un trabajo evidente detrás de cada elaboración, donde técnica, producto y sensibilidad se combinan con acierto. Es cierto que aún puede estar un peldaño por debajo de los grandes templos japoneses a nivel nacional, pero la dirección es clara y muy prometedora. En definitiva, Iki es una apuesta segura para quienes buscan una experiencia japonesa auténtica, refinada y coherente en Sevilla. Un lugar donde el concepto “iki” no solo se percibe en la estética, sino también en la forma de entender y ejecutar la cocina. Gracias a Javier y todo su equipo por su hospìtalidad. Volveremos seguro.

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