Calle Benito Mas y Prat, 41005 Sevilla
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En los últimos años, la hostelería sevillana se ha convertido en un reflejo vivo de la nueva migración latinoamericana. Cocinas, barras y salas hablan hoy con acento peruano o venezolano, en un sector que históricamente ha sido puerta de entrada para quienes buscan empezar de nuevo en España. No es casualidad: casi la mitad de los trabajadores extranjeros en hostelería son latinoamericanos, un sector que facilita la integración y ofrece oportunidades incluso en contextos difíciles. En ese mapa de historias y trayectorias se inscribe D’Gusto. Víctor Daniel La Cruz Mora es un cocinero cuya historia refleja constancia, aprendizaje y evolución dentro del panorama gastronómico sevillano. Nacido en Valencia, Venezuela, emigró a España, donde comenzó sus primeros pasos en la cocina en el bar Yebra. Allí despertó su interés por la gastronomía y adquirió las bases que marcarían el inicio de su trayectoria profesional. Impulsado por esa inquietud, decidió formarse de manera más sólida, estudiando cocina para perfeccionar su técnica y ampliar sus conocimientos. A partir de ahí, fue desarrollando su carrera en distintos establecimientos de Sevilla, pasando por locales como Brunilda, Bernarda y Dculto, donde continuó creciendo y consolidando su estilo propio. Con más de dos décadas de experiencia en España, su recorrido es también el reflejo del de muchos profesionales que se han formado en algunos de los grandes grupos hosteleros de la ciudad, absorbiendo distintas influencias hasta construir una identidad culinaria definida. Fruto de ese camino, decidió emprender su propio proyecto, comenzando con Casa Galán, situado en la calle León XIII. Más adelante amplió su propuesta con la recuperación de una cafetería emblemática, El Trini, y posteriormente con D’Gusto en Nervión, consolidando así una propuesta gastronómica personal que combina experiencia, tradición y evolución. La sala se completa con un equipo donde conviven nacionalidades como la peruana y la nicaragüense, reflejando esa mezcla que hoy define la restauración sevillana: talento migrante, experiencia acumulada y una mirada abierta a nuevas formas de entender la gastronomía.
La decoración de D’Gusto juega claramente con la calidez contemporánea del interior y la naturalidad urbana de su terraza, creando una experiencia equilibrada y agradable. En el espacio interior predominan los tonos madera, tanto en el suelo como en las mesas, que aportan cercanía, mientras que las sillas tapizadas en colores suaves (beige, gris, mostaza) suavizan el conjunto. La barra es uno de los puntos más llamativos: una estructura metálica elevada cargada de botellas, copas suspendidas y vegetación colgante que actúa casi como escenografía central. No es solo funcional, es decorativa y marca carácter. La iluminación es clave: luz cálida, puntual y baja, con lámparas colgantes que crean pequeños focos íntimos sobre cada mesa. Todo está muy medido para generar ambiente sin resultar recargado. El resultado: un espacio elegante pero accesible, sin rigidez. Fuera, el concepto cambia pero mantiene coherencia. La terraza se integra en la calle con una estética más desenfadada: mesas ligeras, sillas tipo bistró y vegetación urbana. Aquí el protagonismo lo tienen los árboles, que aportan sombra y generan esa sensación tan agradable de terraza viva, muy sevillana pero sin caer en lo típico. Es un espacio más espontáneo, menos diseñado al milímetro, pero igualmente cuidado. La estética de D’Gusto mezcla diseño actual, materiales cálidos y detalles naturales, creando un ambiente que funciona tanto para una comida relajada como para una cena más especial. No es un sitio de “decoración espectáculo”, sino de atmósfera bien construida: cómoda, luminosa y con personalidad.
La carta define una cocina claramente mediterránea contemporánea, con una base tradicional andaluza que se abre a influencias actuales y algunos guiños internacionales. Entrantes como la ensaladilla rusa 4.50, Papas aliñadas con ventresca confitada 4.50, Tosta de sardina con crema de aguacate (2 uds) 7.00, Bravas crujientes con alioli de ajo negro 6.50, Bao relleno de costillas a la barbacoa (2 uds) 8.00, unos exquisitos Puerros confitados con crema y crujiente 7.90, Croissant de atún rojo y huevo de codorniz 10.50, Bao relleno de gambones crujiente y wakame (2 uds) 8.00, Berenjena con sofrito de tomate, pesto y mozzarella 8.90, Gyozas al vapor con hoisin y alioli negro 9.00, Bao de pollo crujiente y ajoblanco de anacardo (2 uds) 8.00, Tabla de surtido de quesos 12.00, Carrillada de ternera con curry verde 7.50, Cazuela de gamba blanca al ajillo 15.00, Bacalao selecto en tacos fritos 14.00, Boquerones al limón 10.00, Chocos de Huelva fritos 12.00, Lagrimitas de pollo estilo coreano 6.00, Croquetas de cecina 8.00, Lubina frita en adobo clásico 24.00, San Jacobo de solomillo 9.50, Lomo de bacalao con crema de puerros 6.50, Chipirones encebollados al P.X. 6.50, Tartar de atún rojo de almadraba 24.00, Secreto ibérico con salsa de foie al P.X. 6.50, Presa ibérica de Cumbres Mayores 7.50, Lomo de novillo argentino (bife, mín. 400 g) 100 g/10.00. Y de postre, Torrijas en pan brioche con helado de vainilla y dulce de leche 7.00, Tarta cremosa de mango y espuma de maracuyá 7.50, Tarta de chocolate húmedo con helado de chocolate 7.00, Tentación de pistacho en tres texturas 8.00 o su Carrot cake con helado de vainilla 7.00.
Con ese contexto en mente, la experiencia en D’gusto se percibe como una extensión natural de su historia: un relato que se traslada del recorrido vital al plato. Desde la llegada, el servicio marca el tono con una cercanía elegante, sin excesos. La propuesta gastronómica se articula con soltura entre lo familiar y lo inesperado. La carta transita por una base reconocible, raíces andaluzas y formato de tapeo, que se ve enriquecida con guiños contemporáneos y matices internacionales. El resultado es una cocina ecléctica, desenfadada y bien entendida. D’gusto es, en esencia, el resultado de un viaje. Un recorrido que comienza lejos, pero que encuentra en Sevilla no solo un destino, sino un lugar donde asentarse, evolucionar y traducirse en una propuesta con identidad propia, capaz de conectar con el comensal desde lo cercano y lo honesto. Como cierre, solo queda reconocer la hospitalidad de Víctor y su equipo. Más allá de lo que ocurre en la mesa, permanece la sensación de haber sido acogidos con autenticidad, de haber formado parte, aunque sea por un instante, de un proyecto construido desde la experiencia, el oficio y una vocación clara por la buena hostelería. Les deseamos mucha suerte en este proyecto que acaba de ponerse en marcha.
















