Calle Arfe, 18, Casco Antiguo, 41001 Sevilla
Teléfono: +34 954 22 53 86
El Reloj de Arfe abrió sus puertas en 1894 como abacería tradicional y tienda de ultramarinos, convirtiéndose con el paso del tiempo en una de las más antiguas, y queridas, de la ciudad. Desde sus orígenes fue un lugar de referencia para quienes buscaban productos selectos, sabores auténticos y un trato cercano, cuando el comercio era todavía un acto casi familiar. A comienzos del siglo XX, el negocio estuvo en manos de Fernando Ortiz, natural de San Martín de Toranzo (Cantabria), quien se asentó en Sevilla y dirigió la tienda durante décadas. Su matrimonio con Carmen Morales, perteneciente a una familia con una histórica bodega en Valdepeñas, reforzó los lazos del establecimiento con el mundo del vino y la gastronomía de calidad. A lo largo de más de 130 años, El Reloj de Arfe ha pasado por distintas etapas y propietarios, pero siempre manteniendo una misma esencia. En la etapa más reciente, el comercio ha estado gestionado por Antonio Romero, pequeño empresario que ha defendido el valor del comercio tradicional y la identidad del negocio incluso en los momentos más difíciles, como durante la pandemia. No existe una relación completa de todos sus dueños, pero sí una constante: personas ligadas al comercio de cercanía y al amor por el producto.
Entrar en El Reloj de Arfe es viajar a otra época, a un tiempo en el que comprar era también conversar, observar y dejarse aconsejar. Su decoración conserva intacta el alma de la antigua abacería sevillana: maderas oscuras trabajadas con mimo, vitrinas clásicas que protegen auténticos tesoros gastronómicos, estanterías repletas de productos colocados con orden casi ceremonial y un icónico reloj que preside el local como símbolo del paso del tiempo… y de la resistencia a él. Las distintas reformas realizadas a lo largo de su historia, la última tras el cambio de propietario, han sabido respetar el carácter original del espacio, incorporando mejoras funcionales sin traicionar su esencia. Nada desentona, nada parece impostado. Los jamones colgados marcan el ritmo visual del local, las botellas alineadas recuerdan a una antigua bodega urbana, y las cerámicas tradicionales junto a pequeños detalles decorativos hablan de Sevilla, de su comercio histórico y de una forma de entender la hostelería ligada a la identidad del lugar. Lejos de modas pasajeras, franquicias clónicas o decoraciones diseñadas para la foto rápida, El Reloj de Arfe ofrece un espacio auténtico, con personalidad propia, donde cada rincón tiene sentido y cada objeto parece contar una historia. Es un local pequeño, íntimo y acogedor, donde todo invita a quedarse, a mirar con calma, a saborear sin prisas y a entender que, en lugares así, el tiempo no se pierde: se disfruta.
Hoy, El Reloj de Arfe es mucho más que una tienda: es abacería, ultramarinos y rincón gourmet donde el producto es el verdadero protagonista. Su oferta incluye jamón ibérico de bellota, quesos seleccionados, chacinas, conservas de alta gama y delicatessen que conviven con auténticos caprichos gastronómicos, como las ostras Gillardeau. Todo puede acompañarse de una cuidada selección de vinos, con especial protagonismo de los vinos de Jerez, además de referencias nacionales e internacionales pensadas para el maridaje perfecto. Muchos clientes y visitantes lo eligen para un aperitivo o tapeo selecto, disfrutando del producto en el momento, sin prisas y con el asesoramiento cercano de quien conoce lo que vende. Más que un lugar para comer, es un lugar para degustar, para conversar y para entender la gastronomía como parte de la cultura. Negocios como El Reloj de Arfe son los que dan personalidad y autenticidad a nuestra hostelería. Son pequeñas joyas que resisten al paso del tiempo, que no buscan parecerse a nada más y que convierten lo cotidiano en algo especial. En una ciudad como Sevilla, donde la tradición y el sabor forman parte de su identidad, este tipo de establecimientos no solo venden productos: cuentan historias, preservan memoria y nos recuerdan quiénes somos.













