Hay proyectos que se construyen con inversión y planificación. Otros, además, se levantan sobre convicciones profundas. Señor Cangrejo pertenece a estos últimos. Quienes hemos seguido de cerca el recorrido de Jesús León y Fátima Villanueva sabemos que este proyecto nunca ha sido únicamente un restaurante. Es la suma de años de aprendizaje, de decisiones difíciles, de ilusiones compartidas y, sobre todo, de una manera muy concreta de entender la hospitalidad. Por eso, esta nueva etapa tiene algo especial. Señor Cangrejo deja atrás la calle Harinas, escenario de tantos buenos momentos, para instalarse en Alfonso XII, en pleno corazón de Sevilla. Más que un cambio de dirección, es la consolidación de una identidad propia. Un espacio pensado a su medida, donde cada detalle parece responder a una idea clara de lo que quieren contar y de cómo quieren hacerlo. Aquí la magia comienza en la cocina y continúa en la sala y en la bodega, gracias a la conexión natural que existe entre Jesús y Fátima. Pareja dentro y fuera del restaurante, han construido una propuesta donde todo fluye con una aparente sencillez que esconde mucho trabajo detrás. La cocina habla el mismo lenguaje que la sala, el servicio acompaña sin invadir y el vino encuentra siempre su lugar en la conversación. Como suele ocurrir con aperturas de este calibre, la primera impresión llega a través de una nota de prensa que resume equipo, espacio y concepto. Pero eso no es más que el punto de partida. La verdadera dimensión de un proyecto así solo se entiende sentándose a la mesa. Y en este caso, la visita resulta imprescindible. No solo por lo que sucede en el plato, sino por la sensación de estar ante un restaurante que ha encontrado, por fin, la forma más sincera de expresarse.
La nueva puerta de acceso marca el tono de un diseño contemporáneo que funciona como una declaración de intenciones: una transición entre la ciudad y el universo propio de Señor Cangrejo. Una vez dentro, el proyecto gana profundidad. El diseño interior ha sido desarrollado por el interiorista Carlos Iglesias, quien supo interpretar las ideas y referencias que Jesús y Fátima tenían en mente para transformarlas en un espacio con identidad propia. La inspiración parte de ese delicado punto de encuentro entre la estética nórdica y la sensibilidad japonesa, una combinación que se percibe en la calma que transmite el conjunto, en la elección de materiales y en la manera en que cada elemento encuentra su lugar sin necesidad de imponerse. La ampliación del local no se ha utilizado para aumentar capacidad, sino para mejorar la experiencia. Hay mejor circulación y una sensación constante de comodidad que invita a disfrutar del tiempo sin prisas. Todo parece pensado para que el espacio respire y acompañe la propuesta gastronómica. La zona de barra resume especialmente bien esta filosofía. Una elegante encimera de madera recorre la esquina de una amplia cocina abierta a la sala. La luz natural que entra por los grandes ventanales del patio, unida a la calidez de los materiales, crea una atmósfera serena y acogedora. La madera actúa como hilo conductor del proyecto, acompañada por texturas pétreas, superficies oscuras y una iluminación indirecta que aporta profundidad. Destacan rincones íntimos, con mesas redondas bajo lámparas de inspiración oriental, donde la luz cálida y los materiales naturales generan una atmósfera especialmente confortable. El resultado es un local donde cada detalle parece responder a una idea común. Nada resulta excesivo, nada parece colocado al azar. Se percibe el trabajo minucioso detrás del proyecto y la capacidad de Carlos Iglesias para convertir unas referencias muy concretas en un espacio coherente, elegante y con personalidad propia. Un diseño del que el equipo se siente especialmente orgulloso y que contribuye de manera decisiva a definir esta nueva etapa de Señor Cangrejo.
La propuesta gira en torno a una cocina andaluza en movimiento, con una carta breve y cambiante que evoluciona casi a diario, pensada para comensales curiosos que buscan algo distinto, a medida y con personalidad. Una oferta que pone en valor los recursos agroalimentarios de nuestra tierra, con el producto de proximidad, carnes, pescados y verduras de kilómetro cero, como eje, reinterpretando el recetario tradicional andaluz desde una mirada creativa y personal. El resultado es una cocina viva, plural y dinámica, donde conviven elaboraciones breves y muy técnicas con producto marino de temporada. Entre los bocados más representativos destacan la ostra al natural (6 €), la ostra con tepache y chamoy (7 €), la gilda escabechada (5 €) o la vieira con coco (12 €). Propuestas que destacan como el extraordinario marisco con garbanzo (16 €), el gazpacho de tomate verde y atún (18 €), el salpicón de marisco (20 €), la espardeña con pepitoria (25 €) o la raya en amarillo (20 €). Los pescados enteros ocupan un lugar destacado y se ofrecen según peso y disponibilidad, con opciones como rascacio (38-63 €), borriquete (42 €), lenguado (47-54 €), corvinata (63 €) o grandes piezas de pargo y pez espada, que pueden superar los 100 €. Para quienes buscan una experiencia más estructurada, el restaurante acaba de incorporar un menú ejecutivo de martes a viernes al mediodía por 60 €. Además, ofrecen un menú degustación largo por 85 €, disponible tanto en almuerzos como en cenas todos los días. Merece una mención especial la vajilla, unas piezas que son obra de Yukiko Kitahara, una extraordinaria ceramista japonesa afincada en Sevilla y responsable del Taller Kúu, ubicado en Gelves. La bodega merece capítulo propio. Más de 400 referencias convierten a Señor Cangrejo en una de las casas mejor surtidas de Sevilla, un patrimonio enológico que Fátima Villanueva interpreta y pone en valor con un conocimiento, sensibilidad y criterio difíciles de encontrar.
Esta nueva ubicación permite desarrollar un Señor Cangrejo más maduro y personal, donde diseño y gastronomía avanzan en la misma dirección. No se trata simplemente de un cambio de local, sino de la evolución natural de un proyecto que ha encontrado un espacio capaz de reflejar con mayor precisión su identidad, su personalidad y sus ambiciones. Y es que en hostelería, y especialmente cuando se trata de comer y beber, todo parte de un compromiso real con quien se sienta al otro lado. Sin esa implicación, es difícil que algo funcione de verdad. Señor Cangrejo transmite precisamente eso: una forma honesta de hacer las cosas, con la mirada puesta en el cliente y en ofrecer, en cada servicio, lo mejor de sí mismos. Y eso se percibe desde el primer momento. En conjunto, estamos ante un proyecto que ya se sitúa, sin duda, entre los más interesantes de la escena gastronómica sevillana, marcando además un punto de inflexión en el camino de Jesús y Fátima. A quienes los conocemos desde hace años, nos resulta especialmente gratificante ver cómo este sueño toma forma y encuentra por fin el espacio que merece. Porque detrás de cada detalle y de cada servicio, sigue estando la misma ilusión que los impulsó desde el principio. Solo queda agradecerles su hospitalidad, su generosidad y esa manera tan suya de entender este oficio. Hay restaurantes a los que uno vuelve por la cocina; a otros, por las personas. En Señor Cangrejo se dan ambas razones. Y por eso, siempre apetece regresar. Gracias por hacer más grande la hostelería sevillana.
