Plaza Jesús de la Pasión 6, 41004 Sevilla
Sin campañas de lanzamiento, sin inauguraciones multitudinarias y sin apenas ruido más allá del boca a boca. La Pescadería ha comenzado a abrir sus puertas en plena Plaza del Pan con una discreción poco habitual en la hostelería actual. El nuevo establecimiento del grupo Oleilú ha iniciado su andadura casi como una prueba piloto, recibiendo a sus primeros clientes con la naturalidad de quien parece llevar años formando parte del paisaje del centro de Sevilla. Detrás de esta apertura se encuentra un proyecto que llevaba meses gestándose en el local que ocupó anteriormente La Taberteca. Ahora, convertido en La Pescadería, el espacio propone un viaje a los mercados tradicionales de abastos a través de una cuidada ambientación donde conviven guiños retro, industriales y urbanos. La intención es clara: integrarse en la vida cotidiana de la plaza sin estridencias, dejando que sean la experiencia y la cocina las que hablen por sí solas. Más allá de la estética, todo en el local gira en torno a una idea muy concreta: recuperar el protagonismo del producto fresco y acercar al comensal la experiencia de una pescadería de mercado trasladada al formato de bar. El expositor de pescado ocupa el centro de la escena como una declaración de intenciones, anticipando una propuesta gastronómica construida alrededor de la lonja, el marisco y los pescados del día.
Si el producto del mar es el corazón de La Pescadería, la decoración constituye sin duda su alma visible. El interior del local ha sido concebido por Xabi, uno de los socios de Oleilú, que ha querido alejarse de la estética marinera más previsible para construir un espacio con personalidad propia. El resultado es una interpretación contemporánea de las antiguas pescaderías de mercado, donde la funcionalidad convive con una cuidada sensibilidad artística. Nada más cruzar la entrada, el visitante se encuentra con un espacio alargado y luminoso que conserva la esencia arquitectónica del inmueble original. Los muros de ladrillo y mampostería vista aportan textura y autenticidad, mientras que las conducciones metálicas a la vista y la iluminación industrial remiten a los antiguos puestos de abastos. En el centro, la barra-expositor donde se muestra el pescado fresco actúa como eje visual y conceptual del establecimiento, recordando constantemente el origen del producto. La ambientación se completa con una colección de obras del artista sevillano Junco, amigo personal de Xabi, cuyos cuadros introducen pinceladas de color y expresividad en un entorno dominado por tonos neutros. A estas obras se suma un gran mural cerámico realizado en Villaverde, concebido expresamente para el establecimiento, que reinterpreta en clave costumbrista el universo de las antiguas pescaderías sevillanas. Ejecutado en tonos azules sobre azulejo tradicional, une iconos de la ciudad con escenas de venta de pescado y refuerza el vínculo entre la identidad local y la esencia marinera del proyecto. A esta propuesta se suma una terraza exterior situada en plena Plaza del Pan, compartiendo espacio y ambiente con la de Taberna Bidón, otro de los establecimientos del grupo.
La carta combina una selección fija de elaboraciones con una oferta cambiante de pescados y mariscos de temporada que se anuncian diariamente en pizarras visibles desde la sala, reproduciendo la dinámica de las antiguas pescaderías de mercado. Esa dualidad entre carta estable y sugerencias del día aporta frescura y permite adaptar la oferta a la llegada de género. El recorrido comienza con una sección de fríos donde aparecen referencias pensadas para compartir, como la gilda de anchoa (2,90 euros), la versión con tarantelo de atún (3,50 euros) o propuestas más elaboradas como la ensaladilla de pulpo y las papas aliñás con ventresca de atún, ambas disponibles desde 4,50 euros. A continuación llegan los fritos, un apartado imprescindible en cualquier casa que reivindique el pescado andaluz, con pavía de bacalao por unidades (4,50 euros), rosada al limón, choco, huevas o croquetas marineras. El atún rojo de almadraba cuenta con espacio propio bajo el epígrafe de Almadraba. Aquí conviven un brioche de atún rojo aliñado con mayonesa de albahaca y cebolla picada (6 euros), un tartar de atún rojo (18 euros) y cortes más nobles como el tarantelo a la brasa, servido según peso y disponibilidad. La presencia del producto gaditano se complementa con una cuidada selección de salazones y ahumados, donde destacan la mojama de atún, el matrimonio de anchoa y boquerón o distintas tostas protagonizadas por ventresca, bacalao y salmón ahumado. Las especialidades reúnen algunas de las elaboraciones más contundentes de la carta. El bacalao con tomate, los kokotxas de bacalao al pilpil, el lomo de merluza o las almejas a la manzanilla. A ello se suma una oferta de mariscos que varía según mercado y que incluye desde camarones cocidos hasta gambas de Huelva o langostinos tigre preparados a la brasa. La experiencia encuentra además un aliado natural en la bodega. No faltan manzanillas, finos, amontillados y palos cortados, con referencias como Barbadillo 1821, Nave Trinidad o Don Zoilo, disponibles tanto por copas como por botella. Una selección que refuerza el carácter andaluz de la propuesta y que parece pensada para acompañar cada pase con la misma naturalidad con la que el pescado y el marisco llegan a la mesa.
En una zona donde las aperturas suelen competir por la atención inmediata, La Pescadería ha optado por un camino distinto: crecer desde el producto y dejar que el tiempo haga el resto. El proyecto recupera una fórmula tan sencilla como efectiva, la de la pescadería convertida en barra gastronómica, donde el cliente puede elegir entre un tapeo informal o una comida más completa sin perder de vista el origen de lo que llega al plato. La combinación de mercado, taberna y restaurante, encuentra además un escenario privilegiado en la Plaza del Pan, uno de esos rincones del centro histórico donde todavía conviven el vecino habitual y el visitante ocasional. La sensación que deja la experiencia es la de un establecimiento que todavía está afinando detalles, pero que ya muestra una personalidad definida. La apuesta por el pescado fresco, las sugerencias cambiantes según mercado, una bodega bien orientada hacia los vinos generosos andaluces y una ambientación cuidada, consiguen construir un discurso coherente de principio a fin. No se trata de reinventar la cocina marinera, sino de ofrecerla desde una perspectiva contemporánea y accesible. Durante nuestra visita, un recorrido de tapeo acompañado por varias copas de vino se situó en torno a los 25 euros por persona, una cifra razonable para la calidad del producto, la ubicación y el conjunto de la propuesta. Un ticket medio que permite acercarse a la experiencia sin excesos y que encaja con esa vocación de convertirse en un lugar de paso frecuente más que en un destino reservado para ocasiones especiales. Habrá que esperar a que el proyecto complete su rodaje para comprobar hasta dónde llega su recorrido, pero las primeras impresiones invitan al optimismo. La Pescadería aporta una propuesta reconocible, honesta y bien ejecutada. Un pequeño mercado de sabores marinos instalado en pleno corazón de Sevilla.
