Restaurante Maraco Perú

La comunidad peruana se ha convertido en una de las más dinámicas de Sevilla. Actualmente, entre 6.000 y 7.000 personas con nacionalidad peruana residen en la provincia, una presencia que ha crecido de forma constante durante los últimos años y que también se refleja en el tejido empresarial y gastronómico de la ciudad. Uno de los lugares donde mejor puede apreciarse esta evolución es la zona de la Ronda del Tamarguillo, donde los negocios vinculados a la cocina peruana han ido ganando protagonismo hasta convertirse en una referencia para quienes buscan algunos de los sabores más reconocibles del país andino. Entre ellos destaca Maraco Perú. El nombre del establecimiento surge de la unión de los nombres de sus primeros propietarios, una curiosidad que forma ya parte de la identidad de un negocio que abrió sus puertas hace cuatro años y que hoy dirige Blanca, una emprendedora peruana originaria de Áncash, una espectacular región situada al norte de Lima. Cuando asumió la gestión del restaurante, Blanca mantuvo la filosofía que había conquistado a la clientela desde el principio: cocina peruana tradicional, trato cercano y raciones abundantes a precios muy competitivos. Esa combinación ha convertido a Maraco Perú en uno de esos establecimientos que se recomiendan de boca en boca y que atraen tanto a miembros de la comunidad peruana como a sevillanos. La historia de Maraco Perú es también la de una comunidad que sigue creciendo en Sevilla y que ha encontrado en la gastronomía una manera de conservar sus raíces, emprender y compartir con la ciudad una de las cocinas más valoradas del mundo.

Maraco Perú ocupa un local de aspecto modesto en la Avenida de Andalucía. Frente a él se despliega una amplia terraza que aprovecha la intensa vida de una de las principales vías de acceso a la ciudad. El paso continuo de vehículos forma parte del paisaje sonoro del establecimiento, un detalle que sus clientes parecen asumir a cambio de disfrutar al aire libre de una cocina que ha logrado hacerse un hueco entre los aficionados a la gastronomía peruana. El interior sorprende por sus dimensiones. Tras la entrada, un largo pasillo conduce a un amplio salón comedor con capacidad para numerosos comensales. La decoración es funcional y modesta, con guiños a Perú a través de banderas, carteles gastronómicos y algunos elementos decorativos que recuerdan el origen de la cocina que se sirve en el establecimiento. La sensación general es la de un negocio familiar donde prima la comodidad y la cercanía por encima de cualquier pretensión estética. Y es precisamente ahí donde reside parte de su atractivo. Maraco Perú no busca conquistar al cliente con una puesta en escena sofisticada, sino con platos abundantes, sabores auténticos y una relación calidad-precio que ha contribuido a fidelizar a una clientela cada vez más numerosa. El local cumple con una función muy concreta: ofrecer un espacio amplio, cómodo y sin complicaciones donde la verdadera protagonista es la gastronomía peruana.

Maraco Perú practica una cocina peruana popular y tradicional, centrada en los platos más conocidos del recetario criollo, norteño y chifa. Más que una propuesta de autor o una reinterpretación moderna, apuesta por recetas contundentes, raciones generosas y sabores reconocibles para la comunidad peruana. La carta de Maraco Perú reúne algunos de los grandes clásicos de la cocina peruana a precios bastante contenidos. Entre los desayunos destacan el pan con tamal + café (10 €), el pan con chicharrón + café (12 €) y la tradicional patasca (15 €). Como entrantes sobresalen la papa a la huancaína (7 €), la yuca frita con huancaína (7 €), la causa de atún (10 €) y la causa acevichada (15 €). En el apartado de cocina criolla destacan especialidades como el ají de gallina (13 €), los anticuchos (15 €), el lomo saltado (17 €) o el seco a la norteña (17 €), mientras que el popular pollo a la brasa puede degustarse desde 9 € el cuarto hasta 28 € la pieza completa. La sección marinera está encabezada por la leche de tigre (10 €), el ceviche de pescado individual (16 €), la jalea de pescado (28 €), la parihuela (28 €) y la ronda marina (28 €), una combinación que reúne arroz con mariscos, ceviche y chicharrón de pescado. La influencia chifa, una de las señas de identidad de la gastronomía peruana, aparece en platos como el arroz chaufa de pollo (12 €), el arroz chaufa mixto (17 €), el aeropuerto (19 €) o el tallarín chifa (15 €). Entre las propuestas más abundantes y populares de la casa destacan el Mostrito (15 €), que combina arroz chaufa, pollo broaster y patatas fritas, el Cuatro Colores (18 €), la Ronda Criolla (20 €) y el contundente Lomo a lo pobre (25 €). La oferta se completa con bebidas típicamente peruanas como la Inka Cola pequeña (3 €), la chicha morada por vaso (4 €) o el pisco sour (12 €), además de batidos tropicales de maracuyá, guanábana, papaya o guayaba (entre 5 y 6 €) y la clásica tarta de tres leches (4 €).

La visita a Maraco Perú llegó por recomendación de José Antonio Barragán, de La Tizná, que no dudó en señalar su ceviche como el mejor de Sevilla. Después de probarlo, no comparto del todo esa afirmación. Hay otros ceviches en la ciudad con una ejecución más refinada o un producto más destacado. Sin embargo, sí hay algo en lo que este restaurante juega en una liga propia: la cantidad. Por 12 euros, el ceviche que sirve Maraco Perú es, probablemente, el más grande de Sevilla. La ración es tan generosa que tres personas pueden compartirla perfectamente como entrante. Y esa filosofía se extiende al resto de la carta. Aquí las medias tintas no existen: los platos llegan cargados, los combinados parecen pensados para dos personas y es fácil cometer el error de pedir más de la cuenta. De hecho, ese fue precisamente nuestro caso. Llegamos con hambre, nos dejamos llevar por una carta llena de tentaciones y acabamos rodeados de más comida de la que podíamos terminar. Por suerte, el restaurante ofrece la posibilidad de llevarse las sobras a casa, algo que probablemente agradecerán muchos clientes. Maraco Perú no pretende competir en sofisticación con otros establecimientos de cocina peruana de la ciudad. Su propuesta es mucho más sencilla: cocina popular peruana, raciones enormes, precios ajustados y una clientela fiel que sabe exactamente lo que viene a buscar. Y a juzgar por el éxito del local, la fórmula funciona.

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