La Cucaña Cervecería

La Cucaña no es solo el nombre de una nueva cervecería en la calle San Jacinto, sino un homenaje a una de las tradiciones más queridas de Triana. La cucaña, protagonista durante décadas de la Velá de Santa Ana, simboliza el carácter alegre, la convivencia y el espíritu de un barrio donde la hostelería forma parte de su identidad. Ese mismo espíritu es el que han querido trasladar a este proyecto un grupo de empresarios que conocen Triana como pocos: Jesús Armesto, Gonzalo Soto, José Luis Acuña, Mane López, Chano Armesto y Antonio Carvajal. Ubicada en el número 10 de la calle San Jacinto, pared con pared con La Valiente, La Cucaña apuesta por recuperar la esencia de la cervecería trianera de toda la vida. Un establecimiento donde la cerveza se sirve muy fría, las tapas clásicas son las protagonistas y el ambiente invita a disfrutar sin prisas. Lejos de seguir modas pasajeras, sus impulsores han apostado por un concepto auténticamente trianero, pensado para que tanto los vecinos del barrio como quienes lo visitan encuentren un bar con alma, identidad y el sabor de siempre. La Cucaña reivindica ese modelo de cervecería donde la conversación entre amigos, el aperitivo improvisado, la tapa compartida y el camarero que acaba conociendo tu pedido antes de que lo hagas, son su razón de ser.

La escenografía acompaña perfectamente el concepto del establecimiento. Desde la fachada, con las rejas adornadas por macetas de geranios y el característico color albero, ya deja claro que Triana es la gran protagonista. En el interior predominan los materiales nobles, con techos de madera vistos, suelos de barro, paredes de ladrillo encalado y una iluminación cálida que aporta una sensación acogedora desde el primer momento. El local sorprende por su amplitud y por la forma en la que se han distribuido los diferentes espacios, creando rincones que recuerdan a los antiguos patios y corrales del barrio. Los detalles decorativos están elegidos con criterio: antiguos carteles de Cruzcampo, referencias al mundo taurino, barricas, rejas de forja y flores que evocan las fachadas más tradicionales de Triana, todo ello sin recargar el ambiente. La barra, abierta visualmente hacia el comedor, se convierte en uno de los grandes protagonistas del local. Desde ella se percibe ese aire de cervecería clásica donde la cerveza perfectamente tirada y el tapeo forman parte del espectáculo. El resultado es un espacio elegante pero cercano, donde tradición y modernidad conviven con naturalidad, invitando tanto a disfrutar de un aperitivo rápido como a sentarse con calma alrededor de una mesa. Creo que hay un detalle que merece destacarse porque diferencia mucho a La Cucaña: la sensación de patio interior. Aunque es un local cubierto, la combinación de techos altos, madera, ladrillo visto, columnas, macetas y la luz natural consigue que por momentos parezca que estás sentado en un patio de una casa trianera. Esa sensación de amplitud y de frescura le da mucha personalidad y hace que el espacio resulte muy agradable.

La propuesta gastronómica de Laura Iglesias mantiene la misma filosofía que respira el local: una cocina reconocible, basada en el producto y en el tapeo sevillano. Entre los entrantes destacan las gildas (2,50 €), la mojama de atún extra (3,50 €), las tostas de mojama o de anchoas (5,50 €), el tartar de aguacate, mango y burrata (12 €) o una ensaladilla de langostinos al ajillo (4,50 € la tapa). No faltan las chacinas ibéricas, con jamón de bellota (8 € la media), queso curado, queso azul sobre torta de naranja o una tabla de ibéricos por 18 €. En los platos para compartir sobresalen la flor de alcachofa con queso, jamón y yema de huevo (7 €), los perolitos de huevos rotos con gambones (14 €), el salmón al teriyaki (8,50 €), las tortillitas de camarones (3,50 € la unidad), una variada selección de croquetas, el flamenquín XL de carrillada (13 €) o un contundente cachopo casero (16 €). También hay espacio para bocados más desenfadados como el montadito «El Mortadelo» (5 €), los pan bao de presa o de chocos fritos (5 €) y un timbal de boniato con presa confitada (6 €). Las brasas tienen un papel protagonista con cortes ibéricos como la pluma (16 €) o la presa 100 % ibérica (19 €), además de lomo bajo y lomo alto madurados. Para quienes prefieran platos de cuchara y arroz, la carta ofrece un arroz con pulpo y langostinos, otro meloso de solomillo con miel y mostaza o uno de carrillada, todos a 16 €. La oferta se completa con recetas muy nuestras como la carrillada al vino tinto, las albóndigas de choco a la marinera o los riñones al Jerez, y termina con postres caseros como la tarta de dulce de leche, la de queso o la torrija de brioche con crema de orujo y helado de vainilla, todos en torno a los 5,70-5,90 euros. Una carta amplia, variada y con precios muy razonables, pensada para disfrutar del tapeo sin renunciar a una buena comida.

La Cucaña llega a San Jacinto con una propuesta que entiende perfectamente lo que busca el público de Triana: una cerveza helada, una cocina basada en recetas reconocibles, un local agradable y precios ajustados. Sin pretender reinventar la hostelería sevillana, recupera el espíritu de la cervecería de siempre, donde lo importante es disfrutar alrededor de una buena mesa. Su cuidada decoración, una carta amplia que combina tradición y algunos toques actuales, junto a una excelente relación calidad-precio, la convierten en una opción muy recomendable tanto para tapear como para una comida más pausada. En un barrio donde la competencia es enorme y el nivel gastronómico alto, La Cucaña encuentra su sitio apostando por la autenticidad. Un nuevo rincón con alma trianera donde siempre apetece parar a tomar una cerveza bien fría y dejar que el tiempo pase al ritmo de una buena conversación.

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