El lujo es el común denominador de buena parte de los grandes proyectos gastronómicos que se están desarrollando actualmente en Sevilla. En estos días parece que importa tanto el nombre del interiorista o del estudio de arquitectura como el del chef que se afana a diario por conseguir la fidelidad de los clientes. Lo ideal es que vayan de la mano, que hablen el mismo lenguaje, que rimen, para estar entre los mejores restaurantes de la capital. Iluminación, mobiliario, vajilla… Todo suma para que la experiencia gastronómica sea lo más placentera posible. Hoy vamos a conocer uno de los restaurantes más bonitos de la ciudad. Un rincón en la calle Cuna donde parece fácil quedarse a vivir o alargar la sobremesa. Al frente, el Grupo Bernalia. Su nueva propuesta se llama Casa Cuna y ocupa un privilegiado enclave en el número 5 de esta emblemática vía del Casco Antiguo. Nada más cruzar la puerta se percibe una filosofía clara: crear un espacio donde la gastronomía y el ambiente caminen de la mano. La calidez de los materiales, una decoración elegante y una atmósfera cuidada hasta el último detalle sirven de escenario para una cocina mediterránea contemporánea, pensada para compartir, disfrutar sin prisas y convertir cualquier comida en una ocasión especial. Casa Cuna no solo aspira a convertirse en una dirección imprescindible para almuerzos y cenas en el centro de Sevilla. Sus diferentes espacios permiten además acoger reuniones de empresa, comidas de negocios, celebraciones privadas y encuentros especiales, siempre con una atención cercana y un entorno que transmite comodidad y buen gusto. Una nueva apertura con sello propio que confirma la apuesta del Grupo Bernalia por conceptos gastronómicos donde la experiencia va mucho más allá del plato.
Estamos en pleno centro de Sevilla, en una casa palacio del siglo XIX, contigua al Palacio del Marqués de la Motilla. El inmueble se ha transformado en un ambicioso proyecto gastronómico que combina patrimonio, diseño y funcionalidad, con capacidad para cerca de 200 comensales. El resultado es un equilibrio cuidado entre la conservación de la arquitectura original y una propuesta estética contemporánea, cálida y elegante. El edificio se articula alrededor de un espectacular patio central que actúa como auténtico corazón del proyecto. Una gran claraboya de vidrio inunda de luz natural todas las plantas, realzando las columnas históricas, los arcos de medio punto y las galerías abiertas que definen su identidad arquitectónica. La decoración apuesta por materiales nobles y naturales como la madera, las fibras vegetales, el hierro y el cristal, creando una atmósfera serena y sofisticada. Las diferentes salas ofrecen ambientes diferenciados pero coherentes entre sí. Los comedores combinan techos de vigas de madera y cañizo, iluminación indirecta y mobiliario de líneas contemporáneas, mientras que el patio interior aporta frescura, vegetación y una marcada inspiración mediterránea. Detalles como las butacas tapizadas, las mesas de madera maciza y una iluminación cálida cuidadosamente diseñada aportan confort y personalidad a cada espacio. Desde su elegante fachada en una de las calles más emblemáticas del centro histórico hasta sus salones y patios interiores, Casa Cuna propone una experiencia donde arquitectura, interiorismo y gastronomía conviven en perfecta armonía, creando un entorno tan atractivo visualmente como en la mesa.
La carta apuesta por una cocina mediterránea contemporánea donde el protagonismo recae en el producto. La propuesta combina recetas reconocibles con guiños creativos, equilibrando tradición y actualidad en platos que resultan cercanos, pero al mismo tiempo sorprendentes. Una cocina amable y accesible que busca conquistar tanto al público local como a quienes visitan la ciudad en busca de una experiencia gastronómica con personalidad propia. Entre los bocados más desenfadados destacan la ensaladilla de ventresca de atún confitada con encurtidos y piparras (9 €), las ya imprescindibles patatas bravas con espuma de kimchee (14 €) o las croquetas de caña de lomo ibérico y las de pato con salsa hoisin (10 € la media ración). La sección de “Pecados de Casa Cuna” reúne pequeñas tentaciones como la gilda de la casa, el chupachups de foie o el original pani puri de langostino picante. Entre los entrantes fríos sobresalen la ensalada de burrata con torreznos (22 €), el tartar de tomate con bloody mary agazpachado (12,50 €) o el sashimi de atún rojo (24 €). Para compartir llegan propuestas tan sugerentes como los huevos Casa Cuna con patatas y jamón ibérico (21 €), los huevos rotos con portobello y trufa rallada (24 €), las alcachofas salteadas con espuma de tupinambo (19 €) o el bombón de carrillera sobre puré trufado (22 €). Los arroces merecen capítulo aparte, con versiones de marisco o ibérico en paella a 19 € por persona y un caldero meloso de mariscos y carabineros por 26 €. En la parte de pasta destacan el risotto de vieiras y carabineros (22 €), los raviolis de calabaza con pistacho y queso azul (22 €) y el pappardelle oceánico con frutos del mar (22 €). Entre los principales de pescado sobresalen el pulpo braseado sobre patatas machacadas al pimentón (26 €), los gambones al Jerez sobre espuma de ajo (19 €) y la corvina a la plancha con falso risotto de brócoli y queso payoyo (26 €). Los amantes de la carne encontrarán un solvente solomillo vacuno con salsa de tuétano y foie caramelizado (29 €), una presa ibérica a la parrilla (26 €), tranchas de presa caramelizada sobre brioche (24 €) o una hamburguesa de Angus acompañada de patatas y pimientos de Padrón (22 €). Para terminar, una cuidada selección de postres caseros donde brillan la torrija de pan brioche, la tarta cremosa de queso o el chocolate en texturas, todos ellos a 8,50 €, poniendo el broche dulce a una propuesta gastronómica concebida para compartir y disfrutar sin prisas.
Casa Cuna representa la apuesta más ambiciosa del Grupo Bernalia hasta la fecha. Un proyecto concebido hasta el último detalle para convertirse en uno de esos lugares que marcan tendencia y generan conversación desde el primer día. Y lo cierto es que reúne argumentos de sobra para conseguirlo: una ubicación privilegiada, una arquitectura espectacular, una atmósfera cálida y envolvente, una cocina honesta basada en el producto y un equipo que entiende la hospitalidad como parte fundamental de la experiencia. Más allá de la belleza del espacio, incuestionable, pero siempre contenida y elegante, lo que realmente distingue a Casa Cuna es su capacidad para hacer sentir cómodo al comensal. Aquí todo parece pensado para que la estancia se prolongue sin mirar el reloj, entre platos para compartir, conversaciones que se alargan y una atención cercana que invita a regresar. En una ciudad donde cada temporada abre un nuevo restaurante dispuesto a convertirse en el lugar de moda, Casa Cuna cuenta con algo más valioso que la novedad: personalidad. Un proyecto sólido, atractivo y bien ejecutado que combina gastronomía, diseño y hospitalidad con notable acierto. De esos sitios que merecen una visita, aunque solo sea para formarse una opinión propia. Y que, muy probablemente, acabarán formando parte de la lista de imprescindibles del centro de Sevilla.
