Taberna El Llamador

Calle Valle 2, 41003 Sevilla
Teléfono: 611 63 07 05

En la Puerta Osario, a escasos metros de la Basílica de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias Coronada, sede de la Hermandad de Los Gitanos, ha abierto sus puertas hace apenas un año la Taberna Cofrade El Llamador. El nombre no es casual: alude a esa pieza artística de orfebrería situada en la parte frontal del paso de Semana Santa, que golpea el capataz para ordenar a los costaleros que lo eleven al cielo. Un símbolo inequívoco de nuestra Semana Santa que aquí se convierte en identidad y declaración de intenciones. Este pequeño espacio, íntimo y con aroma a barrio, está regentado por un jovencísimo hostelero sevillano, Javi Roldán, que se estrena en el sector con la misma ilusión con la que se espera una primera “levantá”. Hermano de Los Gitanos y de San Benito, y con la intención este año de hacerse también hermano de la Macarena, Javi ha querido volcar en su negocio su forma de vivir la Semana Santa: cercana, sentimental y profundamente arraigada. El Llamador se suma así al mapa de tabernas cofrades de la ciudad, pero lo hace con el atractivo de lo nuevo, de lo que aún está escribiendo sus primeras páginas. En Cuaresma, cuando el azahar empieza a anunciar lo que está por venir, este local se presenta como punto de encuentro para quienes cuentan los días mirando el calendario de cultos.

Entrar en El Llamador es hacerlo en un pequeño santuario laico dedicado a la iconografía cofrade. Las paredes están profusamente decoradas con cuadros, carteles y fotografías de distintas hermandades, creando una atmósfera envolvente que no deja un centímetro sin memoria. Vírgenes con mirada baja, Cristos coronados de espinas, instantáneas de pasos bajo palio y escenas de calle, conforman un mosaico sentimental que acompaña al visitante. Hay carteles de Semana Santa de distintos años, composiciones fotográficas, pequeñas tallas y detalles que remiten a la imaginería sevillana. En estanterías de madera conviven la caja del propio Javi, miniaturas de pasos, libros cofrades y recuerdos que parecen traídos de una casa de hermandad. Incluso la barra, sencilla y funcional, se integra en ese conjunto donde cada elemento parece tener historia. Las mesas y sillas, de aire tradicional, refuerzan esa sensación de taberna de barrio donde se habla de itinerarios, de estrenos y de quién entra nuevo de capataz. No es un decorado impostado, sino la prolongación natural de la devoción de su propietario. Aquí no se viene solo a tomar algo; se viene a compartir conversación cofrade en un entorno que respira incienso todo el año.

La propuesta gastronómica de El Llamador es sencilla y directa, muy en la línea de las tabernas clásicas. La carta de montaditos toma como base productos tradicionales, pero cada uno lleva el nombre de una advocación o referencia cofrade, reforzando la personalidad del local. Entre ellos encontramos la melva con morrón “Salud”, el jamón con queso “Angustias”, el queso “San Roque” o la mechada con queso “Trinidad”. No faltan clásicos como la pringá “Negritos”, las anchoas con queso fresco “Exaltación”, el salmón con queso fresco “Fray Ceferino” o la caña de lomo “Don Bosco”. Una manera simpática de unir gastronomía y devoción. En el apartado de abacería podéis empezar con un paquete de patatas por 2 euros, almendras y chicharrones a 2,50. Las tapas de jamón, queso, caña de lomo o carne mechada se sitúan en 3,50 euros, con opción de plato por 10 euros. Las anchoas y los mejillones en escabeche se ofrecen desde 3 euros la tapa y 6 el plato. Y como guiño de la casa, un variado especial “El Llamador” por 12 euros. Una carta honesta, sin artificios, que invita a la charla y a repetir una cervecita bien fría.

El Llamador representa la savia nueva dentro del universo de las tabernas cofrades sevillanas. Aquí el protagonismo lo tienen las conversaciones sobre los cambios de recorridos por las obras, los recuerdos de una levantá emocionante o los planes para la próxima estación de penitencia. La sencillez de su carta y el marcado sello cofrade de su decoración refuerzan esa coherencia entre concepto y ejecución. En un año en el que seguimos recorriendo las tabernas cofrades de la ciudad durante la Cuaresma, El Llamador se presenta como una apuesta joven, ilusionante y muy pegada al barrio. Y quizá por eso, al cruzar su puerta en estas fechas señaladas, uno no puede evitar acordarse de aquellos gestos heredados de casa. De mi abuela, que se santiguaba cuando llegaba la Semana Santa, dando gracias por poder vivirla un año más. Ese mismo sentimiento, mezcla de fe, tradición y gratitud, parece latir entre estas paredes. Un lugar donde el sonido del llamador se usa para agradecer el «bote»… y donde, en el fondo, es Semana Santa todo el año.

Compártelo en tus redes sociales