Calle Farmaceutico Murillo Herrera, 10, 41010 Sevilla
Teléfono: 604 82 41 58
El Norte Chico es la zona del departamento de Lima, ubicada en el norte de la ciudad de Lima. Está comprendido por las provincias de Huaura, Oyón, Cajatambo, Barranca y Huaral. No es un término oficial ni una división político-administrativa del departamento de Lima o de la República del Perú. Norte Chico es el nombre que Willy Trujillo eligió hace nueve años para uno de los restaurantes más genuinamente peruanos que tenemos en la capital. Este huaralino lleva más de 20 años afincado en Sevilla y desde que abrió su propio negocio junto a su esposa, su propósito siempre ha sido servir los sabores más fidedignos de la gastronomía peruana. La historia culinaria peruana se remonta a la cultura inca con su variedad de papas, maíz y especias. Más tarde, los españoles introdujeron productos como uvas, aceitunas, pollo, carnes y lácteos y, finalmente, en el siglo XIX, con la inmigración llegaron las influencias asiáticas y también las italianas: la cocina peruana tiene todos esos matices y es aclamada a nivel mundial por el delicado equilibrio de la fusión entre ellos. Hasta hace pocos años, los sevillanos miraban a los restaurantes peruanos con cierta reticencia, ahora son de lo más «cool». Y con razón: esta gastronomía, que fue declarada patrimonio inmaterial de la humanidad, aúna producto de calidad con una maravillosa fusión que no deja indiferente a nadie.
Hoy visitamos el restaurante Norte Chico, situado en el corazón de Triana, junto a Pagés del Corro. Norte Chico es uno de los decanos de la ciudad que se centra en la cocina peruana, con una carta extensa y rica en variedades y sabores, donde podéis probar clásicos de esa extraordinaria gastronomía. El local dispone de un amplio y acogedor espacio interior presidido por una gran barra de servicio y un buen número de mesas bajas destinadas al disfrute de la comida con tranquilidad. La decoración es sencilla pero muy cuidada, con un revestimiento de paredes hasta media altura que imita la piedra natural, aportando carácter y calidez al ambiente. Destacan los jardines verticales de interior con vegetación artificial, que añaden frescura visual, así como el mobiliario de sillas de ratán negro, que refuerza el estilo informal y moderno del conjunto. En torno a sus mesas se dan cita la buena cocina, las conversaciones animadas y un ambiente distendido que invita a compartir. Han acertado plenamente con una propuesta gastronómica pensada para disfrutar en compañía: recetas tradicionales, fieles a la auténtica cocina de su país y cuidadosamente adaptadas al paladar sevillano. Como cuenta Willy, el verdadero motor y alma del proyecto siempre fue su esposa, Ofelia Ortiz, quien soñó con abrir su propio restaurante. Ella es la responsable de diseñar y elaborar, junto a su equipo, la carta del establecimiento.
Carta larga, con platos abundantes, coloridos e inapelables, con entrantes como pollo furay crujiente con salsa (7 €), takoyakis rellenos y bañados en salsa de maracuyá (7 €), niguiris (4 € la unidad), gyozas japonesas de pollo o ternera (5 €), sashimi de salmón, atún o pulpo (7,50 €), causas peruanas (9 €), tartar acevichado o de atún picante (12 €), boliyucas o yakitori de pollo (10 €). Ceviche clásico de pescado (16 €), el ceviche wasabi de pez mantequilla (16 €), el nikkei de atún (16 €), tiradito flambeado (13 €), tiradito de pulpo (13 €) o el tiradito power (16 €). Yakisoba: opciones salteadas con verduras y fideos como el de pollo (9 €), gambas (10 €), solomillo de ternera (10 €) o versión yaki udon con verduras y gambas (10 €). Peru Rolls: rolls creativos como el pollo anticuchero (13 €), el acevichado roll (12 €), el ostion roll (13 €) o el pachamanquero de pollo apanado (13 €), entre otros. Premium Rolls: propuestas más elaboradas como el Amazonas, Lima, Callao, salmón aguacate, avocado ebi, dragon rools, con precios entre 13 y 15,50 €, combinando salmón, atún, langostinos, queso crema, aguacate, salsas orientales y toques flameados. En el capítulo de las bebidas se pueden encontrar la Inca Kola, la chicha morada y la cerveza Cusqueña, tanto de trigo, quinoa, rubia o negra, batidos y cremoladas de fruta, el inevitable pisco sour o los menos conocidos maracuya sour o mango sour, además del chilcano (pisco con ginger ale).
Son pocos los rincones del mundo que atesoran una riqueza culinaria tan profunda y diversa como Perú, y en Norte Chico esa esencia se traduce en una experiencia intensa y evocadora. El restaurante propone un auténtico viaje sensorial a tierras andinas a través de una cuidada mixtura de sabores, aromas y colores que invitan a descubrir y disfrutar sin prisas. Es fácil imaginar que estos emigrantes peruanos sientan nostalgia por su Norte Chico natal, sus paisajes, su gente y su cocina tradicional, aunque ese sentimiento se convierte aquí en una fortaleza que da sentido al proyecto: un espacio capaz de trasladar al comensal hasta esas latitudes a través del paladar. Norte Chico no solo acerca una cultura gastronómica reconocida y celebrada en todo el mundo, sino que la presenta con naturalidad, equilibrio y autenticidad. Nuestra comida tuvo un coste de 72 euros para dos personas, una cifra algo elevada si la comparamos con restaurantes de similares características. Es evidente que el encarecimiento del producto se deja notar y que la cocina peruana, tradicionalmente más asequible hace apenas unos años, ha ido ajustando sus precios a la realidad actual del mercado. Aun así, la experiencia resulta satisfactoria por la calidad de la materia prima y el cuidado en la ejecución. La cocina peruana es, sin duda, una experiencia imprescindible, y este restaurante sevillano, ahora en Triana, es una magnífica puerta de entrada para conocerla. Nuestra enhorabuena a todo su equipo por la hospitalidad y por seguir compartiendo con Sevilla una propuesta honesta y profundamente ligada a sus raíces.














