Malandrín Sevilla

El río Guadalquivir es el único río navegable de España. Un río que ha jugado un papel protagonista en muchos momentos de la historia de la ciudad y que hoy permite realizar todo tipo de actividades. Desde Sanlucar nos llegan todos los años un buen número de turistas a bordo de cruceros que atracan en el Muelle de las Delicias, en la misma puerta del casco histórico de la ciudad. Como siempre, en cada viaje, se aprenden cosas nuevas y se disfruta de sitios diferentes. Uno de los lugares que me hicieron hecho reflexionar sobre como hacemos las cosas en Sevilla, fueron los margenes el Rio Sena, en Paris. Y es que cada año, el Sena se convierte en la estrella de la capital al llegar el buen tiempo. Solo tenéis que escoger, según lo que se os antoje: se puede tomar el sol a mediodía, o una copa bajo farolillos a medianoche. Pero durante el tiempo que estuvimos disfrutando de los orillas del rio, una cosa quedó clara, los parisinos disfrutan mucho más de su rio que nosotros. Y es cierto que tenemos una gran comunidad de sevillanos que hacen deporte o realizan actividades junto al Guadalquivir, pero hay otra gran parte que vive de espaldas a un espacio que en nuestra ciudad esta infravalorado. Comenzando por los distintos gobiernos de la ciudad que nunca han sabido sacar todo el potencial que tienen las orillas de nuestro rio. Siempre he echado en falta más posibilidades de ocio y diversión junto al rio.

De esto saben mucho los sevillanos que viven cerca del Guadalquivir. Corianos, cigarreros, gelveños… llevan años disfrutando de sus orillas, de la navegación, de las terrazas y de esos atardeceres que convierten cualquier tarde de verano en un plan especial. Uno de esos lugares es el Puerto de Gelves, un enclave singular a pocos minutos de Sevilla y el único puerto deportivo de invernada en agua dulce de Andalucía. Su ubicación, sus instalaciones y su ambiente lo han convertido en escenario habitual de ferias náuticas, encuentros gastronómicos, muestras de artesanía y distintas actividades culturales y deportivas. Y precisamente aquí acaba de ponerse en marcha Malandrín, un nuevo proyecto hostelero nacido de un grupo de amigos que se estrena en el sector con ganas de aportar algo diferente. Un espacio junto al Guadalquivir pensado para comer, tapear, tomar algo sin prisas y disfrutar de unas vistas privilegiadas al puerto.
El local respira buena parte del carácter de este entorno: abierto, informal y muy conectado con la vida del río. La terraza es uno de sus principales atractivos, con mesas al aire libre, iluminación cálida y una atmósfera especialmente animada cuando cae la noche. La arquitectura blanca, los soportales y la presencia de la madera refuerzan ese aire marinero y mediterráneo que encaja de forma natural con el puerto. La barra abierta conecta directamente con la terraza y ayuda a crear un ambiente cómodo y social, de esos que invitan tanto a una comida informal como a alargar la sobremesa o quedarse a tomar algo al atardecer. Su ubicación termina de darle sentido al conjunto. Los barcos, los paseos junto al agua y la tranquilidad del puerto consiguen esa sensación de estar de escapada sin haberse alejado apenas de Sevilla.

La carta de Malandrín combina abacería, taberna moderna y cocina informal con producto. Ibéricos, conservas, marisco, montaditos y platos para compartir marcan la propuesta. El atún rojo de almadraba ocupa además un lugar protagonista. La idea es comer bien, sin ceremonias y probando distintos bocados en la mesa. El recorrido puede comenzar con gildas desde 2,50 euros. En la abacería destacan el jamón y el lomito ibérico, a 6,90 euros los 100 gramos. Chorizo y salchichón ibérico se ofrecen por 4,90 euros. También hay quesos como payoyo o trufado por 6,90 euros. La vertiente marinera aparece con ostras, mojama y gambas blancas de Huelva. Las ostras cuestan 4,50 euros y las gambas se sirven por 10 euros. Entre los entrantes sobresale la ensaladilla de gambas desde 4,50 euros. También hay papas aliñás con melva y patatas con gambas y salsa Alikimchi. El queso brie con pistachos y miel cuesta 7,90 euros. El atún rojo Gadira llega de Barbate con varias elaboraciones. La tosta trufada, el croissant con kimchi y el tataki cuestan 8,90 euros. El tartar de atún rojo de descargamento se sirve por 14 euros. La carta incluye además entrepanes de gambas, carne mechá o pringá desde 4,50 euros. Su versión del piripi, con presa ibérica, bacon y queso, cuesta 4,90 euros. Entre los platos más contundentes aparece el solomillo al whisky por 7,90 euros. También hay taco de cerdo asado y lasaña de pata de cerdo al mismo precio. El bombón de carrillá al Palo Cortado con payoyo alcanza los 11 euros. Las tostas oscilan entre los 10,50 y los 12,50 euros. Para terminar, coulant, torrija y tarta de queso cuestan 5,90 euros. En conjunto, la carta apuesta por el tapeo compartido y los sabores reconocibles.

Malandrín se presenta como una nueva forma de disfrutar del Puerto de Gelves y de la vida junto al Guadalquivir. Un proyecto joven, impulsado por un grupo de amigos que se adentra en la hostelería con una propuesta sencilla pero con personalidad: buen producto, cocina reconocible, ambiente desenfadado y una clara invitación a quedarse. Su ubicación juega un papel fundamental. La terraza abierta al puerto, los barcos, la luz del atardecer y el ritmo tranquilo del río convierten la experiencia en algo que va más allá de sentarse a comer. Aquí el tapeo se alarga, la sobremesa gana protagonismo y una cerveza o una copa terminan formando parte natural del plan. Con una carta que mezcla tradición andaluza, producto del mar y un punto canalla, Malandrín encuentra su identidad precisamente en ese equilibrio entre lo informal y lo cuidado. Un rincón cercano, pero con sensación de escapada, que suma una nueva propuesta gastronómica y de ocio al entorno del puerto. Porque a veces los mejores planes están mucho más cerca de lo que pensamos. Malandrín es uno de esos lugares donde el río, la mesa y la conversación hacen el resto.

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