Los del 41007

Hay barrios que son mucho más que una dirección. Son una forma de reconocerse, de saludar por el nombre, de encontrarse siempre con alguna cara conocida y de sentir que, aunque uno salga fuera a buscarse la vida, hay lugares a los que inevitablemente acaba queriendo volver. San Pablo es uno de ellos. Desde principios de septiembre, el ambigú de la Asociación de Vecinos Unidad tiene al frente a Aarón Nimo Céspedes, un joven empresario sevillano, vecino del barrio, que ha decidido apostar por el lugar del que viene. Después de emprender en el centro de Sevilla junto a un socio con El Rincón del Alcázar, ahora afronta un proyecto completamente suyo: Los del 41007. Y quizá ahí esté buena parte de su encanto. No se trata solo de abrir un negocio, sino de hacerlo entre los tuyos. De volver a las calles que conoces, trabajar para la gente con la que has crecido y aportar algo a ese entorno que también forma parte de quien eres. Nos gustan especialmente estos proyectos porque conservan algo que cada vez cuesta más encontrar: cercanía, identidad y la sensación de que detrás de la barra hay una historia vinculada al lugar. Aarón sabe bien lo que significa ganarse cada logro. Veterano de las artes marciales, ha hecho de la disciplina, la constancia y el esfuerzo, una forma de entender la vida. Una mentalidad que ahora lleva consigo en esta nueva etapa profesional que, en el fondo, tiene mucho de vuelta a casa.

En San Pablo importan los bares donde se cruza buena parte de la vida cotidiana, esos lugares que funcionan como punto de encuentro y terminan formando parte del paisaje emocional de quienes viven alrededor. La Asociación de Vecinos Unidad es uno de ellos: un espacio que ayuda a entender cómo se vive la zona y cómo se mantienen los vínculos entre quienes la habitan. La estética de Los del 41007 juega con esa idea de pertenencia de forma muy consciente. El azul y el blanco de los vinilos que imitan azulejos, recorren la barra y las paredes con imágenes de Sevilla, referencias al Polígono de San Pablo y frases escritas con un lenguaje de conversación de barra. Fotografías y murales recuperan estampas del entorno, mientras que los pequeños detalles decorativos refuerzan la sensación de estar en un sitio hecho desde dentro. El salón mantiene el espíritu sencillo de una asociación de vecinos: mesas, sillas negras, mucha luz y una decoración popular en la que conviven fotografías de Nuestro Padre Jesús de la Salud, plantas y recuerdos de la zona. Pero uno de sus mayores atractivos está fuera. La asociación dispone de una amplia plaza rodeada de árboles que convierte el ambigú en algo más que un bar. Es terraza, lugar de reunión y, algunos fines de semana, escenario de barbacoas y actuaciones en directo. Es precisamente ahí donde este tipo de espacios cobran todo su sentido. No hace falta mucho más para entender por qué ciertos negocios acaban integrándose en la vida de un lugar.

La carta mantiene ese espíritu de bar de toda la vida. Entre los entrantes encontramos papas aliñás, ensaladilla o papas alioli, con tapas desde unos 3 €, además de clásicos como los boquerones en vinagre. También hay chacinas al corte, con jamón, queso, caña de lomo o chicharrón de Cádiz. En el apartado marinero aparecen chocos, adobo, calamares o boquerones fritos, con tapas en torno a los 4 € y raciones que rondan los 9 €. Buena parte de la personalidad de la carta está en el bloque de “Lo mejor de la Soleá”, donde se concentran varias de las especialidades del 41007. Ahí aparecen propuestas como el revuelto de bacalao dorado, por 11,90 €, La sartén de La Soleá, por 14 €, el rulo de cabra crujiente rebozado con almendritas y mermelada de melocotón y frambuesa, por 4,90 €, o las papas bravas, también por 4,90 €. A esto se suman croquetas, cachopo, flamenquín andaluz o crujiente de pollo. En carnes la propuesta sigue una línea reconocible y muy de barra: lagartito ibérico, presa, solomillo al whisky, al roquefort o a la carbonara, con tapas desde 4,50 € y raciones en torno a 12-14 €. También hay platos combinados y opciones más contundentes, como la hamburguesa de buey, por 9,90 €, o el sándwich del 41007, por 6 €. Los montaditos se mueven alrededor de los 3,90 €, con rellenos como gamba al ajillo, chorizo picante, mantecaíto, chicharrón de Cádiz con queso viejo o melva con pimiento morrón. Los serranitos cuestan entre 6 y 7 €. Los fines de semana anuncian además carne a la brasa, y los domingos ofrecen plato de paella con consumición por 3,50 €, además de paellas por encargo. Los desayunos merecen capítulo aparte. La carta va desde las tostadas más sencillas, con medias desde 1,20 €, hasta combinaciones más completas. A eso se suman bocadillos calientes por 4,90 € y una selección de cafés, zumos y otras bebidas.

En conjunto, Los del 41007 encaja bien en esa idea de bar de proximidad que no necesita complicarse demasiado para resultar atractivo. La carta es reconocible, generosa y muy pensada para el público de la zona: precios contenidos, raciones para compartir y platos que mezclan recetario popular, barra sevillana y algunas elaboraciones propias de la casa. Pero seguramente lo más interesante no esté solo en lo que sale de cocina. Está también en el lugar que ocupa dentro de la Asociación de Vecinos Unidad, en esa plaza que funciona como terraza y punto de encuentro, en las barbacoas de algunos fines de semana, en la música en directo y en una estética que recuerda constantemente dónde estamos. En San Pablo, donde la pertenencia se siente de verdad, Los del 41007 parecen querer reivindicar algo tan sencillo como valioso: disfrutar de los tuyos sin salir del barrio. Un negocio que mira hacia su gente y que encuentra precisamente ahí buena parte de su razón de ser. Buen barrio, buena gente, buen comer.

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