Lola por Dios

Hay bares que parecen haber nacido para ocupar exactamente el lugar en el que están, y Lola por Dios es uno de ellos. Desde que abrió sus puertas en la Alameda de Hércules en 2021, este pequeño rincón se ha integrado de forma natural en la personalidad del barrio. Detrás del proyecto se encuentra el hostelero José Manuel «Jota» Leirós, creador de otros conocidos establecimientos sevillanos como Casa Macareno, la champañeria Ostras y Puñales o el recién inaugurado Paquito Pucheros, todos ellos unidos por una misma filosofía: locales con identidad propia, producto bien seleccionado y una forma de entender la hostelería en la que prima la cercanía. Y si hay algo que define a este establecimiento es precisamente su nombre. Lola por Dios no parece el nombre de un bar, sino el inicio de una conversación. Es una de nuestras expresiones que sirven para llamar la atención de alguien o lanzar una pequeña reprimenda cargada más de cariño que de enfado. «¡Lola, por Dios!» podría escucharse perfectamente en cualquier reunión familiar. Ese aire cercano y lleno de personalidad resume muy bien la filosofía del establecimiento: una taberna moderna que mantiene intacta la esencia de las barras de siempre y que encaja como un guante en el ambiente bohemio, desenfadado y siempre vivo de la Alameda de Hércules, donde un buen vermut y una tapa forman parte casi del paisaje cotidiano.

Nada más cruzar la puerta se entiende el concepto. Lola por Dios respira el ambiente de una taberna de toda la vida, reinterpretada con un estilo contemporáneo que encaja perfectamente con la personalidad de la Alameda. El espacio es reducido, con una gran barra que se convierte en el auténtico corazón del local, rodeada de paredes de ladrillo visto, zócalos de azulejos tradicionales, madera envejecida, estanterías repletas de botellas, lámparas industriales y una iluminación cálida que invita a quedarse. Todo transmite esa sensación de improvisación cuidada que tienen los bares con alma, donde nada parece puesto por casualidad. El servicio acompaña esa filosofía. Un equipo joven, cercano y con un trato desenfadado hace que uno se sienta cómodo desde el primer momento. Hay ritmo, simpatía y ese punto de complicidad que convierte la barra en un lugar donde siempre apetece pedir «una más». En el interior apenas caben unas pocas mesas, lo que contribuye a crear un ambiente animado y muy acogedor, mientras que la auténtica protagonista es su amplia terraza bajo los árboles de la Alameda de Hércules. Allí, con una cerveza muy fría o una copa de vino acompañando alguna de sus tapas, resulta fácil entender por qué este rincón se ha integrado tan bien en uno de los barrios con más personalidad de Sevilla. Aquí se viene a disfrutar del ambiente, a ver pasar la vida y a formar parte, aunque sea durante un rato, de ese espíritu bohemio, relajado y siempre vibrante que define a la Alameda.

La carta de Lola por Dios demuestra que no hace falta ofrecer cincuenta referencias para conquistar al comensal. La propuesta es breve, muy dinámica y con continuas sugerencias fuera de carta que cambian según el producto de temporada y la inspiración de la cocina. Conviven los ultramarinos, las chacinas y las conservas de calidad con una colección de tapas que parten de la tradición para darles un toque propio. Entre los imprescindibles destacan la Ensaladilla Años 90 (4,50 €), la tortilla poco cuajada servida en pintxo (3,50 €), las croquetas del día (4,50 €) o las puntas de solomillo ibérico (3,50 €). Sorprenden propuestas tan originales como la hamburguesa de choco con alioli (5,50 €), el purito de pringá (5,50 €), la codorniz frita, clásica o picante (4,50 €), el solomillo de atún (4,50 €) o la contundente oreja crujiente a la madrileña (8,50 €). Pero si hay un bocado que merece una mención especial es su premiado chicharrón casero (10 €), elaborado con panceta y convertido ya en una de las señas de identidad de la casa. Jugoso, meloso por dentro y con el equilibrio justo de grasa y adobo, es uno de esos platos por los que muchos vuelven una y otra vez. Junto a él, la despensa ofrece excelentes chacinas como el jamón ibérico, la cecina de León o el lomo de orza casero, además de gildas, banderillas y conservas que maridan a la perfección con una cuidada selección de vermús, vinos, jereces y cerveza muy bien tirada. Una cocina sencilla, honesta y cambiante que convierte cada visita en una buena excusa para descubrir algo nuevo.

Lola por Dios ha conseguido algo que no resulta sencillo: convertirse en una taberna moderna sin perder el alma de las tabernas sevillanas de siempre. Es un sitio perfecto para comenzar un tapeo por la Alameda, compartir varias tapas entre amigos o simplemente disfrutar de un vermut al sol mientras pasa la vida delante de la terraza. La buena relación calidad-precio, una cocina con personalidad, un servicio cercano y un ambiente que resume como pocos el carácter bohemio de este barrio, hacen que siempre apetezca volver. Un establecimiento con identidad propia que demuestra que, cuando el producto, el entorno y la idea funcionan, no hace falta mucho más para crear uno de esos bares que terminan formando parte de la personalidad de la ciudad.

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