La Colorada

En los últimos años estamos viendo cómo muchos restaurantes concebidos para una experiencia de «mesa y mantel» están dando paso a bares de tapeo con una identidad más popular y cercana. Una estrategia que cada vez utilizan más grupos hosteleros: transformar un restaurante en un bar de tapas sin cambiar de ubicación. No es una decisión estética ni una simple renovación de la carta; responde a una nueva forma de entender el negocio y, sobre todo, a una evolución en los hábitos de consumo de los clientes. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en Tomares. La Colorada es el nuevo bar de Ovejas Negras en Tomares que toma el relevo de DeLaCruz con un concepto completamente renovado. El grupo deja atrás la idea de restaurante para apostar por un formato mucho más desenfadado y centrado en el tapeo. La estrategia no es nueva para ellos. Ya la aplicaron con éxito en el Bar Coliseo y otros establecimientos del grupo: mantener el local, pero reinventar por completo su propuesta gastronómica y su identidad. La transformación de DeLaCruz en La Colorada no parece un hecho aislado, sino el reflejo de una tendencia que cada vez se repite con más frecuencia entre los grandes grupos hosteleros.

Aunque La Colorada supone un cambio radical en la propuesta gastronómica, el grupo Ovejas Negras ha optado por conservar prácticamente intacta la estética que convirtió a DeLaCruz en uno de los locales más atractivos de la zona. El espacio mantiene ese aire mediterráneo y relajado que invita a quedarse desde el primer momento, con una arquitectura abierta en la que predominan los tonos blancos, la madera natural, las fibras vegetales y una iluminación cálida cuidadosamente integrada. Los grandes arcos, los techos revestidos con cañizo y vigas de madera, las hornacinas iluminadas con piezas de cerámica artesanal y las originales lámparas de esparto y mimbre crean un ambiente elegante, pero sin perder la sencillez de una auténtica cervecería. El mobiliario combina mesas altas para el aperitivo con zonas más cómodas para comidas y cenas, mientras que la barra, revestida en cerámica roja, introduce un contraste que enlaza con la nueva identidad del establecimiento. A ello se suma una terraza exterior abierta a la plaza, pensada para disfrutar de una cerveza al aire libre y que termina de reforzar esa sensación de local luminoso, cómodo y concebido para vivir la calle, una de las señas de identidad de la hostelería sevillana.

La carta de La Colorada mantiene una propuesta muy reconocible, basada en la cocina andaluza más tradicional y pensada para compartir alrededor de unas cañas bien frías. Es una donde conviven las tapas de siempre, el pescaíto frito, los montaditos y algunos platos más contundentes. La sección de abacería reúne algunos imprescindibles como la gilda (3,50 €), la ensaladilla clásica (3,50 €), el salmorejo con jamón (4,50 €), las papas aliñás con melva canutera (3,90 €), la mojama de Isla Cristina con almendras (3,90 €) o una cuidada selección de quesos y embutidos ibéricos, ideales para abrir boca. Los amantes del pescado encontrarán una buena representación del recetario andaluz con propuestas como las tortillitas de camarones (3,50 €), los boquerones al «manojo» (6 €), el atún encebollado (13,90 €), el cazón en adobo al oloroso (14 €) o la lubina a la plancha (24 €), además de mariscos como la gamba blanca al «puñao» (6,90 €) o los langostinos de Sanlúcar (7,90 €). En el apartado de especialidades aparecen algunos de los platos más demandados de la casa, como el solomillo al whisky o al cabrales (15,50 €), la carrillera con papas fritas (12,90 €), el arroz cremoso de carrillada (8,50 €), los huevos fritos con patatas y cebolla caramelizada (10 €), el flamenquín de serranito (12,90 €) o un buen entrecot de vaca (22 €). Para quienes prefieran algo más informal, los montaditos, de pringá, melva o gambas al alioli, rondan los 3,50-3,90 €, mientras que los postres caseros, como la tarta de queso con crema de pistacho o el brownie con crema de Lotus. La oferta se completa con una interesante selección de vinos, donde tienen un protagonismo especial los generosos del Marco de Jerez, además de blancos, tintos, rosados y espumosos con referencias para todos los gustos.

La Colorada cambia la propuesta gastronómica con una carta variada y con buena relación calidad-precio, recuperando el concepto de la cervecería de siempre. Quizá no estemos asistiendo al declive del restaurante tradicional, sino al regreso del bar sevillano como el formato que mejor interpreta la forma de comer y de relacionarnos hoy. Con unos costes cada vez más elevados, una clientela que demanda experiencias más ágiles y un consumo más espontáneo, la barra vuelve a ganar terreno al comedor. No es una cuestión de nostalgia, sino de pura lógica económica. En cualquier caso, resulta comprensible que los grupos hosteleros busquen modelos de negocio rentables. Lo preocupante sería que esa búsqueda de rentabilidad terminara uniformando también la oferta gastronómica más representativa de nuestra cocina. En definitiva, la apuesta de Ovejas Negras tiene sentido y responde a una demanda real del mercado. Sin embargo, después de la visita queda la impresión de que se empieza a mirar con demasiada insistencia hacia el mismo modelo de negocio. Recuperar el tapeo tradicional es una magnífica noticia siempre que cada casa conserve su identidad. Porque cuando todos recurren a las mismas recetas y al mismo discurso, el riesgo no es perder el restaurante tradicional, sino que los bares terminen pareciéndose demasiado unos a otros. Para más información: https://www.barlacolorada.es/

Compártelo en tus redes sociales