La Barra de Marea Viva

Hay movimientos que, cuando se repiten una y otra vez, dejan de ser una casualidad para convertirse en una tendencia. Este verano he contabilizado hasta seis aperturas de peso en Tomares, una cifra difícil de igualar en cualquier otro municipio del Aljarafe. La localidad se ha convertido en el gran foco de atracción para los grupos hosteleros sevillanos, que ven en ella un público con poder adquisitivo, una intensa vida social y un mercado todavía con margen para seguir creciendo. Pero hay otra tendencia que está llamando poderosamente la atención. Cada vez son más los restaurantes de prestigio que abren una segunda marca precedida por dos palabras que parecen haberse puesto de moda: La Barra. No se trata simplemente de añadir unas mesas altas o cambiar la decoración. Es una estrategia empresarial muy clara. En los últimos años estamos viendo cómo muchos restaurantes concebidos para una experiencia de mesa y mantel están dando paso a conceptos de tapeo más informales, desenfadados y accesibles. El objetivo es ofrecer la misma filosofía gastronómica, pero en un formato más flexible, con una carta pensada para compartir, precios más contenidos, una mayor rotación de clientes y una inversión operativa menor. En definitiva, una forma de adaptarse a unos hábitos de consumo donde el cliente busca salir más veces, gastar menos en cada visita y disfrutar de una cocina de calidad sin necesidad de reservar una mesa para una comida de dos horas. A esa corriente se suma ahora La Barra de Marea Viva, la versión más informal de un restaurante que ya se había ganado un nombre propio en la gastronomía sevillana.

Al frente de este nuevo proyecto encontramos al Grupo Bacanal, responsable de conceptos como Ratatouille Cheesecake, Marea Viva, La Comilona o Bacanal Burger, entre otros. Con esta nueva apertura, el grupo amplía la familia apostando por una propuesta más cercana y desenfadada, pero fiel a la esencia que define la marca. Un espacio concebido para disfrutar sin protocolos, donde tapas y raciones cobran protagonismo, manteniendo el respeto por el producto, el sabor y esa personalidad propia que ha consolidado a Mareaviva como uno de los referentes gastronómicos de la provincia. La Barra de Marea Viva mantiene buena parte de la estructura del anterior local, pero la adapta a esta nueva etapa. La madera continúa aportando calidez y sirviendo como hilo conductor del espacio, mientras que el azul intenso, tan ligado al universo marino de Marea Viva, gana protagonismo en bancos y tapizados. La decoración sigue mirando al mar, con ilustraciones de mariscos y pequeños guiños marineros, pero desde una estética más sencilla y fresca. La amplia barra, las mesas de madera y los asientos altos, terminan de reforzar ese cambio de rumbo. A todo ello se suman grandes cristaleras que abren el interior hacia la terraza, aportando luminosidad y conectando ambos ambientes. Un espacio que invita a entrar, pedir algo al centro y disfrutar sin demasiadas ceremonias.

Una carta directa, fácil de compartir y con bastante libertad para montar la comida a base de tapas, medias raciones y platos. El recorrido comienza con entrantes reconocibles, aunque casi siempre con algún giro de la casa: ensaladilla de gambas (4,90 € la tapa), salmorejo con taquitos de jamón y huevo, papas aliñás con melva canutera o un chicharrón de Cádiz sobre wonton con albahaca, perlas de limón y mayonesa cítrica. También aparecen apartados de tostas y panes y unas sugerencias donde caben desde las croquetas hasta unas bravas hojaldradas o un nigiri de steak tartar. Pero donde Mareaviva enseña especialmente sus cartas es con el atún rojo de Gadira, al que dedica un apartado propio y que trabaja en elaboraciones muy diferentes. Hay carrillera de atún rojo glaseada con salsa asiática (16,50 €), tosta de tartar con mayonesa trufada y albahaca (6,80 € la unidad), dados picantes de almadraba con tartar de mango y wonton (5,50 € la unidad) o un variado de crudos con tartar, tataki, dados picantes y sashimi por 24 €. Incluso se permiten jugar con formatos menos habituales, como el falso nigiri de ortiguilla con atún (12,50 €) o el buñuelo de atún encebollado con mayonesa japonesa (11,50 €). A partir de ahí, la propuesta se abre a arroces, pescados, mariscos y carnes. Entre los primeros tenéis desde un arroz negro con alioli o un arroz del señorito, ambos a 17,50 €, hasta un meloso de carabinero (24 €) o uno de atún con toques asiáticos y alioli de camarones (18 €). En el apartado marinero no faltan las gambas blancas de Huelva, ostras, boquerones al limón, chocos, calamares, pulpo braseado o chipirón a la plancha; mientras que quienes prefieran carne pueden optar por presa ibérica con crema de setas y trufa, pluma ibérica o entrecot de vaca rubia gallega. Y para cerrar, cuatro postres, todos a 7,50 €: torrija de brioche, tarta de queso payoyo, una cremosa de chocolate y La Perla de Marea viva, su particular versión del lemon pie.

La llegada de La Barra de Marea Viva a Tomares confirma, además, dos movimientos que empiezan a dibujarse con claridad en la hostelería sevillana. Por un lado, el creciente interés de los grandes grupos por este pueblo del Aljarafe, convertido en uno de los principales focos gastronómicos de la comarca. Por otro, esa búsqueda de formatos más ágiles e informales, donde compartir, tapear y sentarse a la barra vuelve a ganar terreno frente al restaurante más convencional. Marea Viva se suma ahora a esa corriente sin renunciar a su identidad, pero adaptándola a una manera diferente de salir a comer. El mismo mar, podríamos decir, pero con otra marea. Ya tenéis, por tanto, una nueva excusa para pasaros por Tomares y disfrutar de buen tapeo. Porque, al final, de eso va una buena barra: de comer bien, pedir otra ronda y no tener demasiada prisa por marcharse. Suerte en esta nueva aventura

Compártelo en tus redes sociales