La Antigua Bodeguita del Salvador

Plaza del Salvador, 6, Casco Antiguo, 41004 Sevilla
Teléfono: 623 42 07 85

Hoy revisitamos uno de esos lugares donde Sevilla se encuentra consigo misma. Con la llegada de la primavera, vuelve ese ritual de la cerveza al aire libre, y pocas zonas concentran tanto ambiente como la Plaza del Salvador. Presidida por su imponente iglesia, este espacio funciona como uno de los grandes escenarios del «cervecismo» sevillano, donde locales y visitantes se mezclan en un entorno informal, abierto y siempre articulado en torno a una bebida helada. Si estás de paso por la ciudad, es una de esas paradas que ayudan a entender cómo se vive aquí el tiempo libre. En ese contexto encaja La Antigua Bodeguita del Salvador, cuya historia está íntimamente ligada al pulso de esta plaza. Más que un punto concreto, forma parte del propio ecosistema del lugar. Lo que hoy es un referente del cerveceo sevillano no nació como tal, sino que es el resultado de una evolución constante sobre un espacio que ya funcionaba previamente como taberna, adaptándose con el tiempo sin perder su papel dentro de la vida cotidiana del centro. La etapa actual arranca en 1986, cuando la familia Ortega se hace con el local, entonces una bodeguita sencilla, limitada al espacio de la barra. Con el paso de los años, y especialmente en los 90, el negocio crece al incorporar el local contiguo y apostar por la cocina de tapas. Santos y Julio Ortega, formados desde jóvenes junto a su padre, han sido claves en esa evolución, consolidando un modelo basado en una fórmula clara: buena ubicación, terraza siempre activa, cerveza fría y una cocina reconocible, con platos que han fidelizado a varias generaciones. Tras casi cuatro décadas, la Bodeguita inicia una nueva etapa con la entrada del Grupo Batuta, liderado por Rafael Cebolla, con la intención de mantener su esencia. En este proceso, Santos Ortega continúa vinculado al proyecto, acompañando al nuevo equipo para asegurar la continuidad del carácter que ha definido al local hasta hoy.

Fuimos a conocer los nuevos salones, recién inaugurados, y queda claro que responden a una idea muy concreta: crecer sin perder lo que ya funcionaba. La estética rescata lo clásico sevillano y lo actualiza con más equilibrio y detalle. El conjunto se articula en varias plantas, cada una con su propio ambiente, pero todas comparten una misma base: espacios cálidos, reconocibles y con mucha presencia de materiales tradicionales. La madera es protagonista, en techos con vigas vistas, suelos y carpinterías, y se combina con elementos que recuerdan a la casa sevillana clásica, como balcones abiertos a la plaza, ventanas altas y luz natural filtrada. En los comedores principales, el ambiente es sereno. Predominan tonos cálidos, ocres, terracotas, beiges, que suavizan el espacio, junto a mobiliario de líneas sencillas: sillas tapizadas, mesas bien vestidas y una disposición pensada para comer con calma. No hay exceso decorativo; más bien una intención de hacer el espacio cómodo y legible. En otras salas, el carácter cambia ligeramente: aparecen contrastes más marcados en paredes, textiles o piezas decorativas, pero siempre dentro de un lenguaje coherente. Detalles como cuadros, cerámicas o iluminación puntual aportan personalidad sin recargar. Uno de los puntos más interesantes es la relación con el exterior. Muchos de estos salones se abren hacia la Plaza del Salvador, integrando el entorno en la experiencia. Y en las plantas superiores, las terrazas privadas añaden un componente más especial: espacios más recogidos, pensados para grupos o momentos concretos, con vistas directas a la iglesia. La decoración ordena y actualiza la Bodeguita, combinando el ambiente de barra con espacios más tranquilos y definidos.

La carta se mueve dentro de una cocina tradicional andaluza de corte clásico, pensada para el tapeo y el compartir, con una base muy reconocible: encurtidos y salazones como gildas (2,70€–3,20€), aceitunas (2,50€), mojama o huevas (4,50€), chacinas y quesos ibéricos con raciones entre 10,90€ y 22€, entrantes fríos como ensaladilla de gambas, salmorejo, papas aliñás o tortilla (tapas desde 4,50€), ensaladas y tostas con anchoa o ventresca (11€–15,90€), mariscos y pescados donde destacan el bacalao con tomate (12€), gambas al ajillo (15,90€) o coquinas (18,50€), guisos caseros muy de recetario sevillano como carrillada (14,80€), espinacas con garbanzos o cocido con pringá, fritos imprescindibles como pavías, croquetas, chocos o boquerones (tapas desde 3,90€), platos de huevos y revueltos (12,80€–15,50€), carnes clásicas como presa, solomillo o rabo de toro (hasta 25€), una amplia selección de montaditos (4,50€–4,70€) muy pensados para acompañar la cerveza, y postres caseros tradicionales como torrija, coulant o tocino de cielo (5,90€), configurando una propuesta amplia, reconocible y muy enfocada al producto y al ambiente de barra y terraza. En conjunto, es una carta pensada para distintos momentos del día, desde el aperitivo rápido hasta una comida más completa, manteniendo siempre ese enfoque de cocina directa y sin artificios. Una oferta coherente con el tipo de local: dinámica, accesible y muy ligada al acto de compartir.

Tras recorrer sus nuevos espacios, detenerse en los detalles y entender el planteamiento de esta nueva etapa, la sensación es clara: la esencia permanece intacta. El concepto sigue siendo el mismo, reconocible y fiel a lo que siempre ha sido, pero ahora se presenta envuelto en una puesta en escena que resulta, sencillamente, espectacular. Hay cambios, sí, pero todos juegan a favor. El conjunto gana en orden, amplitud y armonía, ofreciendo una manera distinta, más cómoda y atractiva, de vivir el local. Sin embargo, nada de eso altera su alma. Sigue siendo ese lugar al que se va casi sin pensarlo, parte natural del día a día sevillano. Más que una transformación, lo que se percibe es una evolución bien medida: una importante mejora visual que eleva la experiencia sin traicionar su identidad. Y ahí está el verdadero acierto, en crecer y sorprender sin dejar de ser ese sitio reconocible para varias generaciones. Un escenario extraordinario tanto para una cena romántica como para una celebración con amigos. Merece la pena descubrirlo en persona.

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