La abuela Chencha

Calle el Máquina, 16, 41907 Valencina de la Concepción
Teléfono: 747 40 34 81

Nunca os había contado de dónde viene lo de “Chencho”. Y es que en la zona de La Rioja, sobre todo en Logroño, a los Francisco José se les suele llamar así, pero es más una costumbre concreta que una regla regional. Yo tengo familia allí y uno de mis primos se llama igual que yo, así que de ahí surgió el apodo. No es un nombre que se escuche todos los días. De hecho, solo conozco a dos “Chenchos”, así que tiene su gracia acabar comiendo en casa de una tocaya. Más allá de la comida, me encantan estas pequeñas conexiones. Por eso me llamó la atención la primera vez que vi el nombre de este local. Un proyecto que vio la luz a finales de noviembre del pasado año de la mano de Mar Poblador, una ayamontina nieta de la mujer que da nombre al restaurante. Prudencia Adame Belvis, conocida por todos como Chencha, nació en Talavera de la Reina y vivió en Serradilla (Cáceres); fue ella quien le transmitió a Mar el amor por la cocina. La trayectoria de Mar no es precisamente corta: pasó más de tres décadas dedicada a la apertura de restaurantes dentro del mundo de la franquicia, participando en más de 200 proyectos. Sin embargo, como ella misma cuenta con naturalidad, al llegar a los 55 años su currículum dejó de tener el peso de antes. Lejos de parar, decidió reinventarse y puso en marcha un servicio de catering para eventos. Tiempo después, apareció la oportunidad de hacerse con este local, un sitio al que llevaba años siguiéndole la pista. Y ahí es donde todo encaja: experiencia, herencia familiar y ganas de empezar de nuevo en un proyecto mucho más personal.

La estética del local refleja muy bien esa transición entre lo que fue el antiguo Mesón El Casca y su nueva etapa, manteniendo parte del alma original pero con una actualización más ligera y funcional. En el exterior se conserva esa estética de bar de pueblo andaluz: fachada encalada, detalles en tonos albero y arcos marcados. Una imagen muy reconocible, casi costumbrista. En el interior, uno de los elementos más significativos es el horno de la planta baja, heredado de la etapa anterior y todavía protagonista. No es solo un recurso funcional, sino un símbolo: ancla el espacio en una cocina de raíces, muy ligada al producto y al fuego. A su alrededor se organiza una primera sala más recogida, donde también conviven barra y cocina, manteniendo ese aire cercano de casa de comidas. El comedor superior introduce un pequeño cambio de registro. Más amplio y luminoso, con una techumbre de madera muy marcada, aporta cierta sensación de orden y comodidad sin romper con la estética rústica general. Es el punto donde el local se acerca más a un restaurante tradicional, sin perder la sencillez. La terraza, abierta en los meses de buen tiempo, refuerza ese carácter relajado tan propio de la zona. Es un espacio amplio, pensado para el disfrute sin prisas. En conjunto, el local funciona como un equilibrio entre pasado y presente: conserva elementos muy reconocibles de su historia, pero introduce una puesta al día que lo hace más versátil sin perder autenticidad.

Una carta de corte tradicional, muy ligada a la cocina casera andaluza, donde conviven tapas clásicas, fritos y guisos, con una selección de carnes y chacinas de calidad. Una propuesta reconocible, pensada para compartir y disfrutar sin artificios. Para acompañar las cervecitas: miniginidas (2,60€), charadas (2,95€) o chicharrones (3,00€). Queso y chacina: jamón ibérico selección Tartessos (18€), caña de lomo ibérica de bellota (20€), queso semicurado Conde Duque (12€), queso curado Los Castaños (14€), salchichón ibérico Tartessos (11€). Tapas frías: papas aliñás (3€), ensaladilla (3,5€), fría del día (3,5€). Croquetas y fritos: puchero (3 ud, 3,50€), setas (3 ud, 4,00€ ), flamenquín (9,50€), lagrimitas de pollo (3,50€). Guisos: carrillada ibérica (5€), tagarninas esparragás con huevo, albóndigas (4€), guiso de la abuela (4€). Montaditos: jamón ibérico con AOVE (4,0€), chorizo picante (3,5€), pringá de bovito (3,5€). Plato variado de chacina (22€), tomate rosa con ventresca de atún (11€), ensalada de brotes tiernos con queso feta, tomate cherry, pasas, arándanos y nueces (12€). Del mar: ceviche de salmón noruego (16€), tartar de atún con aguacate y mango (16€), salmón con salsa de setas (18€). Carnes a la brasa: presa ibérica (6€/18€), magret de pato (21€), entrecot de vaca madurada (36€), chuletón de vaca madurada (42€). Guarniciones: patatas fritas, patatas arrugadas con mojo, pan y picos (1,50€/p.p). Postres: tarta de fruta de temporada con base de flan parisien (5,0€), brownie de chocolate con fondant y nueces (5,5€), tarta de queso de Tomás (5,5€), arroz con leche de la abuela (3,5€). Fuera de carta: según temporada y mercado.

En conjunto, la experiencia deja muy buenas sensaciones: un sitio con identidad, honesto en la propuesta y coherente con lo que ofrece. Aquí se viene a comer bien, sin complicaciones, con ese punto de cocina tradicional que sigue teniendo todo el sentido y que cada vez se valora más. Es un lugar que transmite cercanía, tanto en el trato como en lo que llega a la mesa, donde se nota el oficio y el cariño por lo que se hace. El precio medio ronda los 20€ por persona, más que ajustado para la calidad y la cantidad que se sirven, lo que lo convierte en una opción muy interesante para repetir sin pensarlo demasiado. Gracias a Mar por la cercanía y la hospitalidad, que terminan de redondear una visita muy recomendable.

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