Avenida Francisco Manuel Martín González “Paloyo”, 8, 41920 San Juan de Aznalfarache
Teléfono: 622 55 97 18
“Cocinar es hacer trozos de amor comestibles.” Esa frase escrita en la pared de este local, resume a la perfección la esencia de Flambea: una cocina con raíces en la gastronomía de nuestra tierra, reinterpretada con un toque diferente, respeto por el producto y técnicas como la baja temperatura que realzan el sabor sin artificios. Detrás de este proyecto están Alejandro y Carlos Sánchez, dos hermanos que se reparten el alma del local: Carlos en la cocina, enamorado de su oficio y madrugador habitual del mercado, donde selecciona personalmente la mejor materia prima, y Alejandro en sala, cuidando cada detalle para que el cliente se sienta como en casa. Flambea cumple ya doce años de vida, un camino marcado por crisis, pandemia y dificultades superadas, consolidándose como un ejemplo de resistencia, pasión y coherencia gastronómica.
Flambea demuestra que el tamaño no limita el estilo. Su decoración está muy bien pensada para sacar partido a cada metro y crear una experiencia acogedora y actual. El estilo combina lo industrial con lo natural: predominan los tonos oscuros en paredes y estructuras, que aportan carácter urbano, contrastados con madera clara en mesas y revestimientos, lo que equilibra el espacio y lo hace más cálido. Este contraste evita que el local se sienta cerrado, algo clave en un sitio pequeño. Uno de los grandes aciertos es el uso de vegetación decorativa. Las plantas, especialmente el marco vegetal del interior, que aunque sean artificiales, rompen la rigidez de los materiales más duros, aportando un aire moderno y muy “instagrameable”. La iluminación también juega un papel fundamental: luces cálidas, bien distribuidas, que crean ambiente sin recargar. No hay excesos, todo está medido para que el espacio resulte cómodo y funcional. En el exterior, la terraza sigue la misma línea estética, con mesas sencillas y sillas claras que mantienen coherencia visual con el interior, reforzando la identidad del local. En conjunto, Flambea consigue una decoración con personalidad, coherente y elegante, demostrando que un local pequeño puede tener mucho estilo cuando el diseño está bien pensado.
La carta de Flambea es ecléctica, honesta y muy pensada para compartir, con una base clara en la cocina tradicional de nuestra tierra, pero reinterpretada con técnicas actuales y un cuidado extremo por el producto. Ensaladas como la Mediterránea, con pollo empanado (15,90 €), o la de queso de cabra con vinagreta de frutos rojos (11,80 €), además de clásicos reinventados como la ensaladilla de remolacha (7,40 €) o el micuit de foie con mermelada de fresa y tostas de pasas (12,80 €). Para compartir destacan las patatas bravas Flambea (6,80 €), boquerones en adobo con alioli de albahaca (6,80 €) y una selección de croquetas: de atún rojo premiadas en la Ruta de la Tapa 2025 (4,60 €), de boletus con trufa blanca (4,40 €) o de morcilla (4,40 €). En carnes y platos calientes sobresalen el abanico de cerdo ibérico con salsa barbacoa (8,50 €), el secreto a baja temperatura sobre calabaza dulce (8,60 €), la tosta de rosbif con parmesano (7,50 €), jiaozi de ternera (4,90 €) y la suprema de lomo de vaca ahumada con roble (16,90 €). Del mar llegan propuestas como la pata de pulpo con puré de patata (15,80 €), calamar frito de Isla Cristina con mayonesa de kimchi (12,90 €), pavía de merluza en tempura de remolacha (9,90 €) o dorada salvaje con verduras en tempura (12,90 €). La carta se completa con platos internacionales como el wok de chipirón y langostinos (14,80 €), el wok de costilla ibérica a baja temperatura (14,80 €), risotto de trufa negra con foie (15,80 €) o pasta rellena de calabaza y ricotta con pesto rojo (12,80 €). Para los más golosos, postres caseros como el dulce de leche “como lo hacía mi abuela” (7,50 €), coulant de queso manchego (7,40 €), mousse de chocolate o brownie de caramelo (7,40 €).
El producto es el eje central: materias primas seleccionadas a diario, con especial atención al pescado, destacando el atún de Gadira, y las carnes bien tratadas, sin enmascarar sabores con excesos. A esto se suma un equilibrio entre mar y montaña, opciones internacionales bien integradas y platos reconocibles que sorprenden sin alejarse del paladar local. En definitiva, Flambea Gastrobar es de esos lugares que no hacen ruido, pero dejan huella. Más de una década después de abrir sus puertas, sigue fiel a una idea clara: cocinar con cariño, con producto y con sentido común, sin perder la identidad ni caer en modas pasajeras. Aquí se viene a compartir, a disfrutar sin prisas y a sentir que detrás de cada plato hay oficio, mercado y muchas horas de trabajo bien hecho. Flambea se ha ganado su sitio a base de constancia y coherencia. Un gastrobar con alma, pensado para volver, para recomendar y para comprobar que cuando la cocina se hace con verdad, el resultado siempre invita a quedarse.
















