Calle Virgen de los Dolores, 2, 41940 Tomares, Sevilla
Teléfono: 954 05 55 56
En los últimos años ha aparecido una generación de jóvenes empresarios y cocineros que están entendiendo la restauración como una experiencia completa: gastronomía, diseño, ambiente, comunicación y personalidad propia. Sevilla sigue defendiendo sus bares históricos y su cocina de siempre, pero al mismo tiempo está viendo cómo una nueva hornada de hosteleros moderniza el concepto sin perder la identidad andaluza. Espacios más cuidados, cartas más dinámicas y una visión mucho más contemporánea están cambiando la forma de salir a comer y cenar en la ciudad y en el Aljarafe. Dentro de ese movimiento encaja perfectamente Clemencia Tomares, un restaurante de tapas, arroces y brasas que ocupa el antiguo local de Casa Esteban, en pleno centro de Tomares. El proyecto apuesta por una estética muy trabajada y una experiencia pensada para disfrutar sin prisas. La combinación entre interiorismo cálido, terrazas mediterráneas, vegetación y una propuesta gastronómica amplia, convierte el espacio en uno de esos locales que representan muy bien hacia dónde camina la hostelería sevillana actual: sitios visualmente potentes y preparados para un público que busca algo más que simplemente comer. Detrás del proyecto se encuentra el Grupo LoComobien, formado por los trianeros Alberto Rodríguez, Fernando Amaya y su socio Adolfo Oliba. Estos empresarios ya habían demostrado su capacidad para crear espacios con personalidad en Triana con proyectos como Mamá Queen o el conocido Malasaña Triana, un local que consiguió conectar rápidamente con un público joven gracias a su mezcla de ocio, diseño y ambiente desenfadado. Esa experiencia previa se nota ahora en Clemencia, donde la imagen del local y la atmósfera tienen tanta importancia como la cocina.
La estética de Clemencia Tomares juega claramente en la liga de los espacios pensados para quedarse. El local mezcla una arquitectura contemporánea muy limpia con una atmósfera cálida y relajada que encaja perfectamente con el concepto de terraza mediterránea actual. Desde la entrada se percibe un diseño cuidado al detalle: tonos tierra, estructuras metálicas negras, madera natural, fibras vegetales y una abundante presencia de plantas que convierten cada rincón en un espacio muy fotogénico pero también cómodo. La terraza es, sin duda, uno de los grandes protagonistas del sitio. Las cubiertas de cañizo filtran la luz creando sombras suaves durante todo el día, mientras que los sofás corridos, las mesas cerámicas y las sillas de fibras naturales aportan una sensación muy mediterránea y relajante. Todo está dispuesto con amplitud, dejando respirar el espacio y permitiendo que el cliente disfrute tanto de una comida tranquila como de una sobremesa larga. La vegetación integrada alrededor de las mesas y los pequeños olivos refuerzan todavía más esa sensación de oasis urbano. En el interior el ambiente cambia ligeramente hacia algo más sofisticado, aunque mantiene la coherencia estética. Techos oscuros, iluminación cálida y detalles industriales crean un entorno elegante que recuerda a ciertos espacios de hostelería moderna de las grandes ciudades españolas, aunque aquí todo tiene un aire más luminoso y andaluz. Clemencia consigue transmitir orden y calma visual pese a ser un espacio amplio. No hay sensación de saturación ni de decoración forzada. Cada elemento parece colocado con intención: las plantas, las lámparas, las zonas lounge o las mesas altas. Incluso los pequeños detalles, como los respaldos personalizados, la vajilla o la integración de la fuente y el agua en la terraza, ayudan a construir una identidad muy reconocible. Clemencia no solo funciona como restaurante; también funciona como experiencia estética y como uno de esos sitios donde apetece volver aunque sea simplemente por disfrutar de una copa con amigos.
Clemencia Tomares apuesta por una cocina contemporánea de raíces andaluzas, donde el producto y la brasa marcan la personalidad de la carta. Una propuesta pensada para compartir, que mezcla tapeo creativo, arroces, carnes al Josper y guiños internacionales, como el kimchi o los ceviches, sin perder la esencia sevillana. La carta comienza con su abacería: anchoa 00 de Santoña (mantequilla de tomate seco y kimchi) 3,5€/ud, tabla de quesos 7,5€/14,5€, lomito de presa ibérica de bellota 8,5€/18€, cecina de Black Angus 18€, plato de jamón ibérico de bellota 23€. Para empezar: ensaladilla de gambas al ajillo 4,9€/10,5€, ensalada tropical 12,9€, ensalada de burrata 14,5€, aguacate tatemado 8,5€, alcachofas al Josper 5€/ud, zamburiñas al Josper 4€/ud, ceviche de corvina 16€, steak tartar 14,5€, brocheta de picaña 6,5€. Amantes del atún: tosta de atún rojo 8€, sandwich con firma 2.0 12€, tartar de atún rojo 13,9€, tiradito de atún rojo 16€. Huevos rotos: espárragos y setas de temporada 12,9€, jamón ibérico 13,5€, atún rojo 14,5€. Fritos: croquetas de gamba y kimchi 5,5€/10,5€, croquetas de huevo frito con chorizo 5,5€/10,5€, chocos & lemon air 12€. Principales: risotto de boniato 12€, bacalao confitado 13,5€, magret de pato 18€, lubina a baja temperatura 19,5€, rejo de pulpo al Josper 20,9€. Nuestros arroces: arroz negro con chocos y ali oli 16€/p.p., arroz campero con alcachofas, setas, pollo y tirabeques 16,5€/p.p., arroz del señorito 17€/p.p., arroz seco de lomo bajo (al Josper) 24€/p.p. Carnes al Josper: presa ibérica de cerdo 8€/18,5€, pierna de cordero lechal 7,5€/100gr, presa de Black Angus 32€, lomo bajo Simmental 8€/100gr, T-Bone Simmental 8,5€/100gr, chuletón Simmental 9€/100gr, tomahawk de buey irlandés 9€/100gr, chuletón de vaca rubia 9€/100gr, chuletón “El Capricho” 22€/100gr. Guarniciones: patatas fritas 3,5€, patatas asadas 3,5€, pimientos del piquillo confitados 3,9€, boniato asado 3,9€. Preguntar por la carta de postres.
Nuestra visita coincidió con su jornada inaugural. Y acudir al estreno de un restaurante siempre implica entender que los comienzos en hostelería rara vez son sencillos. En esta ocasión, el enorme interés generado por la apertura terminó afectando al ritmo general del servicio. El elevado volumen de mesas pareció desbordar por momentos la capacidad operativa de cocina y sala, provocando tiempos de espera excesivos y una cadencia irregular de los platos que nos impidió concluir la comida de la forma deseada. Aun así, sería injusto valorar un concepto con tanto potencial únicamente desde las dificultades lógicas de su primer servicio. Clemencia transmite una idea sólida, una estética muy trabajada y una carta con personalidad propia. Tiene estructura, ambición y argumentos suficientes para convertirse en un punto de referencia dentro del Aljarafe. Ahora necesita exactamente lo mismo que cualquier gran proyecto gastronómico en sus primeras semanas: rodaje, coordinación y tiempo para ajustar los engranajes y ofrecer la experiencia de calidad que claramente pretende construir.




















